lunes, 27 de agosto de 2012

vértigo ( entre los muertos)

1958. usa. 120 minutos. drama psicologico. 2 nominaciones al oscar. director: alfred hitchcock. reparto: james stewart, kim novak. henry jones, barbara bel geddes
sinopsis: Scottie Fergusson (James Stewart) es un detective de la policía de San Francisco que padece de vértigo. Cuando un compañero cae al vacío desde una cornisa mientras persiguen a un delincuente, Scottie decide retirarse. Gavin Elster (Tom Helmore), un viejo amigo del colegio, lo contrata para que vigile a su esposa Madeleine (Kim Novak), una bella mujer que está obsesionada con su pasado.
Tras revisar Vértigo con una lectura más profunda, es imposible dejar de cuestionarse los supuestos logros argumentales de los trhillers psicológicos actuales. Películas que nos maravillan con sus inesperados giros de guión, donde nada acaba siendo lo que parece y donde el personaje principal sucumbe ante una crisis mental que le está alejando de una realidad que sólo el espectador cree conocer. Hace más de cuarenta y cinco años Hitchcock cocinaba con ese material, y es en Vértigo donde se reta a sí mismo para hacer una de sus películas más personales y autobiográficas desde el punto de vista de sus obsesiones, miedos y fantasmas.
Vértigo lo tiene todo. Técnicamente es una película virtuosa y preciosista. Mimada y pensada hasta el último detalle, obsesiva como su protagonista y como su realizador. Sólo cabe pensar en Kubrick como alguien tan o más obsesivo en cuanto a la puesta en escena se refiere, como parte fundamental de la historia, que esconde y moldea entre líneas las claves para acercarse a lo pretendido por el autor haciendo de lo puramente visual y escenográfico un pulso de interactividad con el espectador.
Vértigo es además una película tramposa en el mejor sentido de la palabra. Un thriller policiaco que sirve de Mcguffin tras el que se esconde una historia de amor macabra y enfermiza. Esta vez Hitchock, huyendo de sí mismo, despoja la película de todo arquetipo y artificio de suspense al que tenía acostumbrado a su público. Y de forma deliberada va desvelando la supuesta trama principal que preocupa al espectador. La del relato policiaco, la de las identidades, la de “descubre al asesino”.., para quedarse con lo que al él realmente le inquieta y que ya nos introduce en el primer acto, mientras Scottie sigue durante quince mintos de metraje en silencio, los pasos de Madeleine; Una mórbida obsesión, una atracción irrefrenable hacia el objeto de deseo, una mujer que no existe, un amor inalcanzable, por etéreo e imaginario, por frío y misterioso. La “rubia fatal” que siempre inspiró al director.
Con una banda sonora como nunca antes se había visto, y que ha servido de inspiración en todos los compositores de cine actuales, homenajeada y copiada hasta la saciedad, Vértigo es una película moderna y adelantada a su tiempo. Censurada en parte, por lo necrófilo y adultero. Criticada por sus cepos y sus desentramados, ambigua por la psicología de su personaje principal, misógino y deshumanizado por momentos y su desasosegante objeto de deseo que no se ajusta a lo habitual o a lo políticamente correcto.
Hoy Vértigo es un verdadero manual de cine. Un lienzo de obligada revisión, en el que se aprende, se reflexiona y lo más importante, se nos invita a experimentar esa extraña y desconcertante sensación de atracción y miedo al unísono que es el vértigo y que por qué no, también son nuestros objetos de deseo.
 Hitchcock era un genio muy perverso. Y eso es de las cosas que más me gustan de él. No sólo llena su cine de esa perversión, a veces muy explícita, la mayoría tan sugerente como atractiva, sino que me la contagia, me saca mis instintos más básicos y me fascina. "Vértigo" o "De entre los muertos" es una sucesión de perversiones, perversiones pasionales, con ánimo de lucro, enfermas, irracionales, todas ellas una sola, la fascinación.

