lunes, 24 de septiembre de 2012

helsinki 1952

Después de las olimpiadas austeras de Londres 1948, le tocaba el turno a Helsinki que había tenido que esperar por unas razones u otras desde el año 1940. La participacion en esta olimpiadas fue de 69 paises, que presentaron a un total de 4955 atletas, 519 mujeres y 4436 hombres, que disputaron 149 pruebas.
Antorcha Juegos Olímpicos Helsinki 1952En Helsinki ya se noto y mucho la recuperación económica mundial, pues en esta olimpiada se construyeron instalaciones deportivas e infrastructuras, para la ocasión.
La villa olímpica fue construida en, Kappy, apenas a dos kilómetros del estadio olímpico y la piscina. Alemania y Japón regresan a la competición después de su exclusión en Londres 1948, vuelve también la Unión Soviética después de 40 años de ausencia voluntaria de los juegos olímpicos.
Los atletas de los países del este no se hospedaron en la villa olímpica como el resto, sino que se fueron mas lejos, a la ciudad de Ottianhemi; para estar mas retirados del ruido y tener una mejor concentración, cosa que se notó sobremanera al final en el medallero.
Cartel anunciador Juegos Olímpicos Helsinki 1952 Para alojar a los turistas y voluntarios instalaron un campamento con capacidad para 6000 personas en la isla de Lauttarasi.
Después de la guerra los atletas demostraron que estaban en plena forma, en atletismo se mejoraron o igualaron veinte registros olímpicos. Los soviéticos, después de sus ausencias voluntarias, arrolla ron sobre todo en gimnasia y volvieron a su país con un total de 68 medallas. Pero lo verdaderamente espectacular fue la natación donde en todas y cada una de las pruebas se rebajaron las marcas y algunas en mas de una ocasión. En esta olimpiada fue la primera final de baloncesto entre estadounidenses y rusos con victoria de los primeros.
Cabe destacar a el Checoslovaco, Emil Zatopek que consiguio eclipsar al resto de competidores, ganando en unos mismos juegos los 5.000 metros, los 10.000metros y la maratón.
 Helsinki, la capital de la pequeña Finlandia, logró, por fin, su sueño: albergar los Juegos Olímpicos. Desgraciadamente, en 1952, no llegaron en el momento más floreciente de su poderío deportivo, o sea entre 1920 y 1940, años que sus atletas se cubrieron de gloria.
De todas formas, a pesar de la libertad condicionada en que se hallaba el país y los cambios provocados por la guerra, los finlandeses seguían apasionados por el deporte y le dieron un digno marco a la más grande competencia del mundo.
En 1938, ante la renuncia de Tokio a organizar los Juegos de 1940, Helsinki se preparó a realizarlos y su Estadio Olímpico ya estaba construido para esa época. Sólo debieron agregar tribunas de madera para elevar la capacidad de 50.000 a 70.000 personas.
Siete años después de la guerra, reaparecieron Alemania y Japón. En cambio, no concurrió China, porque el Comité Olímpico Internacional reconoció a la isla de Formosa, hoy Taiwan. Pero la gran novedad fue la incorporación de la Unión Soviética. Hasta 1912, la Rusia de los zares participó. Desde la revolución de octubre de 1917, los soviéticos permanecieron encerrados en sus inmensas fronteras e, inclusive, rechazaron la invitación de Londres 1948.
Los políticos soviéticos descubrieron que el deporte constituía un excelente y enorme aparato de propaganda. Para participar exigieron precauciones desmesuradas. Por ejemplo, evitaron que sus atletas pudiesen entablar relación con los de los demás países.
La principal de esas exigencias fue que la delegación no se alojase junto con las de los otros países en la Villa Olímpica del barrio de Käpylaä, una especie de colonia de 14 edificios, que luego se vendieron a familias modestas. Ante esta situación, se montó otra villa, construida de acuerdo con sus especificaciones, rodeada con un cerco doble de alambradas de púas, celosamente custodiada, con la prohibición expresa y rigurosa del ingreso a los extraños de la delegación, entre ellos la prensa y los fotógrafos.
FINLANDIA HONRÓ A SUS HÉROES
Finlandia se vengó del COI en la ceremonia inaugural. Un secreto muy bien guardado era quiénes iban a ser los dos últimos relevos en transportar el fuego olímpico.
De pronto, ingresó al estadio un hombre calvo, cincuentón, algo grueso, llevando en su mano derecha la antorcha. El elegante y rítmico trote era inconfundible. "Nurmi", gritaron los 70.000 espectadores. "Nurmi", dijeron los asombrados y pálidos dirigentes del COI, que en Los Angeles 1932 le habían impedido finalizar su extraordinaria trayectoria, al no permitirle participar en la maratón, acusado de incurrir en profesionalismo.

