viernes, 26 de enero de 2018

Los novios Bulgaros

2003 España. 100 minutos. Drama. Director: Eloy de la Iglesia. Guión: Mendicutti. Música: Antonio Meliveo. Fotografía: Néstor Calvo. Productora: Altube Filmeak. Reparto: Fernando Guillén, Dritan Biba, Pepón Nieto, Anita Sinkovic, Roman Luknar, Simón Andreu, Enma Penella, Julia Martínez.
Sinopsis: Daniel es un homosexual que disfruta de una desahogada posición social, un cómodo piso en un buen barrio de Madrid, un respetable bufete de abogado y una cordial relación con su conservadora familia. Con sus amigos frecuenta Chueca, el barrio gay de la capital, a la caza de chicos guapos, especialmente eslavos. Así conoce a Kyril, un joven y atractivo búlgaro sin escrúpulos, del que se enamora perdidamente. Muy pronto Kyril empieza a pedirle a Daniel favores que infringen la legalidad. Además, se trae de Bulgaria a su novia y la instala en casa de su amigo. A estas alturas, Daniel es ya perfectamente consciente de que está siendo utilizado; a pesar de lo cual seguirá apoyando las ilegales y peligrosas actividades de su amante. 

Tras bastantes años retirado de la dirección cinematográfica Eloy de la Iglesia regresó con esta nefasta adaptación de la obra de Mendicutti, que si bien como novela tampoco valía demasiado en comparación con la película resulta incluso buena.
Los tiempos en que el Sr. de la Iglesia conseguía ser transgresor, osado y un refente sociológico de su tiempo han pasado a la historia y con esta cinta demuestra no solo lo mal director que es (lo contrario no lo demostró nunca) si no que su sentido de la oportunidad y su olfato para el retrato de realidades extremas ha desaparecido por completo. Y eso a pesar de una más cuidada factura técnica que ni siquiera le da esa pátina contracultural que en otras de sus obras inducía a una velada simpatía. De una torpeza y ridículo apabullante "Los novios búlgaros" es una obra de la cual hay que huir si uno quiere seguir recordando con cierto cariño otras obras realmente flojas de este director (El diputado, Los placeres ocultos, El pico, etc...) pero que al menos conseguían conectar con determinados sectores del público. La rabia, la desaforada crítica social y el retrato más o menos convincente de la marginalidad no aparecen aquí por ningún lado. Por eso lo mejor es no acercarse a esta película si uno quiere tener un recuerdo más o menos aceptable de la obra del controvertido, pero decididamente mediocre, Eloy de la Iglesia.

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