Se divide en dos partes claramente diferenciadas. La primera es la que creemos que es real, sin embargo es todo apariencia salvo la obsesión que permanece en el personaje de Stewart, y la segunda es en la que Hitchcock nos desvela sabiamente que es todo apariencia, sin embargo ahí es cuando descubrimos que el poder de la película hasta ahora era sólo la punta del iceberg.

La atmósfera de esta película es de una fuerza vampírica, emerge de la propia pantalla para absorber casi todo el raciocinio que pretenda volcar para meterme en este tortuoso pasillo de espejos, de apariencias, un pasillo mágico y recóndito. Porque Hitchcok hace unas pocas trampas, y casi se lo perdono porque la trama queda casi por completo eclipsada por el ambiente que consigue, un ambiente casi indescriptible, pero al que tengo claro que ayuda una magistral partitura de Herrman, los títulos de crédito de Bass, la impecable fotografía, y sin duda lo más importante, Kim Novak.

La escena del beso es una de las mejores de la historia del cine. Es la que resume toda la esencia del film, Hithcock gira ante ese torrente de magia, fascinación, pasiones, perversión en el que podemos observar como los fantasmas que han poseído a Stewart se liberan en la duración de ese beso, y como Novak le atrapa y le chupa la sangre, y la música de Herrman acompasando todo ese baile de máscaras.

No es posible otro final, tiene que acabar así. No hay "happy ending" posible, ya no. Stewart ha sido curado de espanto, ya es inmune, le han arruinado la vida. Lo que ya no le perdono a Hitch es la forma tan atropellada y cutre con que me lo cuenta, que me hace despertar del fascinante trance incómodamente, y la magia desparece en parte. Eso impide que yo la considere un obra maestra, pero de entre todas las "casi obras maestras" de Hitchcock, ésta es la más "casi".

 -Qué difícil poner nota numérica a una película como ésta, cuya fuerza principal reside en su capacidad para fascinar, emocionar o hipnotizar al espectador. Que, además, se basa más en oleadas de sensaciones que en un conjunto sólido a todos los niveles.

-Ni mucho menos ponerse a buscar significados ocultos, rompecabezas o mensajes subliminales como afirman muchas críticas bastante duras con la obra de Hitchcock. Que al inglés le gustasen más las rubias que las morenas no va hacer que la película nos impacte más o menos. Tampoco saber si la obsesión tan bien retratada era en parte suya.

-En esa obsesión está la clave*. Es pues una enfermedad de la que podemos contagiarnos o no, claro, si uno cae la cosa es muy disfrutable, una experiencia brutal. Si no, se produce un desfase importante y tenemos que tirar de un análisis más frío para una obra donde la frialdad no existe. En ese caso, que conste, me sigue pareciendo que es buena aunque no funcione al nivel de "La ventana indiscreta" o "Psicosis", más redondas, más universales.

-Estaríamos pues ante la hermana rara de "Con la muerte en los talones", otra cinta donde hay que entrar en el juego o salir a patadas. Con la diferencia de que aquella se basaba en algo más cercano a lo que la mayoría exige y entiende por entretenimiento, con lo que resulta más popular. Normal. Su punto de partida me parece también más interesante.

-Y es que el problema de "Vértigo" es que su técnica está ideada para hacer al espectador partícipe de emociones muy extremas, por lo que si éste no recibe esa carga emocional no va a interesarse por dicha técnica. Un golpe arriesgado, como cuando un futbolista la engancha de volea a 30 metros: si entra decimos que es un genio, si se va aunque sea por un metro pensamos "qué coño pretendía?". Claro, aquí no entra para todos, es así de sencillo.

-Claro que es inverosímil. El cine en Hitchcock es más onírico que nunca, da igual que no nos digan que al final todo era un sueño. Tan orgánico y primario como la volea que entra por la escuadra. "Pretende dibujar un arco con ella? Qué representa esa patada a un balón?". No representa nada, coño, es un golazo.

