sábado, 28 de septiembre de 2013

túnez

 HISTORIA DE TÚNEZ: África es la cuna de la humanidad, y hace unos 200 000 años los pueblos de la Edad de Piedra daban sus primeros pasos sobre suelo tunecino. En aquella época era más húmedo, y el Sáhara estaba muy lejos del norte de África. En lugar de arena, el sur de Túnez estaba cubierto de bosques y sabana (con la fauna correspondiente), como demuestran los restos descubiertos en oasis como el de Kélibia.

Sin embargo, tampoco los antiguos humanos eran inmunes al cambio climático. Al final de la Edad de Hielo, hace unos ocho mil años, el Sáhara empezó a secarse y a extenderse, aislando el norte de África del resto del continente. Llegaron migraciones del este, principalmente procedentes de la ciudad de Gafsa, donde se han excavado muchas viviendas de piedra bellamente tallada y artilugios de hueso. Este pueblo conocía las nuevas técnicas de la agricultura y la domesticación de animales introducidas en el valle del Nilo, por lo que se asentaron formando poblaciones que desarrollaron una alfarería sofisticada. Hacia el 1200 a.C. el panorama se completó con la introducción del caballo en el norte de África. A esta población sucedió la llegada de los bereberes.

Un nombre despunta en la historia de Túnez: Cartago. Esta gran ciudad del comercio, que llegó a dominar el Mediterráneo occidental en el s. VI a.C., es actualmente un suburbio acomodado al norte de la ciudad de Túnez.

Los bereberes habían permanecido aislados desde la revolución que en la Edad del Bronce había barrido Oriente Próximo, y debieron quedarse desconcertados cuando una oleada de fenicios (procedentes del Líbano actual) soltó amarras en la costa tunecina en el s. IX a.C. en busca de puertos que comunicaran su Tiro natal con las minas de plata del sur de España. Su primer asentamiento costero fue Útica, unos 35 km al noroeste de Túnez, fundada hacia el 1100 a.C., a la que siguieron rápidamente Hadrumetum (Susa), Hippo Diarrhytus (Bizerta) y Thrabaka (Tabarka).
De todos los asentamientos, el más destacado fue Cartago. Fundada en parte como réplica al incremento de la presencia griega en la región, su relevancia creció cuando la propia Tiro cayó en manos del Imperio asirio del actual Iraq. Cartago acabó convirtiéndose en la mayor metrópolis del mundo fenicio, con un poderoso ejército naval que protegía sus riquezas y su comercio de artesanía. Hacia finales del s. VI a.C., se había convertido en la primera potencia del Mediterráneo occidental y controlaba la costa norteafricana desde Tripolitania (oeste de Libia) hasta el Atlántico, con colonias en las islas Baleares, Córcega, Malta, Cerdeña y Sicilia.
Controlado el mar, durante los dos siglos siguientes Cartago volvió su mirada hacia el interior, ganando territorio a los bereberes hasta que reunió una extensión comparable al mapa moderno de Túnez. Las más importantes eran las tierras fértiles de la península de Cap Bon y el valle de Medjerda, que proporcionaban a Cartago un fabuloso excedente agrícola exportable. Partiendo de unos inicios tan modestos, los cartagineses habían forjado un imperio regional.

Inevitablemente surgieron los conflictos, pues las potencias mediterráneas rivales intentaban ajustar cuentas y minar su poder. Cartago sostuvo varias guerras con Grecia disputándose Sicilia (solo 150 km al noreste de Cartago), y acabó tomando la isla a mediados del s. III a.C. El gobierno de Atenas entraba en decadencia, solo para ser sustituido por un rival aún más potente: Roma.
Así se sentaron las bases para la primera de las tres Guerras Púnicas que ocuparían a las dos potencias durante los cien años siguientes. Roma desencadenó la primera guerra en el 263 a.C. con una campaña para apoderarse de Sicilia. El ejército romano era el más importante en tierra, pero Cartago mantenía su hegemonía en el mar, por lo que estuvieron en tablas durante 20 años.

Roma finalmente consiguió avanzar cuando su joven armada destruyó la flota cartaginesa frente a Trapani (este de Sicilia) en el 242 a.C. Vencida y al borde de la quiebra, Cartago pidió la paz y se retiró de Sicilia, pero al cabo de cuatro años fue obligada a entregar también Córcega y Cerdeña. Los problemas internos aumentaron cuando los mercenarios del ejército de Cartago que no habían recibido su pago se rebelaron, sembrando mayores conflictos.
La Segunda Guerra Púnica es la que más se recuerda por el famoso paso de Aníbal con sus elefantes a través de los Alpes, pero mientras Aníbal ganaba la célebre batalla de Cannas y casi conseguía derrocar el poder de Roma, la guerra terminó siendo otra humillante derrota para Cartago.

Sin embargo, Cartago no podía bajar la cabeza durante mucho tiempo. Aun habiendo perdido sus posesiones ultramarinas ante Roma, y gran parte de su territorio africano ante el rey númida Masinisa (aliado de Roma), Cartago se recuperó como centro comercial. Y sus ambiciones políticas volverían a crecer.
Estas dos primeras Guerras Púnicas habían causado pérdidas muy elevadas en términos humanos y materiales al Imperio romano, y la recuperación cartaginesa causaba inquietud en Roma. Alentada por el Senado, Roma emprendió la Tercera Guerra Púnica con la intención de terminar definitivamente con Cartago. En el 149 a.C., el ejército romano volvió a desembarcar en Útica y tuvo sitiada a Cartago durante tres años. Cuando la ciudad cayó finalmente en el 146 a.C., los romanos no tuvieron piedad: arrasaron Cartago y la maldijeron sembrando simbólicamente con sal sus tierras de cultivo para esterilizarlas a perpetuidad.

Con Cartago en ruinas y las prioridades de expansión romanas puestas en otros territorios, Roma parecía no saber qué hacer con su nueva adquisición. Cedió sin pesar gran parte del país al reino bereber de los númidas, y sin duda estos respiraron tranquilos tras siglos de opresión cartaginesa. Bajo el gobierno de Masinisa, los númidas habían fundado un reino que abarcaba desde el oeste de Argelia hasta Libia. Entre sus ciudades principales figuraban Sicca Veneria (El Kef), Thugga (Dougga) y Vaga (Béja). Al morir Masinisa en el 148 a.C., Roma intentó debilitar el reino dividiéndolo entre sus tres hijos.
Esta política funcionó hasta que el reino fue reunificado por Yugurta, el nieto de Masinisa, un despiadado maestro en el arte de las guerras intestinas, cuya masacre de varios comerciantes romanos desató una guerra que se prolongó del 112 al 105 a.C. Según algunos investigadores, su cuartel general en las montañas era una inexpugnable cima plana situada en el extremo occidental de Túnez y conocida como meseta de Yugurta. Yugurta fue finalmente traicionado por su suegro, llevado a Roma y ejecutado.
Roma decidió dar otra oportunidad a los númidas y dividió su reino en una mitad occidental centrada en Cirta Regia, en la actual Argelia, y una mitad oriental con sede en Zama, cerca de Siliana. Pero la lucha por el poder entre Julio César y Pompeyo llevó a Roma a la guerra civil. Cuando el norte de África había disfrutado de algunas décadas de relativa autonomía de Roma, el rey númida se puso de parte de Pompeyo, solo para integrarse en el bando perdedor y ser derrotado por César en su propio territorio, en la batalla de Tapso del 46 a.C.

Roma ya dominaba firmemente su destacamento africano y la colonia romana pudo desarrollarse. Julio César restituyó a Cartago la condición de ciudad romana en el 44 a.C. y esta se convirtió en la capital de la extensa colonia de Africa Proconsularis.
Hacia el s. I d.C., los campos de trigo del valle del Medjerda y la meseta del Tell cubrían más del 60% de las necesidades de cereales del Imperio romano. Los ciudadanos pudientes donaron los monumentales edificios públicos, baños, teatros y templos, que fueron emblemáticos en las ciudades romanas de la región. Los bereberes y varias comunidades judías prosperaron, y algunos bereberes consiguieron la ciudadanía romana.
Durante estos años, el África romana proporcionó los animales salvajes empleados en los espectáculos del coliseo, así como esclavos, oro, marfil, aceite de oliva, plumas de avestruz y garum, un exquisito paté de pescado. Las grandes ciudades romanas que basaron en ello su prosperidad, como Bulla Regia, Dougga, El-Jem (Thysdrus), Haidra, Sbeitla (Sufetula) o Thuburbo Majus, figuran actualmente entre las principales atracciones turísticas de Túnez.

