lunes, 29 de abril de 2013

la puerta del infierno

hoy nos vamos de viaje, a un lugar completamente mágico, llamado las puertas del infierno, queda en el suroeste de turquía, y a sido hallada gracias a unos investigadores italianos.
Según los documentos históricos, esta entrada al Averno estaba rodeada de vapores letales, de forma que cualquier animal que pasara a su interior encontraba una muerte instantánea, tal y como escribió el geógrafo griego Estrabón en el siglo I a.C.
 
Precisamente esa es una de las características que posee la cueva que ha descubierto el equipo del profesor de la Universidad de Salento Francesco D'Andria, tras una amplia investigación arqueología en hierapolis
Esta ciudad, ubicada en la actual Pamukkale y declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1998, alcanzó su máximo esplendor bajo el dominio romano, donde fue famosa por sus aguas termales a las que se atribuían propiedades curativas.

D’Andría y su equipo localizaron la Puerta de Plutón mientras reconstruían la ruta de un manantial termal. De hecho, los manantiales que producen las las terrazas blancas de pamurkale se originan en la cueva descubierta por los arqueólogos.

En sus alrededores se encontraron numerosas ruinas que formaban un gran complejo ceremonial. Entre ellas, localizaron un templo, una piscina y una serie de escalones que concuerdan con las descripciones que las fuentes antiguas hacen del lugar. Además, encima de unas columnas situadas en la entrada de la cueva podía leerse una inscripción dedicada a los dioses del inframundo.

Según narra el arqueólogo, durante la excavación vieron cómo varios pájaros morían asfixiados cuando trataban de acercarse a la entrada de la cueva, de la que emanan abundantes gases letales. Aunque quizá sea una advertencia de Plutón para que no crucemos la entrada y rompamos casi dos milenios de tranquilidad.

 El descubrimiento, que ha corrido a cargo del veterano investigador Francesco D’Andria, arqueología en la Universidad del Salento-Lecce, que lleva años estudiando los resto de la vieja Hierápolis, se produjo por casualidad.


Franceso D’Andria lleva años realizando excavaciones en las ruinas de la ahora ciudad turca, donde, no hace mucho, aseguró haber hallado la tumba de San Felipe, uno de los 12 apóstoles de Jesús. En su búsqueda de nuevos restos siguió el rastro de un manantial termal, que le condujo directamente a la mismísima “Puerta del Infierno”.

“Pudimos ver las propiedades letales de la cueva durante la excavación”, ha asegurado el arqueólogo a la cadena de televisión estadounidense Discovery Channel, a la que explicó que “varias aves murieron instantáneamente cuando intentaron acercarse al calor de la abertura caliente”.


Según parece, la presunta entrada al inframundo, mantiene su aura mágico-mitológica intacta más de 20 siglos después, gracias a las mortales emisiones de dióxido de carbono que aún emanan de su interior.
 Aunque el equipo de arqueólogos dirigidos por D’Andria aún no ha podido explicar este fenómeno letal desde un punto de vista científico, asegura que esta circunstancia convirtió “Puerta del Infierno” en un lugar de culto religioso y peregrinación en la Antigüedad.

Se supone que los antiguos sacerdotes se quedaban deliberadamente a una distancia razonable de la cueva e inhalaban esos gases con el fin de tener visiones.

Los peregrinos que visitaban el lugar, dormían al lado de una piscina cercana, cuyos restos también han sido desenterrados, junto a las ruinas de un templo.

Al parecer, los fieles se bañaban en la piscina y dormían cerca de la grieta de la que emanaban los gases, ya que se creía que de esta manera podían ver el futuro en sus sueños.

Otra de las evidencias que apoyan la hipótesis de que esta apertura solía ser la “Puerta del Infierno” en la antigua mitología grecorromana es el descubrimiento de varias columnas con dedicatorias a los antiguos dioses del submundo, Hades para los Griegos y Plutón para los romanos.
 Según los documentos históricos, esta entrada al Averno estaba rodeada de vapores letales, de forma que cualquier animal que pasara a su interior encontraba una muerte instantánea, tal y como escribió el geógrafo griego Estrabón en el siglo I a. C.  “Este lugar está tan lleno de vapor que es muy neblinoso y denso. Se puede ver el suelo con dificultad. Cualquier animal que pasa encuentra la muerte instantánea”.


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