-Una película, en todo caso, especial. Merece por tanto ser vista en condiciones especiales en las que, a lo mejor, entramos en su juego y disfrutamos como enanos. Y no, eso no pasa con todas. Ni por asomo.
 Realizado por Hitchcock, es uno de sus trabajos mejor elaborados. Escrito por Alec Coppel y Samuel A. Taylor, se basa en la novela "D'entre les morts" (1954), de Pierre Boileau y Thomas Narcejac. Se rueda en exteriores de San Francisco, San Juan Bautista y LA y en los Paramount Studios, con un presupuesto de 2,5 M dólares. Producido por Hitchcock, se estrena en "première" el 9-V-1958 (San Francisco).

La acción tiene lugar en San Francisco en 1956/57. John "Scottie" Ferguson (James Stewart) es un inspector de policía de baja por acrofobia (miedo irracional e irreprimible a las alturas). Un antiguo compañero, Gavin Elster (Tom Kelmore), le encomienta que siga a su esposa Madeleine (Kim Novak), con tendencias suicidas.

La película combina drama, drama psicológico, misterio, thriller y romance. Madeleine encarna el prototipo de mujer que fascina al realizador: rubia, distante, fría, sobria, seductora y atractiva. Es la esencia de la mujer hitchcockiana, que el realizador define, según los biógrafos, a partir de su amor imposible por Grace Kelly. El film es fruto de un trabajo intenso y detallado, en el que se hace uso del miedo, la ansiedad, el misterio, sueños y pesadillas, obsesiones, la transformación de la realidad, los impulsos oscuros y el deseo del ser humano. Contiene escenas de gran intensidad dramática y emocional, como corresponde a una exploración de la profunda desolación del protagonista y la decepción de la chica. Ha sido homenajeado, adaptado e imitado en numerosas ocasiones ("Fascinación", 1976, Brian de Palma). Rinde homenaje a "Él" (1953), de Buñuel (campanario). Es memorable el beso apasionado en el hotel, mientras la cámara rodea a la pareja. La narración, de ritmo pausado, está hecha desde el punto de vista de Scottie ("alter ego" del realizador). Las enigmáticas referencias a la frigidez/impotencia de John (bastón, torre, etc.) incrementan el misterio de la obra.