A comienzos del s. V el poder romano agonizaba y el rey vándalo Gaiserico, que se hallaba ocupado saqueando el sur de España, vio que las colonias norteafricanas de Roma eran botines fáciles. Así pues, cruzó el estrecho de Gibraltar en el año 429, con unos ochenta mil hombres, mujeres y niños, para protagonizar una de las invasiones más asombrosas de la historia. Al cabo de diez años, los vándalos, fervientes cristianos arios, habían conseguido abrirse camino hasta Cartago, a la que nombraron capital de un efímero imperio. Los vándalos no construyeron grandes monumentos, y dejaron pocos vestigios culturales y arqueológicos de su dominio, que aceleró el declive económico del norte de África. Gaiserico no se detuvo y saqueó Roma en el año 455.
Mientras tanto, el emperador bizantino Justiniano, instalado en Constantinopla (Estambul), había revitalizado la mitad oriental del Imperio romano, ya cristianizado, y tenía planes similares para la parte occidental. En dos batallas que tuvieron lugar cerca de Cartago, su general Flavio Belisario derrotó a los vándalos en el año 533 y se iniciaron 150 años de gobierno bizantino. Como la mayoría de los ocupantes anteriores, los bizantinos vivieron en un estado de inestabilidad y asedio constante, pues la mayor parte del país estaba dominada por los capitostes bereberes. Sin embargo, edificaron con su habitual empeño, y muchos de los yacimientos romanos de Túnez poseen iglesias y fortificaciones bizantinas del s. VI.


A mediados del s. VII, los ejércitos de la nueva religión islámica traspasaron los límites de Arabia. La bandera verde del islam ondeaba en Egipto en el año 640, solo ocho años después de la muerte de Mahoma, y al poco tiempo, Trípoli caía en manos de los musulmanes. Los árabes no tardaron en derrotar a los ejércitos bizantinos en Túnez, pero se retiraron con sus botín y permitieron que los bizantinos conservaran sus posesiones.
El dominio islámico tardó casi treinta años en afianzarse. En lo tres años que siguieron al 669, Okba ibn Nafaa al-Fihri arrasó el norte de África, deteniéndose por el camino para fundar Kairuán, sede de una de las mayores mezquitas de África, considerada por muchos musulmanes la cuarta ciudad sagrada del islam (después de la Meca, Medina y Jerusalén).
Los bereberes, mezcla de cristianos, judíos y paganos, rápidamente adoptaron la nueva y potente religión, aunque no fueron tan dóciles con los nuevos señores feudales árabes, que en el 683 se vieron obligados a abandonar el norte de África al ser derrotados por un ejército de bereberes y bizantinos. El jefe de los vencedores era el cabecilla bereber Qusayla, que fundó su propio reino islámico alrededor de Kairuán.
Los árabes pronto se reagruparon, reconquistaron Kairuán en el año 689 y expulsaron para siempre a los bizantinos de Cartago en el 698. Sin embargo, siguieron encontrando una fuerte resistencia en los bereberes, que se reagruparon comandados por la legendaria princesa Al-Kahina. La princesa derrotó a los árabes en Tébessa (Argelia) en el año 696, pero fue acorralada y muerta tras una última resistencia en El-Jem en el 701. El norte de África, con Kairuán como capital, se convirtió en una provincia del Imperio islámico en rápida expansión, controlada por los califas omeyas, establecidos en Damasco. Las región recibió entonces el nombre de provincia de Ifriqiyya, nombre arábigo de África.

El gobierno árabe fue muy belicoso, y la conducta brutal de los ejércitos árabes provocó repetidamente ataques de represalia por parte de los bereberes. Los lugareños se sentían cada vez más fortalecidos por las enseñanzas de los jariyíes, una secta islámica puritana cuyas creencias igualitarias contrastaban profundamente con la arrogancia y las costumbres mundanas de la élite omeya. Desde Tánger hasta Túnez, el califato se enfrentaba a regulares alzamientos contra el gobierno árabe.

Como gran parte del norte de África, Túnez siempre estuvo demasiado lejos de los grandes centros del poder islámico –como Bagdad, Damasco y El Cairo– para ser gobernada directamente, hecho que provocó numerosos enfrentamientos entre grupos musulmanes rivales, tanto bereberes como árabes, y dio lugar a una sucesión de dinastías islámicas locales.
Al término del s. VIII, Ibrahim ibn al-Aghlab fue nombrado gobernador de Ifriqiyya por la dinastía abasí, sucesora de los omeyas y radicada en Bagdad. Con Kairuán como capital, pronto estableció un control eficaz de Túnez, el este de Argelia y gran parte de Libia. Tuvo tanto éxito que el califa abasí Harun al-Rashid (héroe de muchos de los cuentos de Las mil y una noches) lo declaró emir hereditario. Así se fundó la próspera dinastía aglabí, que rigió Túnez por cuenta de Bagdad durante más de un siglo. Muchos de los monumentos arquitectónicos más duraderos de Túnez, como la Gran Mezquita de Kairuán y los ribats (fuertes) de Susa y Monastir datan de este período.
A continuación llegaron los fatimíes (llamados así por Fátima, la hija de Mahoma), un grupo de chiítas bereberes de la región de Kabilia, en Argelia central, obedeciendo una misión encomendada, según ellos, por Dios, para deponer el califato abasí, ilegítimo desde el punto de vista religioso, y declarar califa a su propio jefe, Obeid Allah. Mediante alianzas con las tribus bereberes descontentas, los fatimíes conquistaron rápidamente el norte de África y derrotaron a los aglabíes en el 909; un año más tarde, Obeid Allah fue declarado “califa verdadero” en Raqqada, al sur de Kairuán.
Previendo represalias, los fatimíes construyeron una nueva capital, Mahdia, en un pequeño cabo de la costa, de fácil defensa, y empezaron a planear la conquista de Egipto. En el año 969 lograron controlar el valle del Nilo y fundaron una nueva capital, El Cairo.

En Ifriqiyya surgió otra dinastía, los ziríes, pero las presiones forzaron una vuelta a la ortodoxia religiosa. En el 1045, los ziríes cedieron y volvieron oficialmente a la línea sunita dominante, desafiando claramente a los fatimíes del Cairo. La reacción de estos fue devastadora: las tribus nómadas de Bani Hilal y Bani Sulaim del Alto Egipto invadieron el Magreb, y a lo largo del siglo siguiente el norte de África fue arrasado progresivamente. Durante cierto tiempo, a mediados del s. xii, incluso los normandos, los mismos que invadieron Inglaterra en el 1066, ocuparon parte de la costa tunecina.
El vacío de poder se llenó finalmente con los puritanos almohades, que subieron al poder en Marruecos a principios del s. XII y completaron su conquista del norte de África capturando Mahdia en 1160, pero su imperio empezó a desmoronarse casi inmediatamente. El Magreb se fragmentó en tres partes: Ifriqiyya (Túnez) quedó bajo los hafsíes; Argelia bajo el Banu Abd al-Wad; y Marruecos, bajo los mereníes. Aunque las fronteras han cambiado y los gobernantes se han sucedido, esta división se ha conservado casi intacta hasta hoy. Sin embargo, con la división se perdió influencia, y el norte de África pasó los siglos siguientes en un relativo estancamiento, lejos de las potencias políticas que estaban surgiendo: el Imperio otomano que había desplazado el centro de gravedad musulmán a Estambul, y la reconquista española que daba origen a una superpotencia cristiana expansiva en España.

Otomanos y españoles competían intensamente por el control del norte de África y el Mediterráneo, e inevitablemente Túnez se vio inmersa en el conflicto. Los hafsíes de Túnez se habían apoyado en los corsarios o piratas musulmanes para obtener beneficios y protección. Los más famosos eran los hermanos Barbarroja, Aruj y Khair ed-Din, que se habían establecido en la isla de Yerba. Aruj capturó Argel a los españoles, pero fue muerto cuando estos reconquistaron la ciudad en 1518. Khair ed-Din regresó para ayudar a los turcos, que no dejaron pasar la oportunidad de intervenir, y le concedieron el título turco de beylerbey (gobernador) y le proporcionaron tropas.

La ciudad de Túnez todavía cambiaría de manos cuatro veces más hasta que el bajá Sinán finalmente la consiguió para los turcos en 1574 y mandó al exilio al último de los hafsíes. Túnez volvió a convertirse en una provincia de un distante Imperio otomano. Y surgió de nuevo una dinastía autóctona: los muradíes, que frenaron a los corsarios (quienes habían estado desafiando cada vez más a las poderosas flotas europeas) para establecer lazos comerciales y políticos. Pero la inexistencia de leyes de sucesión provocó una guerra intestina y las luchas por el poder se prolongaron hasta casi el s. XVIII, cuando Hussein Ben Alí fundó la dinastía de los beyes husseinitas. Y aún selló la alianza con Estambul, pero como el poder otomano empezaba lentamente a menguar, Túnez alcanzó una independencia de facto. Los husseinitas gobernaron Túnez –al menos nominalmente– hasta que el país se convirtió en república, en 1957.

Bien entrado el s. XIX, los piratas del norte de África habían hostigado la costa europea con el comercio de esclavos. Gran Bretaña, los Países Bajos, Francia y hasta EE UU enviaron sus flotas a abordar, de una vez por todas, a los llamados estados de Berbería (Trípoli, Túnez y Argel). Con el impulso de la Revolución industrial, las potencias europeas empezaron a estrechar sus lazos políticos. Túnez fue obligada a prohibir la piratería en 1816, y en 30 años los debilitados beyes tunecinos habían aceptado a un cónsul francés con amplios poderes y abolido la esclavitud. Estas reformas impuestas tuvieron un impacto muy negativo en el tesoro nacional, por lo que se requirió de grandes préstamos de los bancos europeos. El centro de poder de Túnez volvió a trasladarse fuera de la frontera del país, que en 1869 se declaró en quiebra y tuvo que encargar sus asuntos financieros a una comisión internacional.
Así empezó la “rebatiña por África”, la lucha de las potencias europeas por dividir y repartirse el continente. En 1881, los franceses enviaron 30 000 soldados a Túnez bajo el pretexto de contrarrestar los ataques fronterizos de miembros de las tribus tunecinas en la Argelia ocupada por los franceses. El bey continuó siendo la cabeza nominal de Túnez pero se le obligó a firmar el Tratado de Kassar Saïd, que daba el poder a un general francés residente. Los británicos, grandes rivales de los franceses en la lucha por las colonias, aceptaron el dominio francés de Túnez a cambio de la aquiescencia francesa ante la ocupación británica de Chipre.

