viernes, 17 de mayo de 2013

la infancia de Norman Bates

Una cosa es cómo es un psiquiátrico y otra es la visión que tiene el interno de el. Soy más o menos consciente de las sonrisas blanqueadas de los enfermeros disimulando el profundo desprecio que sienten por el interno, soy consciente de las blancas paredes, de la comida insípida, de la carrera loca de pastillas a la que nos someten para alejarnos de nuestra voluntad, de el electroshok para atontar a los más activos hasta reducirlos a meras coballas babeantes.
Pero en mis sueños, las paredes están desconchadas, agrietadas, gotas frías descienden del techo hasta colarse dentro de mis gafas, lo confundo con una lágrima y sueño que me redimo de mis pecados y lloró por el mal causado por mí... pero es un vano espejismo que dura apenas segundos, no soy capaz de llorar ni sentir remordimientos, si fingirlos.
En mis sueños las negras cucarachas salen de debajo de la cama y las ratas con sus ojuelos rojos brillantes se pasean impudicamente por mi homoplato, soy el rey del estiercol, el amo dentro de la bafozia, formó parte de un entramado corrupto y en descomposición.
Mi alma, si que es este comcepto existe, se corrompe al mismo ritmo que los techos, al mismo tiempo que amarillean las hojas de un viejo almanaque deportivo, habla de glorias, de gestas del pasado, pero el paso del tiempo devora la historia al igual que una ola lo borra de la memoria colectiva.  Pero sigo respirando, odio, resignación, súbita alegría, babeante locura la mía que comparto en silencio con estos tarados que atrapan moscas para arrancarles las alas.
Las alas de un sueño, que son tan frágiles que se acaban rompiendo, es tan delgada la línea que separa el sueño de la realidad, la cordura de la locura que no sé en que bando estoy. Pero sé que sigo respirando y esa condena mi obliga a intentar discernir en que raya del campo juego.
Las manecillas del oxidado reloj se han detenido en el preciso momento en que entre aquí, me cubrieron con una manta porque tenía frío, Madre me intentaba infundir ánimos: " tranquilo Norman, yo sé que eres incapaz de matar a una mosca, pero mientras yo siga a tu lado, no permitiré que nadie te hago daño":
Es increible la capacidad del ser humano para habituarse a cualquier situación, para mi los alaridos histéricos de mis compañeros de celda, los ataques blandiendo cuchillos de plástico contra los enfermeros, los electroshocks, las pastillas, la incesante lluvía, tan sólo forman parte de mi ensalada diaria.
Pero si hay un motivo porque el un hombre no se vuelve loco, es porque sé aferra a una razón cuán clavo ardiendo. La mía, por estúpida que parezca, es la voz de Madre: " Norman, estámos perdiendo dinero, portate bien, finge, y sal de aquí, para reabrir inmediatamente el Motel".
Hasta que punto sé que mi madre está muerta y ya no tiene poder sobre mi conciencia.... no discierno entre la realidad y la ficción. Al doctor Blowstone le digo simplemente lo que quiere oír, pero son palabras vacías, huecas... a medida que salen de mi garganta, me regocijo por dentro, y me asombro de lo mentiroso patólogico que puedo llegar a ser, y todo por sobrevivir.
La terapia no me sirvió para nada, tan sólo yo tengo la llave que encaja en la cerradura para cerrar de una vez por siempre el baúl de mis recuerdos y lanzarlo al cenagal, dónde arrojé todos mis actos que me han conducido hasta este lugar. Quiero volver al Motel, y quiero enfrentarme por primera vez a los fantasmas que siguen rondando mi mente, es una lucha que quedó interrumpida por mi ingreso en el psiquiátrico.
Estoy en el patio del psiquiatrico, tumbado en la sombra de un árbol. De repente un gorrión se posa en una rama, lo cojo..... siento ganas de romperle su frágil cuello, para volver a mis labores de disecación..... pero una voz interior me grita que no lo haga.... abró las manos y el gorrión vuela libremente perdiendose en los nublados cielos.
El doctor Blowstone anotá regocijado este prodigioso avance en su libreta, yo le miro de reojo, y sonrió, dejando entrever mi desgastada dentadura mientras un hilillo de baba resbala de la comisura de mis labios. Mañana será mi juicio.
tan sólo me faltan 5 capítulos para acabar mi historia.

2 comentarios:

  1. Gran introspección en la psique humana

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  2. 4 capítulos más, y empiezo ya con mi novela sobre jack el destripador, 300 páginas me ocupó.

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