domingo, 30 de junio de 2019

Sofia Casanova

 Casanova tiene una vida más novelesca que sus obras (en algunas de sus obras de ficción se pueden encontrar ecos de su vida real, así que siempre se puede decir que la verdad supera a la ficción) y una interesante carrera como escritora. A Carmen de Burgos, Colombine, se la considera la primera corresponsal de guerra de la historia de España, puesto que estuvo cubriendo desde Melilla la guerra de Marruecos en 1909, pero Sofía Casanova fue la primera que dedicó tanto tiempo a la tarea. Cubrió primero la I Guerra Mundial y luego la Revolución Rusa para el periódico ABC.


Sofía Casanova era la hija primogénita de un matrimonio gallego. Su padre abandonó a la familia cuando ella y sus dos hermanos eran pequeños y su madre tuvo que trabajar duro para asegurarles la subsistencia (se dedicaba, entre otras cosas, a vender huevos ¡a Inglaterra! desde A Coruña). Aunque estaba bien conectada (la familia era más o menos aristocrática) no tenían fortuna. Sofía fue presentada en Madrid y entró en contacto con la corte, como nos cuenta Rosario Martínez en la biografía más completa que se ha escrito sobre la escritora, y allí conoció a un intelectual polaco, que además (eso Sofía no lo sabía) tenía cierta vocación de iluminado (pensaba que teniendo un hijo varón sería el padre del salvador de Polonia, que entonces era un lugar repartido entre tres países: él y Sofía solo tuvieron hijas). El matrimonio fue muy infeliz y la culta Sofía empezó a escribir.

Primero fueron novelas, luego periodismo. Su nombre era muy popular en los años 20 y publicaba – bastante – en las colecciones de novela corta que estaban de moda entonces. Hoy en día está muy olvidada (y la política tiene quizás un poco de culpa), aunque aún se pueden encontrar sus crónicas de la Revolución Rusa.

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