viernes, 22 de mayo de 2020

Das Boot

La Rochelle (Francia), octubre de 1941. Un submarino alemán tipo VII C, el U 96, sale a la mar desde esa importante base de submarinos, en una misión de patrulla durante la Segunda Guerra Mundial.

Junto a su tripulación va también un periodista, corresponsal del Ministerio de Propaganda, joven y novato, el teniente Werner (Herbert Grönemeyer), quien es el narrador en tercera persona de la trama. La tripulación está compuesta por un grupo de jóvenes marinos que viven días de angustia durante estas patrullas y que cuando están fuera de servicio se extralimitan y se desenfrenan, sabiendo que es posible que no regresen de la próxima misión. Entre ellos están el jefe de máquinas Fritz Grade (Klaus Wennemann), el primer teniente (Hubertus Bengsch), un nazi fanático ferviente de las reglas, y el maquinista Johann (Erwin Leder), un amante de los artefactos mecánicos.

El capitán Henrich Lehmann-Willenbrock (Jürgen Prochnow) es un líder nato, dotado con una excepcional fortaleza y control emocional, sumado a ser un marino experimentado, comprensivo y con mucho criterio y tino, lo cual lo hace ser muy respetado por su tripulación. Su meta es cumplir con su deber lo mejor posible y volver con vida junto a sus hombres; de su criterio e iniciativas dependen la vida propia y la de su tripulación. El maquinista Johann, hombre vital en el funcionamiento del submarino, cuida los motores con paternalismo profesional; pero oculta que su mayor debilidad son los ataques con bombas de profundidad los cuales le causan crisis de pánico.

Las condiciones de vida a bordo son extremadamente agobiantes por el hacinamiento y la falta de espacio. Tras torpedear con éxito unos barcos de un convoy, emergen para comprobar con horror cómo los marinos británicos de un barco, aún a flote, arden vivos. También se ven obligados a abandonar a los supervivientes siguiendo órdenes pre-existentes, y tampoco son rescatados por el convoy por temor a nuevos torpedeos, y son dejados a su suerte por el submarino por la imposibilidad de transportarlos. La vida sigue a bordo del U 96 donde deben aguantar el tedio, las tormentas, ocasionales encuentros con U-boot amigos o aburridos días sin salir a superficie.

Nuevas órdenes los hacen dirigirse al puerto de Vigo, en España. Allí son recibidos por la oficialidad de un buque alemán internado, que en realidad es un buque de abastecimiento, siendo los oficiales del submarino respetados y agasajados con un banquete. Allí reciben nuevas órdenes, dirigirse al puerto La Spezia, en Italia, para lo cual deberán cruzar el peligroso estrecho de Gibraltar. Werner y el capitán Lehmann se enteran además de que sus solicitudes de volver a Alemania han sido denegadas.

Con el submarino repleto de alimentos frescos y torpedos, los marinos del U 96 inician la travesía. Al llegar a las cercanías del estrecho, el capitán decide cruzar durante la noche neblinosa la barrera de navíos británicos en patrulla, dejándose llevar por la corriente, pero son descubiertos y atacados de improviso por un avión. Con los motores a máxima velocidad, el submarino se sumerge para evitar ser destruido, pero un fallo en los alerones de proa no permiten estabilizar la nave, que se hunde cada vez más hasta tocar fondo a 270 metros de profundidad. El aplastamiento del casco de fuerza provoca filtraciones y roturas en los conductos que inundan de agua el interior del buque y el gas cloro de las baterías aplastadas en el hundimiento inunda el compartimento de máquinas, apareciendo el fantasma de la muerte por asfixia. Todo parece estar perdido, pero el liderazgo de su capitán crea el espíritu de lucha por sobrevivir actuando en equipo. La tarea es ardua y extenuante, casi ahogándose mientras luchan contra las filtraciones. Cada uno a su modo, se convierte en héroe al lograr sus objetivos en sus respectivas áreas.

Finalmente, gracias al dificultoso pero mancomunado trabajo en equipo y tras 16 horas de reparaciones, salen del fondo del mar y ya en la superficie por fin toman rumbo a La Rochelle, su punto de partida, donde después de cantar alegres himnos y gozar de ser sobrevivientes son recibidos como héroes en el muelle nada menos que por el mismo Karl Doenitz.

Sin embargo, un ataque sorpresa de aviones británicos De Havilland Mosquito rompe el solemne momento, y todos corren por la dársena para salvar sus vidas en medio de una lluvia de bombas perforantes. El submarino intenta refugiarse en un muelle antiaéreo, pero es alcanzado por las bombas. El teniente Werner busca desesperadamente al capitán Lehmann en medio del bombardeo, sospechando que éste ha decidido quedarse en el U 96; Werner finalmente halla a su capitán, gravemente herido por las esquirlas de bombas, tendido junto al muelle. Allí Werner y Lehmann observan al U 96, tocado por las bombas, que empieza a hundirse irremediablemente mientras Lehmann lo observa herido en tierra. Al mismo tiempo que el U-96 desaparece, el capitán fallece a consecuencia de sus heridas.

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