La música, de Bernard Herrmann ("Psicosis", 1960), muy emotiva, consta de 18 cortes. Destacan "Preludio", "El sueño" y "Escena de amor", que acompaña al beso de Judy a John. La partitura ofrece composiciones inquietantes, románticas y melancólicas, de aires propios de las músicas del siglo XX. Las primeras apariciones de Madeleine se acompañan de melodías suaves, lentas y sensuales. La fotografía, de Robert Burks, en vistavisión y color, aporta un largo elenco de imágenes fascinantes, de excelente factura. Es curiosa la utilización del "trombone shot" ("zoom" más "travelling" hacia atrás) en las escenas de vértigo. El cromatismo predominante, verde y rojo, da paso en ocasiones a coloraciones intensamente azuladas. Son notables las imágenes del bosque milenario de "sequoia sempervivens" en el Big Basin Redwoods State Park (CA), del ascenso de John con Madeleine en brazos tras rescatarla del mar, de John colgado sobre el vacío asido del tejado, la secuencia animada y otras. Excelente vestuario de Edith Head. Interpretaciones sólidas y convincentes.
 Para mí la mejor película de ese gran mago del cine llamado Alfred Hitchcock. Una película capaz de engancharte como pocas. Una genialidad del maestro del suspense. Hitchcock nos revela la verdad de lo que ha ocurrido mucho antes del final y por eso el espectador sabe más que el protagonista. Curiosa fórmula pero eficaz, muy eficaz porqué quedamos ansiosos de saber que es lo que pasará. ¿Cómo descubrirá James Stewart la verdad? (si es que la descubre). Además la historia está contada con el ritmo trepidante tan característico de las películas de este director. Ningún detalle es en vano, todo tiene su significado y su importancia. La obsesión del personaje protagonista es un reflejo de la personalidad del director y pocos actores serían capaces de plasmar esto como lo hace James Stewart en la cuarta y última colaboración con Hitchcock. En cuanto a Kim Novak, decir que posiblemente no haya hecho una actuación en toda su carrera tan buena como esta. Sería la única vez que trabajaría con el director y por lo que parece la relación entre ellos no fue del todo cordial. Nadie lo diría viendo el resultado.
Como curiosidad decir que esta película no fue muy bien acogida en la época de su estreno ni por público ni por crítica pero con el tiempo ha conseguido convertirse en una joya imperecedera y una de las obras más significativas y valoradas de la extensa filmografía de Alfred Hitchcock. Además, bajo mi punto de vista, podemos encontrar una de las escenas mas bellas de la historia del cine. Se trata de la escena en la habitación del hotel con la transformación de Kim Novak, esa luz verde y ese beso de los protagonistas con la cámara girando alrededor de ellos. Impresionante.
 Sólo voy a comentar una circunstancia de los personajes protagonista de esta película. Además este nuevo aspecto no ha sido apreciado por mí en un nuevo visionado; puede, incluso, que cuando vuelva a verla, que seguro que lo haré varias veces más, ni siquiera me fije en esto, o incluso visionándola por ese motivo, termine por no examinarlo. Otra característica de esta película es la hipnosis que provoca en el espectador.

Tengo la curiosidad por saber lo que pasa por la mente de alguien que nos conoce y que sabe de alguna aflicción interior que nos atormenta. Con esto no quiero señalar hacía ninguna habilidad social, ni una calibrado de nuestra exposición a que nos dañen o nos ayuden utilizando una información ersonal; tampoco trato de explorar al otro, al albacea de un secreto, al poder que tuviera, que pudiera usar en detrimento o a favor en una circunstancia dada, con cualquier objetivo ya sea amistoso o interesado. Sólo me interesa la percepción de los sentimientos del otro hacía ese pesar. O incluso, siendo todavia más ambicioso, los actos que acometerá. En el cine, curiosamente, los sentimientos e impulsos suelen ser mostrados (si el actor y el director se afanan en la tarea); los pensamientos, las decisiones pasadas por el tamiz de la voluntad, sus juicios como conclusión, son el "suspense" real de la película en su último tramo: ¿qué decisiones tomará Kim Novak?

No es el objetivo principal de Hitchcock, o eso creo, buscar ese "suspense", encarrilar las guias del guión hacía este punto. Creo que surge por consecuencias de otras muchas elecciones que un principio pudieran ser más interesantes. Creo que ese tramo final del film es material sensible. Incluso discutible, ya que se abren muchas interpretaciones posibles y muchas sensibilidades empiezan a diverger (buena señal para un film que empezó sólo con un misterio de novela negra).

Me sorprendió en el "Regal café" la opinión de una mujer sobre la película. "No me gusta nada. Es una película misógina. La mujer es maltratada psicológicamente". Me pareció una opinión interesante, desde una perspectiva que, mea culpa, no había considerado. Pero no la había considerado desde mi apasionamiento por el "amour fou" y su manifestación, por Wagner detrás de Herrmann, y los colores de esta "Vertigo". El "amor mata" y por "amor mueres" no eran argumentos de peso para debatir a esta mujer, que además se mostraba tajante en este aspecto. El caso es que razón tiene.
 Scottie (James Stewart) es un policía retirado a causa del vértigo que adquirió en una trágica persecución a un delincuente.
Un conocido lo contrata para que vigile secretamente a su bella esposa (Kim Novak), la cual parece tener un comportamiento extraño, algún desequilibrio psicológico.

