lunes, 25 de julio de 2011

Alfonso XIII su poder

Los poderes del rey dericaban del propio texto constitucional, al que, sin embargo, se le fue dando una interpretación liberalizadora. Lo que no cambio, fue el comportamiento del electorado.
Un presidente que obtenía la confianza real, lo solía atribuir a sus propios méritos, mientras que quien la perdía le achacaba la culpa al monarca. Lo que Maeztu, definió cómo proceso goemétrico de esta acumulación de agravios.
Se ha afirmado la existencia de un mundo arisocrático que rodeaba al palacio real y le aislaba de la opinión, pero la realidad es que gran parte de esa aristocracia era de procedencia reciente, no siempre era el sector más conservador.
Hubo dos sectores influyentes, dos terrenos en los que la intervención del monarca fue muy importante. La restauración borbónica se había producido merced a una intervención militar, y el principal protagonista de la misma, Martínez Campos, fue tradición de intervencionismo político de los militares, todavía presente en las últimas conspiraciones republicanas. En esas condiciones, al monarca le correspondía según la ley fundamental, exclusivamente el mando supremo del ejército y los nombramientos requerían la aprobación directa y previa suya:  el rey, al tomar el mando del ejérctio, no necesitaba ser refrendado por ministro alguno y tenía, en la práctica, un cierto derecho de veto, en las cuestiones militares.
Trataba de mantener relaciones afectuosas con la oficialidad y tratar con campechanía a los destacados miembros militares, que siguieron manteniendo hasta los años treinta sentimientos monárquicos. Consciente del papel del ejército en el pasado y de que en relación con la cuestión militar se habían producido los enfrentamientos más ásperos durante la restauración, entre los partidos de turno y en el seno de los mismos, Alfonso XIII, procuró repetidamente evitar el enfrentamiento entre el poder militar y el civil, y fue gestor de los intereses del uno ante el otro y viceversa.
Otro ámbito de la intervención del monarca, fué las cuestiones internacionales. Era pariente de a mayor parte de monarcas europeos, pero además, consideraba que a él le correspondía la defensa de los altos intereses nacionales, de acuerdo con la propia constitución de 1876. Además, la inestabilidad gubernamental provocaba que él mismo mantuviera una relación más constante on los embajadores extranjeros en España y con los representantes de nuestro país en el exterior.
De las monarquías de la Europa del Sur, la portuguesa cayó en 1910, y , a partir de 1922, con el ascenso del fascismo, se puede considerar que la italiana se vio reducida a un papel marginal, lo que no le ocurrió de ninguna manera a Alfonso XIII durante el régimen de Primo de Rivera.
En realidad, en España la intervención del monarca en la vida política no fue otra cosa que un aspecto parcial de los problemas que traía un proceso de modernización.
El conocimiento del monarca de la realidad española era nula. Simplemente se encargó de sobrevivir en el cargo, a base de : mantener al ejército de su parte, saber las intenciones de los políticos, y mantener relaciones con la monarquía extranjera, a los que vió caer uno a uno, ante su angustía y es que el sabía que lo acabarian echando.

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