martes, 28 de julio de 2015

el hundimiento del Reina Regente

El  9 de marzo de 1895 zarpó de Cádiz  hacia Tánger  el "Reina Regente", en lo que sería su última misión, devolver la embajada del Sultán a Marruecos . El día se amaneció con fuerte viento, cielo muy nublado y mar picado, pero su comandante, el capitán de navío Francisco Sanz de Andino, deseaba regresar de inmediato para poder acudir al día siguiente a la botadura del  crucero carlos V  Ya en aguas del estrecho, se vio parar al "Regente" y luego dar grandes bandazos en medio del temporal de fuertes vientos del S.O. En los días siguientes se emprendió la búsqueda con la esperanza de encontrarlo resguardado en algún puerto africano, pero la desgracia se confirmó días después, al encontrarse en las playas de tarifa y algeciras algunos restos del naufragio. Sus 420 tripulantes desaparecieron con el buque. Una de las mayores pérdidas de vidas humanas en la armada  con la excepción del hundimiento del baleares  y donde está en primera fila en número de víctimas el castillo de olite  con alrededor de 1476 personas fallecidas en el hundimiento.
 El crucero «Reina Regente» había sido construido en Inglaterra por la firma «James and George Thompson» de Clydebank, bajo la dirección del afamado ingeniero naval británico Sir Nathan Barnaby, quien en esta ocasión no estuvo muy acertado, ya que otros buques de la misma serie inglesa resultaron poco eficaces. Fue lanzado al agua el 24 de febrero de 1887 finalizándose su construcción al año siguiente. Era una unidad de elegante línea, con dos airosas chimeneas. Navegando ofrecía un majestuoso aspecto que causaba admiración.


De línea similar al británico «Australia», desplazaba 4.664 toneladas y debía servir como modelo para la construcción de dos cruceros en los arsenales españoles: el «Lepanto» y el «Alfonso XIII». El coste del «Reina Regente» ascendió a 243.000 libras esterlinas, equivalentes a unos seis mil millones de pesetas. Su artillería consistía en dos piezas González Hontoria de 24 cm. a proa y otras dos a popa; o piezas G. Hontoria de 12 cm., 6 Nordenfelt de 57 mm. y 1 de 42 mm.; 2 ametralladoras y 5 tubos lanzatorpedos. Aunque su velocidad teórica era de 20 nudos, prácticamente nunca rebasó los 14.

La dotación española que iba a tripular esta unidad, se trasladó al puerto de Glasgow para hacerse cargo de ella.

El 3 de junio de 488, encontrándose el crucero en Barcelona, recibió la bandera de combate donada por la Reina Doña María Cristina, presente en la ceremonia. Al año siguiente asistió el buque en el mismo puerto a la Exposición Universal.


En 1892 zarpó para Génova con ocasión de las fiestas conmemorativas del IV Centenario del descubrimiento de América, y ya, de regreso en España, puso rumbo desde Cádiz a la Habana remolcando una reproducción de la nao «Santa María», donación del gobierno español al americano. A su llegada se concentró en la bahía de Hudson una numerosa flota internacional para conmemorar el descubrimiento colombino.

El «Regente», como vulgarmente se le conocía, formó parte de la Escuadra de Instrucción y en sus continuos viajes, los informes de sus comandantes respecto a sus cualidades marineras, eran desfavorables y aunque no se le habían apreciado defectos esenciales para mantener su estabilidad, algunos habían aconsejado sustituir los 4 cañones del 24 por otros de 20,3, con lo que se hubiese conseguido más proporción entre los pesos altos y los situados bajo la cubierta protectora. Sin embargo estas recomendaciones no fueron atendidas. Concretamente uno de sus comandantes, el capitán de navío Paredes, propuso en 1892, la reducción de su artillería.

El 9 de marzo de 1895 a las once y media de la mañana, zarpaba de Cádiz el «Regente», llevando a bordo la embajada del Sultán de Marruecos, presidida por Sidi Brisha, que en Madrid había mantenido conversaciones con representantes españoles, acerca de la revisión del Tratado de Marraquech de 5 de marzo de 1894 que puso fin a la contienda de 1893 con los rifeños. Tan sólo esta misión llevó el crucero a Tánger, pues debía regresar a Cádiz para que la dotación asistiera a la botadura del también crucero «Carlos V» en los astilleros «Vea Murguía Hermanos», hoy desaparecidos, fijada para el día 10. Entre la dotación se contaban muchos gaditanos que tenían especial interés en presenciar la ceremonia.


El casco del buque, al igual que sus máquinas, estaban en buen estado. Recaló en la anochecida y, por estar muy tomada la costa de Tánger, fondeó en la rada. En la mañana del día 10 sube a bordo el práctico, desembarcando solamente la mora. El viento de SW que reinaba, refrescaba por momentos, haciendo recalar la mar de Poniente. El barómetro acusaba notable descenso.El año de 1895 fue doblemente triste para la Marina de Guerra, pues también perdió otro crucero, el «Sánchez Barcáiztegui». Está unidad se hallaba en la Habana y en la noche del 18 de septiembre, doblaba la boca del Morro con las luces apagadas en misión de captura de un buque de filibusteros, cuando fue abordado por el vapor «Conde de la Mortera» que entraba en demanda de puerto. Como consecuencia de la fuerte colisión se hundió en pocos minutos, pereciendo el jefe del Apostadero, don Manuel Delgado Parejo, que se hallaba accidentalmente a bordo; el comandante, capitán de fragata don Francisco Ibáñez Varela, cuyo cuerpo decapitado y sin brazos, fue recogido días después por unos pescadores, un alférez de navío, el habilitado-contador, el médico, tres suboficiales, seis marineros, ocho fogoneros y ocho soldados de Infantería de Marina.

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