A partir de aquí, es difícil continuar la sinopsis, sin desvelar acontecimientos tan sorprendentes y continuos que sin duda estropearían el visionado del film. Solo adelantar que amor, muerte, engaño, ...y quizá fantasmas se entremezclan en una trama única en la historia del cine.

Con "Vértigo", de 1958, subtitulada "De entre los muertos", nos encontramos, de manera asombrosa con la conjunción del mejor trabajo realizado por el director Alfred Hitchcock, la mejor actuación de ese grandísimo actor, James Stewart, todo perfectamente acompañado de una esplendida Kim Novak y con la mejor música posible, compuesta, como no podía ser de otra forma, por Bernard Herrmann.

La maestría de Hitchcock, nos transporta de una película policiaca a un sueño, a una pesadilla, en la que pronto cae en el olvido la trama inicial para sumergirnos en un mundo opresivo, fantasmagórico, donde el engaño se convierte en amor y el amor en obsesión, donde los límites de lo real y lo onírico se confunden, así como los del tiempo (extraordinariamente rodado en la famosa escena en el bosque de secuoyas).

En realidad es una historia muy triste, sobre la pérdida y la enfermiza obsesion por recuperar aquello que se amaba, la causalidad de los actos y las consecuencias que estos acarrean, y que acaban por surgir cuando menos lo esperas, y digo que es una historia triste porque la unión de un personaje frustrado por esa pérdida con el remordimiento de otro personaje en una enfermiza relación amorosa no podía acabar de otra forma que no fuera trágica. ¡Y de que manera lo acaba Hitchcock...! un clímax en el que regresan y se conjuran por cumplir con esa tragedia todos los demonios interiores de ambos protagonistas. El destino no es cruel, no es justo ni injusto, en esta historia, pero es el destino, inamovible y fríamente coherente, sobretodo cuando analizamos la película a posteriori, por que, eso sin ninguna duda, es una historia que nos subyuga, que nos atrapa, que se nos impregna permanentemente, para siempre.
Desde luego tiene momentos, escenas, que se tornan inolvidables, y no esperéis ver una fotografía prodigiosa, ni mucho menos, es la propia historia fuertísima, a traves de unos actores, sobretodo James Stewart, colosales, y acompañada, tengo que resaltarlo otra vez, por los temas absolutamente apropiados compuestos por Herrmann.

El análisis de esta película tan imprescindible siempre se queda corto e incompleto ya que su complejidad es enorme.

Solo decir que "Vértigo" siempre consta para crítica y público como una de las mejores películas del siglo XX.
Es una obra de arte.
 Hay en Vértigo una atmósfera melancólica que atrapa, y te lleva a hombros de Scottie Fergusson (James Stewart) a cada uno de los rincones por donde transita, en principio, la apacible vida del solterón y retirado detective de la policía de San Francisco; como si el otoño se hubiera adelantado y a nuestro protagonista, buen hombre y buen amigo, le empezaran a sobrar paseos por las doradas alfombras que las hojas han trenzado en los parques de la cálida ciudad californiana.
Y aunque atractivo y divertido es el caminar pausado, observar la frontera que marcan las faldas a media pantorrilla y las rectas costuras de las medias, eludir las insinuaciones de la mujer que quieres por cómplice y hermana….(con la música de Bernard Herrmann caracoleándote el sombrero), un hombre de acción necesita de otros alicientes.
Al menos eso debió pensar Scottie cuando su antiguo compañero de colegio, Gavin Elster (Tom Helmore), le encomienda vigilar a su esposa Madeleine (Kim Novak) que siente una atracción especial hacia la llamada de sus antecesores muertos. Lo que no le había contado su compinche de pantalón corto es que la mujer de nombre francés es una elegante preciosidad de cabello de plata y mirada de gacela herida.