Nurmi pasó la antorcha a Hannes Kolehmainen, el gran campeón de Estocolmo 1912, quien por entonces tenía 62 años. El se encargó de encender el pebetero, que estaba en la cumbre de una gigante torre de 72,71 metros, distancia que lanzó la jabalina Matti Jarvinen para ganar el oro en Los Angeles 1932. Así, Finlandia honraba a sus héroes.
LA LOCOMOTORA HUMANA
En la tierra de los grandes fondistas, un checoslovaco conmovió al mundo con un increíble hito: en apenas seis días, ganó las medallas de oro en los 10.000 y 5000 metros, para cerrar su trilogía de éxitos con un triunfo por demolición en los 42.195 kilómetros de la maratón.
Emil Zatopek corría como si aguantase la tortura de haber sido maldecido, haciendo pivotar violentamente los brazos a través de su torso torcido, mientras que un rictus desfiguraba el rostro, donde la boca abierta, desformada por el esfuerzo, parecía buscar con desesperación el oxígeno perdido.
La imagen de Zatopek era la de un hombre en agonía corriendo con una soga alrededor de su cuello y con la mirada puesta en los cielos esperando una mano misericordiosa. Pero, para contrarrestar ese evidente sufrimiento, contaba con el bombear de sus robustas piernas, capaces de conducir al teniente del ejército checoslovaco al triple éxito más asombroso de la historia del atletismo y de los Juegos Olímpicos.
Emil, que decía que su rostro refleja simplemente una representación exterior del esfuerzo que producía y no de una manifestación de sufrimiento, no era ningún extraño a los Juegos. Ganó los 10.000 en Londres y quedó segundo en los 5.000, a un metro del belga Gastón Reiff.
 La guerra fría se había trasladado a los Juegos. Los soviéticos no intercalaban una palabra con sus rivales. Tras dos días de competición se produjo el gran cambio. El responsable fue el pastor protestante Bob Richards, doctor en teología, que, en la final de salto con garrocha se acercó al soviético Piotr Denissenko y lo felicitó cuando esté pasó la varilla ubicada a 4.20 metros.
Ese gesto del pastor norteamericano rompió el silencio. Richard, que decía: "Soy el único sacerdote que intenta llegar al cielo por sus propios medios", ganó la medalla de oro con 4.55 metros, récord mundial, y los primeros en saludarlo fueron los tres soviéticos que participan en la prueba. La comunicación entre los atletas había ganado su primera batalla.
En la final de los pesos pesados de boxeo, el sueco Ingemar Johansson, impresionado por su adversario, el norteamericano Edward Sanders, que había superado a sus rivales con enorme facilidad en las peleas anteriores, prefirió evitar el combate y se pasó todo el tiempo dando vueltas alrededor de Sanders.
Los jueces lo descalificaron por falta de combatividad y no recibió su medalla de plata. Curiosamente, el sueco tuvo una brillante carrera como profesional, hasta ganar el título mundial de los pesados frente al norteamericano Floyd Patterson en 1959. El COI, en 1982, le entregó aquella medalla de plata.