La Convención de La Marsa de 1883 estableció sistemas judiciales paralelos, bajo los cuales los europeos eran juzgados por la ley francesa y los tunecinos por una variante modificada de la ley islámica.
Los franceses acometieron el negocio de la compra de tierras tunecinas con mayor discreción que en la vecina Argelia. Así consiguieron hacerse con las mejores tierras fértiles sin confiscar la propiedad individual y se apoderaron de grandes extensiones de la península de Cap Bon y el valle del Medjerda que habían estado bajo el control del bey o habían sido utilizadas por los nómadas para el pastoreo. Las plantaciones de cítricos de Cap Bon son un legado de aquella época, al igual que los viñedos que producen la mayor parte de las uvas con que se elabora el vino del país. Al sur, el descubrimiento de un gran depósito de fosfato a principios del s. XX generó una importante industria minera en los alrededores de Gafsa, que en la actualidad sigue siendo un importante producto de exportación para la economía tunecina.
La élite tunecina apoyó inicialmente el gobierno francés. Comparado con Argelia, no se produjo un flujo masivo de colonos, y los proyectos de modernización como la construcción de carreteras y la mejora de los servicios sanitarios urbanos tuvieron buena acogida. Pero durante la Segunda Guerra Mundial, el movimiento “Jóvenes Tunecinos” empezó a reclamar reformas políticas. En 1921 se formó el partido Destour (“Constitución”) para reclamar un gobierno democrático, movimiento apoyado por el bey. Los franceses mandaron soldados e hicieron detenciones y, temporalmente, contuvieron las iniciativas nacionalistas.
En 1934, un joven y carismático abogado formado en la Sorbona, Habib Burguiba (1903-2000), se escindió del Destour para fundar el partido Néo-Destour. La nueva formación enseguida consiguió un apoyo creciente, pero el día 9 de abril de 1938, cuando los franceses dispararon contra los manifestantes en Túnez y mataron a decenas de personas, el partido fue prohibido y Burguiba arrestado y deportado a Francia. Pero la represión francesa no hizo más que aumentar el apoyo popular al Néo-Destour.

Cuando la Francia Libre de Charles de Gaulle tomó el control de Túnez, Burguiba regresó al país, pero al final de la guerra las políticas antinacionalistas intransigentes lo obligaron a exiliarse de nuevo, esta vez en El Cairo. Desde allí organizó una exitosa campaña de propaganda dirigida a exponer las demandas pro independentistas de Néo-Destour a la atención internacional. En 1951, los franceses empezaron a flexibilizar sus posiciones, y permitieron el regreso de Burguiba al tiempo que consentían que un tunecino se convirtiera en primer ministro, al frente de un gabinete francotunecino. Fue una concesión significativa, pero solo alimentó las demandas de un mayor poder político, una demanda a la que París replicó expulsando de nuevo a Burguiba del país.
El año clave fue 1954. La violencia de la guerrilla nacionalista había sumido el país en el caos. En Argelia había empezado la guerra por la independencia, Marruecos reclamaba el autogobierno y el ejército francés había sufrido una humillante derrota frente a las fuerzas vietnamitas de Ho Chi Minh en Dien Bein Phu. Francia cedió y anunció que estaba dispuesta a negociar la autonomía de Túnez. En junio de 1955 se llegó a un acuerdo, y Burguiba, que había pasado la mitad de las dos últimas décadas detenido o exiliado, volvió a la ciudad de Túnez para ser recibido como un héroe.
Túnez alcanzó formalmente la plena independencia el 20 de marzo de 1956 (solo 18 días después de la independencia de Marruecos), y Burguiba se convirtió en primer ministro. Al cabo de un año se abolió el reinado de beyes y se declaró la república, con Burguiba como primer presidente de Túnez.

La prioridad principal era sacar los restos de fuerzas militares francesas de suelo tunecino, una demanda que se endureció en 1958, cuando la aviación francesa, que perseguía a rebeldes argelinos, bombardeó el pueblo tunecino fronterizo de Sakhiet Sidi Youssef, provocando la muerte de 62 civiles.
Burguiba pidió repetidamente a Francia que evacuara su último enclave militar en Bizerta. Cuando las tropas tunecinas invadieron la base francesa en 1961, paracaidistas franceses y la aviación, llegados de Argelia, emprendieron una sangrienta operación de represalia durante noventa horas de intensa lucha, en la que más de mil tunecinos murieron. Los franceses se retiraron finalmente de Bizerta en 1963.
En cuestiones nacionales e internacionales Burguiba siguió el patrón seglar socialista que era popular en todas las naciones árabes recién independizadas. La modernización de la economía y la sociedad era un imperativo, y cuando el socialismo del mundo árabe fracasó, Burguiba emprendió un acercamiento pragmático a una modernización de carácter más occidental. Los resultados de sus atrevidas campañas para emancipar a la mujer, incluida la abolición de la poligamia, son un rasgo destacado de la vida tunecina actual, y Túnez se convirtió en un positivo ejemplo de desarrollo poscolonial.

Para Burguiba, el islam era una fuerza que frenaba el país, por lo que intentó despojar a los jefes religiosos de su papel esencial en la configuración de la sociedad, en parte cerrando las escuelas religiosas y aboliendo los tribunales de la Sharia (ley islámica). También confiscó tierras que habían financiado mezquitas e instituciones religiosas. Como era de esperar, los eclesiásticos se opusieron con vehemencia a dichos cambios y durante un tiempo la resistencia se enardeció, especialmente en Kairuán.
La década de 1970 fue testigo de la aparición gradual de una oposición islámica, cuyo respaldo creció espectacularmente después de que se empleara la fuerza militar para sofocar una huelga general en enero de 1978, en la que murieron decenas de personas. Cada vez más presionado desde el interior y el extranjero, Burguiba convocó las primeras elecciones pluripartidistas en 1981, aunque la oposición islámica no pudo concurrir a ellas y se alzaron protestas de fraude.
Deseoso de conservar el poder y tratando de evitar el levantamiento y la violencia provocada por los militantes islámicos en Argelia y Egipto, el gobierno de Burguiba pasó gran parte de la década de 1980 tomando medidas drásticas y efectivas contra la oposición islamista. A principios de 1984, la retirada del subsidio del pan provocó seis días de disturbios en los que se esgrimieron lemas como “Dios es grande” y “Abajo América”, y murieron más de 70 personas. Para calmar las tensiones, se restablecieron los subsidios del pan y varios políticos islamistas encarcelados fueron puestos en libertad.
A pesar de todo, el largo reinado de Burguiba (fue declarado presidente vitalicio en 1974) supuso un estancamiento y se le consideraba cada vez más alejado de las preocupaciones y necesidades del pueblo. El 7 de noviembre de 1987, el primer ministro Zin El Abidín Ben Alí, temiendo que la ejecución solicitada por Burguiba de varios islamistas condenados por conspirar para derrocar al Gobierno desataría un alzamiento popular, se hizo con el poder en un incruento golpe de palacio. Un equipo de médicos declaró al presidente, de 83 años de edad, incapacitado mentalmente para llevar a cabo sus deberes.
Burguiba murió en el 2000 a los 96 años, tras pasar sus últimos años en Monastir.

