martes, 24 de septiembre de 2019

Mabel Escaño

Pero todo comenzó mucho antes, cuando era una adolescente. Porque esta estudiante de Las Esclavas y luego de las Teresianas, que vivía en la calle San Lorenzo y que disfrutaba yendo al cine con su madre, quiso apuntarse al famoso Teatro ARA, que acababa de abrir. «Mi madre estaba de acuerdo pero mi padre puso el grito en el cielo», recuerda. No pudo entrar pero sí lo hizo, con la complicidad de su madre, «en un grupillo de teatro independiente» de Leo Vilar.


Y a partir de ahí, en 1966, y como su padre había fallecido años antes, pudo poner rumbo a la capital, para formarse en el Teatro Estudio Madrid (TEM).

«Disfruté como una enana, sobre todo porque en el teatro tenía clases por la mañana y por la tarde me busqué un trabajillo: íbamos a vender libros y también botiquines para coches en gasolineras. Pasábamos un frío en invierno que te morías», cuenta.

A los seis meses de estar en la escuela, la malagueña ya consiguió su primer papel en una obra: La dama del alba, de Alejandro Casona, en el Teatro Reina Victoria. Allí compartió tablas con dos históricos: Manuel Dicenta y María Fernanda Ladrón de Guevara

No hay comentarios:

Publicar un comentario