El día de la hazaña
Ocurrió un 1º de agosto de 1952 en el marco de los Juegos Olímpicos de Helsinski y nada menos que en la final por la medalla de bronce. Allí Uruguay disputó nueve minutos y veinte segundos con cuatro jugadores en cancha. Lejos de perder el encuentro los celestes aumentaron ventajas y vencieron 69-58,
Aquella delegación
La delegación uruguaya estaba compuesta por 12 jugadores: Martín Acosta y Lara, Enrique Baliño, Victorio Cieslinskas, Héctor Costa, Nelson Demarco, Héctor García, Tabaré Larre Borges, Adesio Lombardo, Roberto Lovera, Sergio Matto, Wilfredo Peláez y Carlos Rosello.
Los mismos eran dirigidos por el histórico Olguiz Rodríguez y viajaban además el Dr. José Chávez Miranda como presidente de la delegación y el Cr. José Pedro Damiani como delegado.
Uruguay había realizado una Olimpíada impecable y había perdido en semifinales con Rusia por apenas 4 puntos. Adesio Lombardo era el goleador (a la postre del torneo) y principal figura de los celestes
Los argentinos
La Argentina llegaba a Helsinski con el honor de ser la Campeona del Mundo gracias al título obtenido en Buenos Aires en 1950. Uruguay no asistió a dicho campeonato debido a problemas políticos con el gobierno de Perón.
Su figuras eran Oscar Furlong al que los argentinos llamaban “el primer crack” y el lungo húngaro de 1,95 Juan Gaszo.
Dirigidos por Rodolfo Masilla estos eran sus hombres: Leopoldo Contarbio, Hugo del Vecchio, Furlong de Oscar, Juan Gaszo, Ricardo González, Rafael Lledo, Alberto López, Rubén Menini, , Omar Monza, Rubén Pagliari, Raúl Pérez Varela, Ignacio Poletti, Juan Uder y Roberto Viau.
El antecedente
Ambos equipos se habían enfrentado dos días antes en el penúltimo encuentro del grupo. En esa ocasión los uruguayos sorprendieron a todos al vencer a los argentinos por 66-65 con 21 puntos de Lombardo.
Uruguay impuso su ritmo lento y se llevó el primer tiempo 39-31. Pero la Argentina repuntó gracias a los puntos de Furlong (23) y Del Vecchio (11) y llegó a igualar el encuentro a cinco minutos del final.  De allí en más los albicelestes pasaron al frente pero se “confiaron”. Con tres puntos por delante en el marcador el base Raúl Pérez decidió atacar la canasta (cuando no había 30 segundos) y falló una bandeja. En la recarga Lombardo señaló una jugada de tres puntos y llevó el encuentro a la prórroga. 
En el alargue Macoco cerró el juego con un tiro de laguísima distancia y pese a que los argentinos anotaron un libre el triunfo fue para los celestes.

En Finlandia, la hazaña más importante lograda en atletismo Helsinki 52 e incluso en la historia de los Juegos Olímpicos, fue la cosechada por el fondista checoslovaco Emil Zatopek quien se convirtió en el único en conseguir la medalla de oro en 5.000 y 10.000 metros y en el maratón en los mismos Juegos. Además, coincidió con que su mujer, Dana Zatopkova, lanzadora de jabalina, venció también en su prueba.

Hombres contra mujeres. En hípica se permitió que compitiesen hombres contra mujeres y la danesa Lis Hartel se hizo con la medalla de plata a pesar de que debían ayudarle a subir y bajar del caballo por tener paralizadas las piernas de las rodillas a los pies debido a un ataque de polio. Lars Hall, un carpintero de Suecia, se hizo el primer ganador no militar del pentatlón moderno.

En cuanto a la participación española, no hay mucho que destacar, tan sólo la plata lograda por Ángel León en pistola libre. Además, por primera vez en la historia se acuñó una moneda conmemorativa de los Juegos Olímpicos.

2 comentarios:

  1. Un campamento para 6000 atletas, que tiempos, ahora que se habla de villas olímpicas

    ResponderEliminar
  2. pues sí, otros tiempos, eso si que era competir por amor al arte.

    ResponderEliminar