viernes, 22 de noviembre de 2019

Leyenda amarilla

En su primera forma, anticatalana o antiaragonesa, la leyenda negra comienza con la influencia política de la Corona de Aragón en determinados territorios de Italia en el siglo XIII. La presencia de príncipes, cortesanos, soldados y mercenarios (e incluso piratas) aragoneses en Italia condujo a una reacción de la sociedad local, sobre todo de las élites que se consideraban herederas de la Antigüedad romana. Los hidalgos españoles empiezan a tener fama de «rudos, ignorantes, sin intereses intelectuales» y ridículamente ceremoniosos. La expansión aragonesa en el sur de Italia también coincide con el auge del comercio en Barcelona y Valencia, competidoras para las ciudades italianas del norte a partir de 1300, sobre todo en los mercados mediterráneos occidentales. La reacción de nuevo será la extensión de una imagen de avaricia y astucia infame de los comerciantes catalanes. Un tercer punto en la percepción de la Corona de Aragón, y por extensión de la península ibérica, de los italianos es la de inmoralidad y de desmesurada sensualidad que creen ver en las cortes papales de Calixto III y su sobrino Alejandro VI, ambos de origen valenciano, la corte aragonesa de Nápoles y sobre todo de las cortesanas valencianas, que eran muy conocidas en Italia. Finalmente, los elementos no cristianos, sobre todo la influencia judía e islámica, eran vistos con desconfianza. Los judíos expulsados en 1492 llegaron en grandes cantidades a las ciudades italianas, con lo que se llegó a confundir «marrano» con «español», hasta el punto de que el papa Julio II llamaba «marrano circonciso» a su predecesor Alejandro VI. La enemistad entre españoles e italianos llegó al punto de que en 1503, tras la muerte de Alejandro VI, hubo una persecución violenta contra los detestados nepotes catalanes, que tuvo como resultado algunos muertos.20​nota 2​

Aunque la leyenda negra anticatalana tuvo su origen en Italia, se extendió al Mediterráneo oriental con las expediciones de los almogávares, que influyeron decisivamente en el temor y rechazo que adquirieron en dicha zona, que hicieron famosa la imprecación o insulto «¡venganza catalana te alcance!El historiador Enrique Moradiellos coloca la transformación de los tópicos de la leyenda negra durante la guerra de la Independencia, cuando los ingleses encontraron de repente un aliado contra Napoleón en el pueblo español. Todos los tópicos negativos de la leyenda se volvieron positivos: «la crueldad hispana se convirtió en valentía indómita, el execrable fanatismo devino pasión indomable, y la soberbia altanera se hizo orgullo patriótico e individualista.»120​ Así, hacia finales del siglo XIX, la leyenda negra había ido perdiendo fuerza y se sustituyeron antiguos tópicos por otros, por una visión romántica del país, que es lo que ha venido a llamarse la «leyenda amarilla». Aumentó el interés por España, pero por una España exótica, no sólo diferente, sino excepcional, identificada básicamente con lo andaluz. Se extendió el tópico romántico del «pasado árabe, la altivez de carácter español, la belleza femenina, la afición a las corridas de toros, [la] religiosidad popular supersticiosa...». Sobre todo ingleses y alemanes querían ver en el país los ideales de honor, fervor patriótico y religioso, los valores puros, primarios —y algo salvajes— que la civilización estaba destruyendo en Europa. Por otra parte, también comenzó el interés legítimo por la historia y cultura española, el hispanismo y los hispanistas


Diversos autores visitaron España para experimentar por sí mismos ese «Oriente en Occidente», de entre los que se puede mencionar a Théophile Gautier, Próspero Mérimée, George Sand, George Borrow, conocido como «Jorgito el Inglés», Alfred de Musset, Alejandro Dumas padre, al que se ha atribuido la frase «África comienza en los Pirineos»,nota 29​ Alejandro Humboldt, Walter Scott y Rafaello Sabatini.122​ Los más destacados e influyentes fueron lord Byron, que luego escribiría Lovely girl of Cadix («Dulce niña de Cádiz»), Victor Hugo, que luego publicaría Orientales, y sobre todo Washington Irving, con sus Cuentos de la Alhambra.123​ Desde la literatura, la corriente se extendió hacia la música. Ya se ha mencionado el Don Carlos, pero Verdi también escribió Il trovatore y Ernani, esta última basada en una obra de Victor Hugo; a las que se pueden añadir Egmont y Fidelio de Beethoven, la primera basada en una obra de Goethe. Pero la más reconocida es sin duda Carmen de Bizet, basada en una obra de Mérimée.124

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