Y sin querer llega el amor; y tras él la ceguera, la pasión, el dolor, la traición…..; y el tranquilo, afable y caballeroso señor Fergusson alarga el gesto, otrora redondito y sonrosado, para convertirse en un personaje doliente de El Greco. Y comienza a ver lejos lo que antes era próximo y experimenta ese otro vértigo eterno, como sed infinita, como remolino inacabable, que durará hasta que el maestro de los maestros del suspense, Don Alfred Joseph Hitchcock (Leytonstone, Londres, 13 de agosto de 1899 - Bel Air, Los Ángeles, 29 de abril de 1980), grite ¡corten!, poniendo fin a la pesadilla.
 Esta película es sin duda una de las mejores películas de Hitchcock, y pertenece su edad de oro, donde rodó La ventana indiscreta o Con la muerte en los talones, y de Vértigo digo que para mí entre la filmografía de Hitch solo la supera Psicosis, que es su obra maestra.
en esta película el maestro del suspense nos muestra una historia que altera
la realidad, donde todo parece lo que no es, hasta que se llega a las pesadillas, como le pasa a estos protagonistas.

Esta película me ha gustado por todo su contenido, desde los excelentes créditos de Saul Bass, o la banda sonora hasta el gran final en el campanario de la iglesia de San Francisco, pero hay una escena que está muy bien trabajada, me refiero a la escena del sueño de Scottie; por otra parte digo que la trama está bastante elaborada, con un ritmo atrapante, a veces lento y a veces rápido, la película como bien dijo Hitchcock está dividida en dos partes, y en la segunda es cuando aumenta la intriga, cuando empieza esa historia de amor imposible.

Por los actores, pienso que hacen una buena actuación, James Stewart se vuelve a superar, pero, esta sería su última película con Hitchcock y este también fue el papel que lanzó a la fama a Kim Novak.

Para terminar digo que esta película se ha hecho un hueco en la historia del cine, bien sea por sus actores, por su trama o por su banda sonora, lo que si
Sé es que hay escenas que se recordarán, como la del beso en la bahía o la imagen final de James Stewart en el campanario, que a mí me parece uno de los mejores finales.
 Es posible enamorarse de un sueño? ¿De algo que realmente no existe pero queremos, anhelamos y necesitamos para sobrevivir? Los espectadores nos enamoramos de proyecciones, de espejismos de una mentira conocida que aceptamos como verdad, que nos arrastra y nos conmueve, que nos engaña y nos seduce, que deseamos revelar y descubrir sus secretos, para hacernos descender en una interminable espiral. El cine siempre ha sido un truco de hipnosis, del artificio de lo invisible y “Vértigo” la magia que salió de la chistera de Alfred Hitchcock.

Como suele ocurrir en estos casos su camino y creación parecen ahora procedentes de un rocambolesco destino. Hitchcock quiso hacerse con los derechos de la novela de Pierre Boileau y Thomas Narcejac (‘Celle qui n’était plus’) que finalmente adaptaría H.G. Clouzot en una de las cumbres del cine de suspense en “Las diabólicas”. Los autores ‘recompensaron’ al mítico director escribiendo ‘D'Entre Les Morts’ y ofreciendo los derechos a Paramount para que fuera llevada a la pantalla por él.

Esa catarsis del cine, el destino y la hipnosis la convierte en un ejercicio de prestidigitación: ¿No es el cine un espacio limitado en el que quedan atrapados sus personajes? ¿En el que están condenados a volver a asomarse y caer por el abismo? ¿A resurgir nuevamente de sus cenizas para volver a repetir el proceso? Woody Allen en “La rosa púrpura del Cairo” jugó con una posibilidad de escape ante ese trágico e interminable destino y espiral, pero “Vértigo” se centra en el ritual del proceso y del avance hacía la caída. Ensombrecida y espectral, recubierta por un halo de necrofilia y bucles infinitos, el destino en caída libre marcando la gravedad y precio de enamorarse de algo que no existe. La trama policial acaba siendo un mero mcguffin para centrarse en ese obsesivo, fetichista y necrofílico amor. Realmente “Vértigo” es un drama romántico en plenitud y tragedia.