Ben Alí aportó un toque de mayor seguridad a la política tunecina respecto a los últimos años de Burguiba, pero esta receta para gobernar era esencialmente más de lo mismo: una política exterior moderada, pro occidental, con un gobierno laico reforzado por la represión de los opositores políticos y religiosos. Al mismo tiempo, Ben Alí ha jugado muy bien sus cartas musulmanas para evitar las críticas más encendidas de los islamistas radicales.
La tensión entre el islamismo y la pluralidad política no siempre fue llevadera bajo el gobierno de Ben Alí. A comienzos de la década de 1990 se descubrió un presunto complot de golpe islamista y miles de sospechosos fundamentalistas fueron encarcelados y otros huyeron al exilio. También los partidos políticos, periodistas y sindicatos fueron severamente censurados. Después de haber destripado a la oposición islamista, Ben Alí quería lavar sus pecados haciendo un peregrinaje público a la Meca y ordenando que el ayuno del Ramadán se observara en público. También prometió un sistema político pluripartidista, liberó a presos políticos, abolió el Tribunal de Seguridad del Estado y limitó los poderes policiales de detención. Invitó a los exiliados políticos a regresar y muchos consideraron que volver no era peligroso.
Los resultados dudosamente aplastantes de las elecciones de 1989 y 1994 confirmaron la fortaleza de su presidencia, que ganó con una mayoría del 99,44% en las elecciones de 1999 y 2004. Aunque se esperaba su retirada en el 2004, Ben Alí modificó la constitución para poder proseguir en el cargo durante dos mandatos más, y en el 2009 volvió a ganar, como estaba previsto (su apoyo descendió finalmente por debajo del 90%, pero con el 89,6% de los votos, y dos partidos opositores favorables al régimen, no es previsible que cambie de planes). Todos los partidos que pretendan mezclar política e islamismo son apartados del espectro electoral. La censura oficial aplicada a la prensa y en la Red hace que el enaltecimiento constitucional de la libertad de expresión sea una quimera en términos reales.
A pesar del alto índice de desempleo, la economía de Túnez sigue figurando entre las más prósperas de los países en vías de desarrollo. Importantes inversiones en infraestructura han paliado la pobreza rural y llevado agua corriente y electricidad incluso a las poblaciones más remotas. En 1995 Túnez se convirtió en el primer Estado árabe en incorporarse al Área Económica Europea, y los acuerdos con Italia permitieron a los tunecinos trabajar en el sector agrícola de este país. En general, la economía crece a un ritmo constante y contribuye a consolidar la fama de Túnez como una nación moderna, estable y relativamente próspera.
La política exterior tunecina se ha caracterizado durante mucho tiempo por la voluntad de facilitar el diálogo y la reconciliación. Durante la década que se inauguró en 1979, Túnez fue la sede de la Liga Árabe, cuando la organización abandonó El Cairo para protestar sobre el tratado de paz de 1978 entre Egipto e Israel. Y en 1982 Túnez acogió a Yasser Arafat y a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) cuando los israelíes los expulsaron de Beirut. Hacia la misma época, Túnez e Israel establecieron relaciones diplomáticas de bajo nivel, manteniendo oficinas mutuas en Tel Aviv y la ciudad de Túnez hasta el estallido de la violencia entre palestinos e israelitas en octubre del 2000. El derrocamiento de Saddam Hussein, que EE UU provocó en el 2003, también puso en entredicho las amplias perspectivas internacionales pro occidentales de Túnez.

Actualmente nada indica que el Gobierno tunecino no posea todo el control. La política todavía empieza y termina en Ben Alí, pero muchos tunecinos expresan lo que puede ser una genuina admiración por su liderazgo. Los tunecinos están orgullosos de la reputación de estabilidad que tiene su país y de su éxito económico en una región inestable y empobrecida.
ECONOMÍA: 
La  Economía diversificada y orientada para el mercado  de túnez  ha sido citada como un ejemplo de éxito en áfrica  y en el  oriente medio  pero ha enfrentado una serie de desafíos durante la transición política en curso en el país. Después de una experiencia fracasada con políticas económicas socialistas  en la década de 1960 , el país embarcó en una estrategia de éxito enfocada en ampliar las exportaciones, la inversión extranjera y el turismo , los cuales se hicieron fundamentales para su economía. Las exportaciones principales incluyen ahora textiles  y vestuario, productos alimenticios, derivados de petróleo, productos químicos y fosfatos , y cerca de 80% de las exportaciones tienen con destino el principal cliente del país, la unión europea  El control estatal de la economía, a pesar de aún intenso, venía siendo gradualmente reducido desde la última década, con creciente privatización , simplificación de la estructura tributaria , y un tratamiento prudente del endeudamiento.

La estrategia liberal de Túnez, así como las inversiones en educación  e infraestructura alimentaron un crecimiento anual del PIB entre 4% y 5% durante décadas, mejoró la calidad de vida de la población y se redujo a la inflación . El turismo y el comercio fueron elementos clave de este crecimiento sostenido. El acuerdo de asociación firmado entre Túnez y la unión europea  entró en vigor a partir del 1 de marzo de 1998, y fue el primer acuerdo entre la UE y países mediterráneos no-europeos. Con el acuerdo, Túnez debería gradualmente remover barreras al comercio con la UE en la década siguiente. La ampliación de las privatizaciones, la mayor liberalización de la inversión, principalmente extranjera, y mejorías en la eficiencia gubernamental, eran los principales desafíos futuros. En 2008  Túnez se hizo miembro plenamente asociado de la unión europea , situación comparable a la de noruega  o de islandia.

El ex-presidente ben alí  (1987-2011) mantuvo esas políticas, pero en su gobierno crecieron lo nepotismo y la corrupción que frustraron el desempeño económico, mientras el desempleo creció entre los jóvenes graduados universitarios del país. Estas quejas contribuyeron para la caída de Ben Ali en enero de 2011, llevando la economía del país a una espiral descendiente, a la medida en que el turismo y la inversión extranjeros disminuían drásticamente. A medida que la economía se recupera, el gobierno ha enfrentado los desafíos de tranquilizar empresas e inversores, traer el presupuesto y los déficits corrientes bajo control, proteger el sistema financiero del país, derrumbar el elevado desempleo y reducir las desigualdades económicas entre la región costera más desarrollada y el interior del país, más pobre.
COSTUMBRES:
 El regateo forma parte evidentemente de las costumbres del país. Incluso si no te gusta negociar, los tunecinos no te dejarán mucha elección: los precios nunca se muestran y, en general, se deciden frente al cliente.

Los hombre llevan con frecuencia un jazmín en la oreja: a la derecha para los casados y a la izquierda para los solteros. Esta tradición, asumida por los turistas, resulta realmente ridícula a los ojos de los locales.
Cuando te inviten a una casa particular en Túnez, procura descalzarte antes de sentarte en el suelo sobre la alfombra. No rechaces los tés con hierbabuena que te ofrecerán de forma sucesiva; será algo mal visto.
 Una parte de "La Guerra de las Galaxias" de George Lucas fue filmada en este país, así como la mayoría de las escenas de "Los Aventureros del arca perdida" de Spielberg. Largo metrajes El príncipe, de Mohamed Zran La danza del viento, deTaïeb Louhichi Películas en DVD Túnez el mar y el desierto, de Pierre Brouwers. Satin rojo, de Raja Amari Miel y cenizas, de Nadia Fares.
cULTURA:  La cultura de Túnez es el resultado de más de tres mil años de historia y una importante influencia multicultural y cosmopolita. El  túnez antiguo fue una gran civilización a lo largo de la historia. Culturas, civilizaciones y diferentes dinastías han contribuido a la cultura del país a lo largo de siglos en distintos grados. Entre todas estas culturas se destacan los cartagineses , los romanos, los vándalos, judíos,  cristianos, árabes, el islam, los otomanos  y los franceses junto con los nativos bereberes Esta mezcla de culturas hace de túnez con su posición estratégica en el Mediterráneo, el epicentro de algunas de las grandes civilizaciones del mare nostrum.

 La historia de túnez evidencia su rico pasado en el que diferentes culturas mediterráneas han tenido sucesivamente una presencia decisiva. Tras la república de Cartago llegó el Imperio Romano que dejó un efecto duradero en forma de monumentos y ciudades como el Anfiteatro de El-Jem o el yacimiento arqueológico de la antigua ciudad de Cartago que está considerado como patrimonio de la humanidad. Es solo uno de los siete lugares señalados como Patrimonio de la Humanidad que se encuentran en Túnez.

Tras unos cientos de años de presencia del Cristianismo, representado por la iglesia de áfrica, vino la expansión del Islam que transformó el país y fundó una nueva ciudad, al qawayran , que es reconocida como un importante centro religioso e intelectual.
Con la anexión de Túnez por parte del imperio otomano, el centro del poder se trasladó a estambul Este traslado de poder dotó a esta provincia Otomana de una mayor independencia que se mantuvo hasta la llegada del  protectorado francés que más tarde sería percibido como una ocupación y que aportaría elementos de la cultura occidental y francesa.
La cultura tunecina representa por tanto una herencia única y mezclada. Esta herencia puede ser sentida de primera mano en museos como el museo bardo  y en aspectos como la alimentación, la música y otras facetas de la cultura de Túnez.

pobreza:
 Pasó el primer mes de esta nueva era en Túnez y el futuro sigue siendo muy incierto. El ex dictador Ben Alí abandonó el país el 14 de enero rumbo a Arabia Saudita y con él su mujer, Leila Trabelsi, a quien se le acusa de haber salido con una tonelada y media en lingotes de oro. Acusaciones que ya, estando físicamente en este país del norte de África, tengo mis dudas en que sean realidad.
A cinco semanas del histórico acontecimiento, los tunecinos han reiniciado sus protestas en las calles de la capital. Ahora tratando de sacar al gobierno provisional formado, por supuesto, por aquéllos que se quedaron, que abandonaron a su suerte al ex presidente. O que más bien se quedaron porque no tuvieron las mismas posibilidades y que muy probablemente su suerte no será tan buena.
Acusados de corrupción, mal gobierno, tratamiento dictatorial, etcétera, lo más seguro es que los tunecinos no vayan a quitar el dedo del renglón hasta que estos "nuevos" gobernantes se vayan. Y lo tendrán que hacer antes de septiembre, mes en el que se planea la celebración de las elecciones. Y cómo no lo van a hacer si la población está todavía más enfurecida luego de las imágenes mostradas por la televisión local en las que dieron a conocer un verdadero tesoro conformado por oro, joyas y dinero en efectivo, escondido por Ben Alí en uno de sus palacios.
Así que las manifestaciones no han cesado y tanto capitalinos como provincianos paulatinamente se han venido concentrando día a día en la plaza de los ministerios. Manifestaciones que además son una oportunidad para hacer lo que en 23 años nunca pudieron? gritar, reclamar, aprovechar la libertad de expresión para decir lo que sea y como sea.