La muerte y el amor arrastran la marea del suspense, lo anulan hasta darle el toque de gracia. Ese fue el motivo por el que Hitchcock da una estacada mortal a la incertidumbre y decide desvelar el misterio para que nos centremos en las dudas de esos seres perdidos en esa espiral en la que están atrapados sus destinos. El miedo a aceptar el sino se impone: todos estamos suspendidos y aferrándonos a la vida y mirando en la distancia a la muerte, guiados como Scottie por señales que nos conducen a través de lo fortuito. Tal vez el título original de la novela -y elegido en nuestro país- sea el más apropiado para entender esta obra maestra imperecedera. Volver de entre los muertos, como Scottie, como Madeleine, como San Francisco, como los espectadores que quedan tan desamparados como su protagonista. Porque hagamos lo que hagamos siempre caeremos…
Aunque es difícil decir qué es y qué no es una obra maestra, en mi opinión, esta película inventa un lenguage nuevo. Por ello es maestra, es nueva y única. Desasosegante, llena de intriga, no sólo en la historia que nos cuenta, sino en el ojo que mira la historia. Entre la vida y la muerte. Entre lo real y lo que no lo es.

Llena de imágenes llenas de irrealidad, fascina su tempo, su cadencia y el retrato de la mentira (para todos) y la obsesión (para el protagonista, demasiado ocupado en "su realidad"). Es decir, la película retrata una mirada disociada entre la imaginación y la realidad. Es por ello que la película es muy difícil y será incomprendida (como la mayor parte de la Obra de Hitchcock, el gran incomprendido de la historia del cine), pero muestra algo estremecedor: la intriga reside en saber qué es real y qué no lo es. Y no es una casualidad que esta unión entre imaginación y realidad se una mediante un puente (el de San Francisco) y los sólidos pilares que lo sustentan.¿Recuerdan la escena? No se pueden hacer bromas al respecto (¿recuerdan la escena de Bel Geddes y la imitación del cuadro?)

Este lenguage se repite en "Los Pájaros" (otra obra monumental) y se sustenta en un prodigio de banda sonora y fotografía. Y en unas intepretaciones extraordinarias. Stewart borda al personaje y Kim Novak núnca estuvo igual. Además, entendían la película y la intención. Por esto, aunque la cinta se mueve en aguas ambigüas, no puede ser más directa y potente.

Este lenguage necesita que muchas de las imágenes sean extrañas, como si fueran de un sueño. El viaje a la realidad de Stewart es duro y difícil. El collar, el amuleto, la conexión, la trampa, el juego del engaño. Es como mirar el abismo desde el campanario de una misión española en California, donde al final, mirando al abismo, se vence el vértigo.
Una compleja obra maestra. En cuanto a la dirección como siempre soberbia, consiguiendo unos planos el maestro impresionantes, yo que padezco vértigo, me siento en la piel de stewart subiendo por el campanario. En cuanto a la historia, es la historia más salvaje de alfred hitchcock, más que psicosis, aquí hablamos de necrofagia, culto a los muertos, pero con diamantes.
Kim novak está obsesionada, con sus antepasados y con la idea de suicidarse, al menos eso piensa stewart, aunque sin saberlo está siendo una víctima de un fraude. Una vez que se entera, es demasiado tarde para el, el se quedó pillado con la historia, está enamorado de una "muerta" que está muy viva, Madeleine. Vive sólo para su obsesisión, y cuando viste a Julý como madeleine, ahí teneis su obsesión en grado agudo, el final en el campanario con la monja, simplemente sublime. Esta película es cómo un viaje a la sin razón humana, el mundo de los sueños, el viaje al lado más oscuro del ser humano, el stewart más loco y peligrosamente obsesivo, en definitiva: obra maestra.

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