La Revolución del Jazmín fue encabezada por jóvenes que gracias a la utilización de internet, lograron convocar a miles de personas para derrocar al presidente. Pedían mayores oportunidades de trabajo, erradicar la corrupción y vivir en condiciones normales. Pero esto jóvenes no solamente defendieron estos derechos, sino que hablaron en nombre de miles de tunecinos que viven con lo mínimo y que fueron explotados por su gobierno.
Como ejemplo, lo que vimos en el barrio de Tadame, uno de los más olvidados, de los más pobres y por lo tanto, de los más activos en esta revolución.
Muchas de sus casas a medio construir, otras, en apariencia, en perfecto estado aunque en su interior escondan una triste realidad. Visitamos algunas de ellas y en no más de 85 metros cuadrados, hasta 9 familias acomodadas como fuera. Como baño, simples cubetas, y el wc es un lujo que aquí no existe. Colchonetas como camas y algunos sillones en el cuarto que usan como sala. Eso si, hay que aprovechar los 200 Dinares, que equivalen a 2 mil pesos mexicanos, que otorgó el gobierno para vivir los siguientes tres meses.

Todos tienen denuncias presentadas ante las autoridades buscando defender sus derechos humanos. Denuncias que se quedan en el papel. Papel que se va desgastando con el paso del tiempo y el maltrato ocasionado por los dedos sucios de quien los posee. Eso es Tadame, el barrio más grande del continente africano, tal y como lo dicen los tunecinos. Tan grande como su desgracia y su pobreza, pero al mismo tiempo, tan grande como la valentía de sus habitantes para salir a las calles y exigir la salida del dictador. 
DERECHOS HUMANOS:
En Túnez están redactando una nueva Constitución. Los primeros borradores que han salido a la luz no son nada halagueños respecto a los derechos de las mujeres. ¡Actúa!
Esta acción ha finalizado (3 de septiembre de 2012). En los próximos días, Amnistía Internacional hará entrega a la Asamblea Constituyente Nacional de Túnez de todas las firmas recogidas por la organización en todo el mundo. Esta petición exige a las autoridades tunecinas que la redacción de una nueva constitución no deje de lado los derechos humanos y los sitúe como piedra angular del nuevo Túnez, además de prohibir la discriminación de géneros y garantizar los mismos derechos en la ley y en la práctica para hombres y mujeres.


Gracias a todas las personas que han participado en esta acción.

Petición antes del cierre:
En octubre de 2011 se eligió a una Asamblea Constituyente Nacional para que redactase la nueva Constitución de Túnez. En septiembre de 2012 se presentarán los borradores elaborados por las distintas comisiones de la Asamblea para el debate final. Algunos describen a las mujeres como compañeras de los hombres y señalan su función complementaria en la familia, es decir, mas de año y medio después de que cayera el régimen represivo de Ben Ali los derechos de las mujeres y la igualdad de género siguen sin estar garantizados en Túnez.

Túnez tiene la oportunidad de hacer las cosas bien garantizando, por ejemplo, la igualdad, la no discriminación y otros derechos humanos, la independencia del Poder Judicial, poner a las fuerzas de seguridad en el lugar que les corresponde: estrictamente sometidas al Estado de derecho.

Por supuesto será necesario mucho más que una nueva Constitución para poner fin a las violaciones de derechos humanos, pero una ley que consolida los derechos fundamentales constituye un arma poderosa para evitar que se cometan abusos.


Pide al presidente de la Asamblea Constituyente Nacional, Mustapha Ben Jaafar, que garantice los derechos humanos en la nueva Constitución. Las firmas serán enviadas a la oficina de Amnistía Internacional en Túnez quien las entregará a los miembros de la Asamblea Constituyente. 
NOTICIAS:
 Salambó. Pocas paradas de transporte público pueden lucir un nombre tan evocador. Y pocos lugares tienen una leyenda tan sugerente como Cartago. El que fue el mayor enemigo de Roma y la gran potencia comercial del Mediterráneo es ahora un tranquilo suburbio de Túnez capital, entre la colina azul y blanca de Sidi Bou Said, que pintara Paul Klee, y el pueblo de La Goulette, el antiguo barrio italiano y judío, conocido por sus restaurantes de pescado y por ser el lugar de nacimiento de Claudia Cardinale. Las villas blancas, algunas de la época de la colonización francesa, están rodeadas de jazmines y buganvillas. El mar, como no podría ser de otra forma en la capital del mundo cartaginés, es una presencia constante: durante cientos de años sus barcos trazaron redes por toda la tierra conocida. Después de que Catón pronunciase la célebre frase de “Cartago debe ser destruida”, un ejército romano se abalanzó sobre la ciudad en la tercera guerra púnica y mantuvo un asedio de tres años. En 146 antes de Cristo fue borrada del mapa: saqueada y quemada, sus habitantes (los que no se inmolaron o fueron masacrados) fueron vendidos como esclavos. Cuando solo quedaban ruinas, las legiones de Publio Cornelio Escipión echaron sal sobre las cenizas. El general romano recitó los famosos versos de Homero: “Llegará el día en que la sagrada Ilión perecerá”. A lo que el gran historiador griego Polibio respondió: “No sé por qué, pero temo que alguien pronuncie las mismas palabras un día refiriéndose a mi patria”.


Cartago, que llegó a tener 400.000 habitantes, se convirtió así en el símbolo de los imperios difuntos. Sin embargo, su memoria fue mucho más poderosa que el fuego y la sal. Y no se trata solo del relato de los elefantes de Aníbal, que ganó las batallas y perdió la guerra. Cartago es un rincón del Mediterráneo que merece una visita más allá de cualquier leyenda y en él quedan más restos púnicos de lo que Roma hubiese deseado. Desde Túnez es muy fácil llegar, en coche, en taxi o en metro ligero. Bajarse en la parada de Cartago-Salambó tiene su punto, aunque tampoco está mal la opción de apearse en Cartago-Aníbal. Casi todos los yacimientos están situados en una estrecha franja entre el mar y las colinas, rodeados de villas y de calles tranquilas.

El mejor lugar para empezar la visita es el Museo de Cartago, en la colina de Byrsa. Lo importante del museo no son solo las piezas que contiene —algunas impresionantes, como dos magníficos sarcófagos del siglo IV antes de Cristo—, sino su propio emplazamiento y la vista. Flaubert imaginó el enclave así en Salambó, su novela sobre Cartago: “La colina de la Acrópolis, en el centro de Byrsa, desaparecía bajo el desorden de los monumentos”. El autor de Madame Bovary describe una larga serie de monumentos antes de afirmar: “Se percibía la sucesión de las épocas, como recuerdos de patrias olvidadas”. En la actualidad, la panorámica alcanza el Mediterráneo y los suburbios de Túnez, las ruinas de un antiguo barrio cartaginés que se deslizan desde la colina hasta el mar, para dejar paso a las casas blancas contemporáneas y a las calles arboladas. Pero, sobre todo, desde la colina de Byrsa puede verse una de las maravillas de la ingeniería de la antigüedad: los puertos púnicos.

 El historiador Richard Miles explica en Carthage must be destroyed. The rise and fall of an ancient civilization que los romanos admiraron el ingenio de esa construcción, que primero sepultaron y luego recuperaron cuando, un siglo después de su destrucción, volvieron a construir en la antigua Cartago. El primer puerto, donde atracaba la flota civil, daba directamente al mar. Un canal camuflado llevaba al segundo puerto, el militar, redondo y con una isla en medio. Desde fuera era perfectamente invisible, aunque podía albergar hasta 170 naves. El enemigo no podía saber dónde se encontraban los barcos o ni siquiera si había naves. Hoy, paseando por la isla, donde hay un pequeño museo con una rudimentaria maqueta del lugar, es fácil imaginar la sencillez y el ingenio cartaginés. Desde allí se puede pasear hasta otro de los yacimientos cartagineses más impresionantes: el pequeño santuario de Tofet, dedicado a los dioses Baal Hammon y Tanit, la diosa cartaginesa cuya figura triangular es constante en el universo púnico. Los guías que enseñan el lugar no se privan de repetir lo que los historiadores romanos y griegos divulgaron: los sacrificios infantiles de los primogénitos de cada familia. Los investigadores actuales no lo tienen tan claro: no niegan que existiesen, pero refutan la escala. El lugar, con sus miles de urnas funerarias y sus palmeras, es tan inquietante como evocador.


Aparte de las termas y de las villas romanas, es importante acabar la visita con un salto a La Goulette para comer pescado. Los dos restaurantes más recomendables son el famoso Café Vert y el siciliano La Espígola, situado junto a la casa del rabino, aunque cualquiera de los modestos chiringuitos son estupendos. Pero antes merece la pena hacer una última parada histórica, esta vez en el siglo XX. Cartago alberga un cementerio militar de EE UU (como el de Omaha Beach que aparece en Salvar al soldado Ryan) construido después de la II Guerra Mundial. Es un lugar que transmite una sensación de paz y de profundo respeto (en el norte de África se comenzó a ganar la guerra contra los nazis), pero que también demuestra que los conflictos se empeñan en volver a los mismos lugares.




En Cartago hay muchas leyendas, muchos dioses y muchos soldados enterrados. Pero, como los puertos púnicos, han llegado hasta nosotros para demostrarnos que el pasado no se puede borrar, solo aprender de él.




La primavera árabesuscitada hace ya más de dos años en Oriente Próximo y en el norte de África fue difundida en el mundo entero como un movimiento de cambio social encabezado por la acción de los ciudadanos de Libia, Egipto, Túnez, Marruecos y Siria, entre otros países, en busca de libertad, democracia, justicia social y oportunidades. Sin lugar a dudas, autócratas de las más diversas tendencias ideológicas, pero que compartían la ideología de la opresión, fueron derrocados y la opinión pública mundial pensó que la configuración de una sociedad estable, de un Estado eficaz y de una economía viable era una realidad inminente.
Sin embargo, las condiciones estructurales que elevaron al poder a los hombres fuertes para contener la convulsión social siguen intactas, por ende el derrocamiento de Gobiernos dictatoriales no es el fin de un proceso, sino el comienzo de este, y así deben de entenderlo las fuerzas políticas internas y la comunidad internacional. Por todo esto, fuerzas políticas como los Hermanos Musulmanes y las fuerzas laicas-liberales deben llegar a un acuerdo de convivencia constitucional de puntos mínimos que faciliten la convivencia tipo Pactos de la Moncloa. Solamente de esta manera los extremismos serán desterrados, el intervencionismo internacional no será necesario, se evitarán excusas para golpes militares y se generará la estabilidad imprescindible para el surgimiento económico y la paz social. La otra alternativa es lo que lamentablemente vemos: guerra civil y genocidio.


A juzgar por las manifestaciones casi diarias a favor y en contra del Ejecutivo en manos de los islamistas de enhadda; a juzgar también por la radicalización de las críticas contra el partido gobernante, túnez se parece cada día un poco más a Egipto en vísperas delgolpe militar de 3 de julio que derrocó al presidente Mohamed marsi
La represión contra los hermanos musulmanes egipcios ha exacerbado aún más en Túnez el enfrentamiento entre Ennahda y sus socios laicos de Gobierno, que la han condenado sin paliativos, mientras sus adversarios, como el partido Nidaa Tounes, alababan ante todo “al pueblo egipcio (…) que recolocó a la revolución en el buen camino”.
Ya el 6 de julio, tres días después del golpe egipcio, Mustafa Ben Jaafar, el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), anunció que congelaba sus trabajos, la redacción de una nueva Carta Magna. Paralizó así de hecho la transición tunecina y agravó un poco más la crisis política reactivada por el asesinato de mohamed brahmi

El Frente de Salvación Nacional (FSN), una coalición heterogénea de partidos de oposición a la que pertenecía Brahmi, exige ahora la dimisión Gobierno de Ennahda, su sustitución por un gabinete de tecnócratas, la disolución de la ANC, la convocatoria de elecciones y la elaboración de la Constitución por un grupo de juristas. Sus exigencias cuentan con el respaldo parcial de la UGTT, el poderoso sindicato con medio millón de afiliados.


Más allá de ser incapaces de mantener la seguridad, de gestionar mal la economía, etcétera, el grueso de los laicos reprocha a Ennahda su conquista del aparato del Estado y su empeño de impregnar todo de su interpretación “retrógrada” de la religión empezando por la Constitución. Hace un año intentaron por ejemplo que la mujer fuese descrita legalmente como “complementaria” del hombre y no como igual. No lo lograron.
Pese a tanta crispación el país que fue pionero en la “primavera arabe ”, expulsando a su dictador, Ben Ali, en enero de 2011, solo tiene algunas apariencias en común con Egipto y profundas diferencias que hacen casi imposible que siga su senda violenta. La primera es que posee un Ejército de Tierra pequeño (27.000 hombres), históricamente apolítico y ahora enfrascado en acabar con los focos yihadistas en la sierra de Chaambi.
La segunda gran diferencia es que Ennahda ganó, en octubre de 2011, las primeras elecciones democráticas con más del 40% de los sufragios, pero no dispone de una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional Constituyente. Para formar gobierno tuvo que aliarse con dos partidos laicos, el Congreso para la República (CpR) y Ettakatol (socialdemócrata).


Las presiones de sus socios, sobre todo las de Ettakatol que amenaza con salirse de la coalición, las de la calle y su propia idiosincrasia han incitado a Ennahda a tener una actitud más dialogante que la de los Hermanos Musulmanes. El Consejo de la Shoura, la dirección del partido islamista, ofreció de nuevo el lunes “la formación de un gobierno de unidad nacional” que ellos seguirían encabezando. Su líder, Rachid Ghanouchi, también se mostró dispuesto a concluir en octubre la redacción de la Constitución y a celebrar elecciones antes de fin de año.

A diferencia de Egipto, los adversarios siguen dialogando aunque, por ahora, sin resultados. Ennahda y Nidaa Tounes, que dirige el exprimer ministro Beji Caid Essebsi, mantuvieron contactos el pasado fin de semana en París, según reveló el propio Ghanouchi en su página de Facebook. El portavoz islamista declaró que estaban dispuestos a continuar las consultas “bajo el patrocinio” de la UGTT, que no les es nada afín.
“Muchos tunecinos han visto lo que sucedió en Egipto y quieren hacer todo lo posible para que no ocurra en su país”, declaró el ministro alemán de Exteriores, Guido Westerwelle, la semana pasada, al término de una visita a Túnez para intentar mediar. La UE quiere a toda costa EVITAR QUE túnez sea un segundo egipto. “Después de discutir con ambas partes tengo la impresión de que es posible alcanzar un compromiso”, concluyó el ministro.

Patrimonio de la humanidad:
cartago:

El sitio arqueológico de Cartago fue declarado en 1979  patrimonio de la humanidad. cartago fue una importante ciudad de la antigüedad destruida por los romanos y reedificada por ellos. Entre sus restos arqueológicos casi todo lo que queda es de origen romano, ningún resto es púnico
La mayoría de los edificios conservados son del siglo II, después de que un gran terremoto asolase la ciudad. Desde la posguerra, las ruinas han sido objeto de salvaguarda. Las excavaciones llevadas a cabo desde el final de la Segunda Guerra Mundial y la creación de un parque arqueológico dedicado a los monumentos son un elemento esencial del patrimonio de la ciudad.
Fue en 1979 cuando tuvieron gran reconocimiento internacional y se inició de la mano de Alexandre Lézine y Gilbert-Charles Picard la separación, estudio y mejora de las ruinas del parque arqueológico, en el marco de la gran campaña internacional de la UNESCO 1972-1992.

Hay seis centros de interés, bastante distantes unos de otros. La colina de byrsa , que domina la península de cartago, proporciona unas buenas vistas y en su falda se encuentra la catedral católica de san luís. Una catedral erigida por los franceses en el año 1889 durante su etapa colonial en Túnez, en recuerdo al rey luís 9 . El museo nacional  ubicado en las proximidades de la catedral guarda gran parte del patrimonio arqueológico púnico existente.

El anfiteatro romano, que está situado en la parte occidental, fue uno de los más grandes que se construyeron en el imperio romano Cerca se hallan las antiguas cisternas de almacenamiento de agua potable que suministraban agua a la ciudad romana.
El santuario tofet fue excavado desde los años veinte y es muy conocido porque en él se celebraban los sacrificios a molk , en los que los niños cartagineses eran quemados vivos. Actualmente es una parcela llena de maleza y algunas fosas.
El coliseo es el monumento más grande de los restos en su conjunto y es uno de los monumentos romanos más importantes de África. Fue construido entre los años 230-238 d.C. A lo largo de la historia ha sido utilizado como puesto defensivo, por lo que ha sufrido graves desperfectos.


Las termas de Antonino son las mayores termas construidas en suelo africano y las únicas de las que todavía existen algunos restos, a pesar de los estragos del feroz despojo de materiales en el sitio arqueológico.
Las termas llevan el nombre de antonio pio  y fueron construidas a orillas del mar después de un gran incendio que asoló la ciudad en el siglo II. Las termas son contemporáneas a la mayoría de los grandes edificios de la antigua capital administrativa de la provincia romana de África como el anfiteatro, el teatro y el Odeum. Estos edificios fueron una representación del poder y grandeza de la ciudad, de los que aún se conservan algunos restos.

Las termas sufrieron una importante restauración después de un terremoto que colapsó gran parte de las bóvedas al final del siglo IV o principios del siglo V. El abandono definitivo tuvo lugar en el año 638 de acuerdo con Alexandre Lézine. Las ruinas de las Termas, a partir de ese momento, sirvieron como una carretera de tránsito durante siglos. Los restos están repartidos en una longitud de más de 200 metros a lo largo de la costa.
En su mayor esplendor los termas contaron con once bóvedas que ascendían a una altura de más de 29 metros. El barrio de Magon está también situado junto al mar y cerca de él se pueden visitar las lagunas de los desaparecidospuertos púnicos de cartago que en su día fueron los más prósperos puertos del mundo
MEDINA DE TÚNEZ:
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La medina de Túnez fue declarada PATRIOMONIO DE LA HUMANIDAD por la unesco en 1979. La  medina es el centro de la ciudad de túnez: un grupo de callejuelas y pasadizos cubiertos, llenos de densos olores y colores, bulliciosos y activos centros de comercio y trueque, un sinfín de productos en oferta que van desde la marroquinería hasta el utensilios de plástico, desde la mejor filigrana hasta la hojalata, del gran bazar de souvenirs para el turista hasta el minúsculo taller de artesano. Está construida sobre una colina que desciende en suaves pendientes hasta la laguna del Behira por el este.
Contiene unos setecientos monumentos: palacios,mezquitas,mausoleos madrazas y fuentes de los períodos almohade y yaisi.


  • la la gran mezquita zitouna (Mezquita del Olivo), construida en 723  por Obeid Allah Ibn-al-Habhab para celebrar la nueva capital, con la universidad homónima.
  • Dar-al-Bey (Palacio del Bey), muy ecléctico tanto arquitectónica como decorativamente; se cree que se alza sobre los restos de un teatro romano y del palacio de Ziadib-Allah II al Aghlab del siglo 10
  • dar ben abdalllah palacio del siglo XVIII que alberga el Museo de Artes y Tradiciones Populares de Túnez;
  • Palacio dar hussein , residencia de príncipes y beyes
  • Mausoleo real el bey
  • Numerosas puertas que se abrían en el muro que rodeaba la medina, hoy en gran parte desaparecido.
  • ANFITEATRO DE EL DJEM:  El anfiteatro de El Djem, también llamado coliseo de Thysdrus, está situado en la ciudad de THYSDRUS  en la provincia romana  (actual el djem , en el vilayato  de mahdia, túnez , es el mayor anfieteatro romano  de áfrica y el cuarto del mundo, por detrás del coliseo romano  el anfiteatro de capua y el anfiteatro de pozieuli.
  •  
  • parque nacional de ichkeoul:
  • espacio natural situado en el norte de túnez , en el distrito de biezerta, es uno de los humedales más importantes de áfrica del norte, y uno de los pocos que no se secan en todo el año. Sirve de refugio de invernada a 180 especies de aves, algunas raras. Fue declarado  en 1980 por «contener los hábitats naturales más representativos e importantes para la conservación in situ de la diversidad biológica, donde sebreviven especies amenazadas de un valor universal excepcional desde el punto de vista de la ciencia o de la conservación» En 1996 , el parque se incluyó en la lista del Patrimonio de la Humanidad en peligro debido al aumento de las salinidad de sus aguas, lo que amenaza cientos de miles de aves migratorias. La Unesco impulsó un proyecto urgente para proteger el lugar medienta el desarrollo de un plan de seguimiento, una nueva estretegia de gestión y una mejor gestión y utilización de los recursos hidráulicos del espacio natural. Las autoridades tunecinas han acabado con el uso agrícola de las aguas del lago, lo que ha reducido la salinidad y ha permitido el regreso de numerosas especies de aves. El proyecto permitió retirar el parque de la lista del Patrimonio de la Humanidad en peligro en 2006.
  • KERKOUNE: 
    El sitio fue declaradoPATRIMONIO EN 1985 , la declaración protege una ciudad y una necrópolis púnicas. Son los únicos ejemplos de arquitectura púnica que no han sufrido modificaciones por parte de civilizaciones posteriores. La ciudad fue, probablemente, destruida y abandonada durante la primera guerra púnica, en la mitad del siglo 3 a,c ., la ciudad no será reconstruida por los romanos
    Kerkouane, es una de las ciudades púnicas más importantes con cartago, útica  pervivió durante cerca de 400 años.

    El descubrimiento de la ubicación, fue debido al azar, es atribuido a Pierre Cintas y Charles Saumagne y la fecha el año 1952..
    La primera excavación regular fue decidida en 1953. bajo la dirección de Cintas (entonces inspector de las antigüedades púnicas en Túnez). La ausencia de cerámica romana permite optar por la hipótesis de un sitio prerromano (en este caso púnico). El descubrimiento de una copa jónica  permite fechar la fundación aproximada del lugar sobre 6 siglos antes de J.C.
    Durante el período de 1957 a 1961, tras la independencia de Túnez, la organización y el control de los trabajos son confiados a los técnicos del Instituto Nacional de Arqueología y de Arte. Si, bien, el número de operarios es considerable, el profesor hassine fantar  habla de obra verdaderamente parada, el personal científico faltaba con fin del protectarado frances de túnez De este hecho, las excavaciones se limitaban al desempeño del edificio y a la recogida del material. El conjunto de los objetos del sitio, está hoy en el museo instalado en las cercanías.
    De julio de 65-66 las excavaciones son efectuados en el marco de un seminario internacional organizado por el Centro de la Búsqueda Arqueológica e Histórica. En julio de 1976, M'hamed Hassine Fantar repite las excavaciones, que acaban dando a luz el santuario púnico más grande de todo el Mediterráneo occidental. En el transcurso del seminario internacional de 2001, los vestigios de una capilla que depende del gran templo, vienen a enriquecer los conocimientos sobre la arquitectura religiosa de Kerkouane y de la población púnica.
    Estas excavaciones son la única fuente de estudio, en ausencia de informaciones escritas. Permiten pensar que los líbicos habitaron el lugar antes de la instalación de la cultura púnica. Si bien el topónimo Kerkouane es utilizado por el uso, el verdadero nombre de la ciudad no puede ser determinado.Los barrios residenciales y los edificios públicos, los civiles y los religiosos están dispuestos según un plano de urbanismo elaborado dentro de la muralla constituida por 2 recintos separados por una calle intermedia. Las calles se cruzan ortogonalmente e imponen una cuadrícula a la ciudad. La arquitectura se distingue por la diversidad de los materiales y las técnicas de construcción utilizados.

    MEDINA DE SUSA:
     es una MEDINA TUNCECINA , en el corazón histórico de susa , fue inscrita en el año 1988  en el patrimonio.
    La ciudad de Susa está considerada como un típico ejemplo de las primeras ciudades de la conquista islamica  del magreb . Conserva así la kasbah, (fortificación)  la la gran mezquita , el ribat y la mezquita Bu Ftata, un edificio militar y religioso.
    kairouan:

    Kairuán fue fundada alrededor del  670  cuando el general nafi  seleccionó un lugar en medio de un denso bosque, en ese entonces infectado de bestias salvajes y reptiles, para la localización de un puesto militar.
    Fue capital del emirato aglabi . Cuando uno de sus miembros, ziyadat , intentó disolver las unidades árabes en 824 , se produjo una gran revuelta en túnez  sofocada con la ayuda de los bereberes.

    Kairuán es una ciudad santa para muchos musulmanes, y los musulmanes suníes  la consideran la cuarta ciudad más santa del islam, tras la meca ,  medina y jerusalem , y la ciudad más santa del magreb  Hay muchas mezquitas en la ciudad, entre las que destaca lala gran mezquita de meiguuam  Durante mucho tiempo estuvo prohibida la entrada a la ciudad a los no musulmanes, aunque actualmente ya está permitido. Como ciudad santa para e lislam , no es destino de peregrinación , ya que La Meca es el único destino de peregrinación en el islam.
    Los jariyitaas están presentes en la isla de yerba.
    DOUGGA:

    Dougga o Thugga es una antigua ciudad situada en la gobernación de BÉJA  en el noroeste de  túnez,.Por su interés histórico, este sitio fue clasificado como patrimonio en el año1997  La ciudad se encuentra pleno campo y todavía está alejada del crecimiento urbano, contrariamente a cartago  que fue multitud de veces reconstruido a lo largo del tiempo.
    Este lugar es notable por su tamaño 70 hectáreas , la buena conservación de sus monumentos y la diversidad de las civilizaciones que la ocuparon, la púnica , la númida , la romana  y la bizantina Entre los monumentos más importantes de Dougga, encontramos el mausoleo  líbico-bereber, el capitolio, el teatro  así como los templos de saturno  y el de templo juno.
    ISLA YERBA: n la actualidad es conocida por un turismo exclusivo y de lujo.
    A una hora de avión desde Túnez se llega a la isla exótica-oasis Isla de Djerba, en pleno golfo de Gabes. A pesar de conocerse como «La isla de las cien mezquitas», lejos de mostrar grandes holguras evidencia, sin embargo, la cara más recoleta y austero del Islam, evidenciado por sus parcos rincones oratorios. Los sobrios minaretes repiten con fidelidad los versos del Corán mientras las gentes abiertas al viajero sienten sus raíces desde lo más hondo del alma abandonados a su canto religioso.
    A raíz de la independencia en 1956, algunos "yerbanos" han visto en el turismo una de sus principales fuentes de ingresos, lo que la ha convertido en una de las regiones más visitadas de Túnez.
    No en vano sus 125 km de costas de arena fina y blanca escondidas entre los palmerales, garantizan una escapada de auténtico descanso durante todo el año. La vegetación exultante se ha adaptado a un suelo rocoso firme y desafiante frente al amparo de las aguas, presentado como un auténtico y bello decorado natural. El recorrido que nos lleva a explorar la isla, de norte a sur, es de 50 km. Partimos del noroeste, de la capital Houmt Souk rumbo al sur. Al pasar por el Fuerte español Ghazi Mostapha (s. XVI) te enteras que la isla encierra un ramillete de historias y leyendas. Como que lo españoles invadieron Túnez en época de Carlos V y los tunecinos contrataron al pirata Barbarroja para demolerlos. Directo desde Estambul y bajo órdenes del imperio Otomano en la figura de Solimán II, el corsario llegó raudo y veloz desde Estambul deshaciéndose así de sus colonizadores. Para rematar la jugada, dejó su sello en una de las torres de este fuerte construyéndola con las calaveras de sus invasores.

     La huella de Ulises también está latente bajo estas aguas. Cuenta Homero en su Odisea que el navegante y sus marineros, huyendo del canto de las sirenas, llegaron a «la isla de los lotófagos», en la que los tripulantes probaron la exquisita «fruta del loto» hecho que hizo perder la memoria a la tripulación. Tan sólo Ulises evitó probar el jugo de la pasión, por lo que tuvo la buena fortuna de salvar a todo su equipo. Hoy en día los tunecinos exhiben esta isla como escenario de tal episodio, donde el viajero disfruta de esas epopeyas que permanecen vivas a través del relato de sus gentes. Se trata del verdadero sentir de un pueblo que todavía sigue conservando la esencia de sus tradiciones, algo que se percibe al continuar la ruta por el callejeo de su centro urbano.
     Por “el barrio del mercado”, que en árabe significa rincón de las artesanías, se condensa el verdadero sentir del espíritu árabe que despierta los sentidos con ese peculiar aroma a cóctel de especias que impregna todos los zocos de estos lugares.
    http://www.youtube.com/watch?v=aMtQhQ5DrKI
    http://www.youtube.com/watch?v=5I8b2JX3Nsg
    http://www.youtube.com/watch?v=dwWd1PLe1e4
     Al caminar por sus recovecos rodea un vaivén de manualidades vivas. Un hombre sentado trata el barro con las manos, donde cada chorro se convierte en filigrana artística, convirtiendo cada objeto en originales utensilios para decorar hogares.
    Los viejos oficios se perpetúan incluso en las refinerías de aceite, que continúan hoy al uso de la forma más rudimentaria: un camello, una rueda, cuerdas y todo ello queda almacenado en una cueva.
    Sus casas encaladas, callejuelas y zocos se muestran efervescentes al turismo y como está mandado en estos países: comienza el juego del regateo. Te rodean millones de cestas, orfebrería, sedas, bordados, cerámica y plata a buen precio ( 20 euros un brazalete).
    Pero lo más original es darse una vuelta por la lonja. Subastan los jugos del mar. El pescador le da la tira al subastador ( 3 dinares la tira). A grito pelado comienza la acción. Una veintena de cabezas chapurrean en árabe y francés a la vez en pugna por el manjar. Sentado sobre un cojín en un alto se muestra la pieza. Uno vende tiburón al peso. El tendero sostiene entre sus brazos uno de metro y medio. Lo ofrece. “A 10 euros el kilo” dice. Se le ven los dientes de oro. Es como el “Golfinger” de James Bond pero en versión dental. “Con curri está bueno”, susurra en un francés callejero.

    Yerba, una isla grande de unos 20 kilómetros de ancho por 20 de largo, se encuentra frente a la costa del noreste de África, en el sureste de Túnez, cerca de la frontera con Libia. Situada en el Golfo de Gabés, es conocida por su ecléctica población de residentes y turistas, sus espléndidas playas y sus pintorescos pueblos con unas inconfundibles casas encaladas y cuadradas. Houmt Souk es la gran ciudad, con sus bulliciosos mercados y animadas cafeterías al aire libre. Se cree que Yerba, con su castillo pirata y unas mezquitas que parecen fortalezas, fue lo que inspiró la Odisea de Homero. Se puede acceder a ella desde el sur de Túnez, a través de una carretera construida por los romanos que conecta la isla con el continente. Aunque Túnez es un país islámico, el alcohol no está prohibido. Produce excelentes vinos de mesa, vinos espumosos, cervezas, aperitivos y licores locales, destacando el Boukha (destilado de higos) y Thibarine.
     
      La comida tunecina, en general, tiene como estrella el cordero y el cous-cous. Destacan también los platos de pescado, tajine (huevos rellenos, fritos sobre un pan dulce). Se cocina con aceite de oliva; se condimentan con especias como anís, cilantro, comino, alcaravea, canela o azafrán y se sazonan con menta, zumo de naranja o agua de jazmín y rosas. Los Restaurantes dirigidos a los turistas ofrecen asimismo cocina internacional. 
    PINTURA: 

    La pintura es un arte contemporáneo muy presente en Túnez, con estilos que discurren desde las formas geométricas de Hédi Turki hasta la intrincada y libre caligrafía árabe de Nja Mahdaoui. Las galerías modernas se ubican en la capital y en los alrededores, y destaca el refugio de artistas de Sidi Bou Saïd.

    Mounir Letaief es un pintor cuyo trabajo es muy representativo de la pintura tunecina. Siempre la misma y en constante innovación de una estética forjada en el substrato de una técnica mixta. Su pincel pone al descubierto contorno, color y espacio con una facilidad innata y una sensibilidad en las que combina el abstracto con lo figurativo. Su obra refleja un temperamento lúdico e intimista que capta las esencias auténticas de las escenas públicas. Más allá de lo visible el artista describe una visión, trabaja la materia, estudia la luz y matiza los tonos.
    La pintura moderna tunecina se puede situar en la segunda mitad del siglo XX. La "Escuela de Túnez", compuesta por pintores como Ammar Farhat, Yahia Turki, Jelel Ben Abdallah, Abdelaziz Gorgi, Ali Bellagha, han sido considerados como los primeros artistas modernos. En esta pintura, el lenguaje pictórico traduce una nostalgia de una sociedad tradicional cambiando por los estándar de un mundo moderno. Este tema de la nostalgia, la autenticidad y el apego a las valores tradicionales son los elementos principales de la "Escuela de Túnez". Por eso se pueden encontrar muchas escenas cuotidianas de las bodas, del hammam o el amor.
    En los años sesenta, nace una nueva generación de pintores. Los movimientos picturales de esta época se abren al mundo internacional. Los artistas experimentan el abstracionismo, y formas pictóricas mezcladas con la caligrafía. Grupos artísticos se crean en 1963 con N'ja Mabdaoui, Lotfi Larnaout... Artistas como o Mahmoud Sehili intentan desarrollar nuevas gamas cromáticas o juegos de luces. Todas estas innovaciones han permitido producir obras entre formas abstractas y figurativas.
     
     
  • tUNICIA:ininterrumpidamente desde que los almohades  le dieran ese título en 1159  y la dinastía de losHAFSIDAS  confirmase su estatus en 1228. También es la capital de lagobernación homónima  desde su creación, en 1956 . Es el centro de las actividades industriales, comerciales, culturales, políticas y administrativas del país. Está situada al norte, al final del golfo de túnez , a continuación del lago de túnez o laguna del Behira, entre la llanura costera y las colinas que la rodean. Está unida por un canal al puerto dela goleta Según el censo  de 2004 en ella viven 728.453 habitantes (alrededor de un 10% de la población estatal),llamados tunecinos, lo que la convierte en la ciudad más poblada del país; esta cifra aumenta hasta 2.380.500 personas en su área metropolitana.
    Al norte de la ciudad se encuentra la masa verde del Belvedere, y al suroeste, el cerro del cementerio de Jellaz. Al este está la medina de túnez , el centro de la ciudad, compuesto de callejuelas y pasadizos cubiertos, con multitud de olores y variedad de colores provenientes de los comercios. La ciudad moderna (Nuovelle Villese) se alcanza al cruzar la puerta de Francia, antiguamente llamada «puerta del mar». Está atravesada por la gran avenida Bourguiba (considerada por muchos como los campos eliseos  tunecinos), cuyos edificios de estilo colonial de principios de siglo 20  contrastan con la arquiteLa estructura económica de Túnez, así como la del país, está centralizada en el sector terciario . La ciudad es el centro financiero más grande del país, cuenta con el 65% de las sedes de las empresas financieras -, mientras que los sectores industriales van disminuyendo en importancia.Sin embargo, el sector secundario sigue estando muy representado y Túnez acoge el 85% de los establecimientos industriales de las cuatro gobernaciones limítrofes, con una tendencia a la propagación de zonas industriales especializadas en los barrios periféricos.
    La industria primaria como la agricultura  sin embargo, es activa en las zonas agrícolas especializados en los barrios periféricos, en particular las industrias relacionadas con el vino y el aceite de oliva . De hecho, gracias a poseer un terreno plano y gracias a que los dos ríos principales de Túnez, el mejderda  en el norte y el milliam discurren por la ciudad los suelos son fértiles.Túnez tiene varias llanuras, las más productivas están en Ariana y la Soukra en el norte, la llanura de Manouba en el oeste y la llanura de Mornag en el sur. Además, las aguas subterráneas son de fácil acceso a través de la perforación de pozos profundos, suministrando de agua a los diferentes cultivos de la agricultura. En el norte los suelos son pesados y contienen piedra caliza, pero en el sur son más ligeros y contiene arcilla y arenactura de estilo árabe de la ciudad antigua, que vino a llamarse la «ciudad de los indígenas.

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