viernes, 27 de diciembre de 2019

Destrucción de Pompeya

Razonemos en primer lugar, pensando en la hipótesis de la datación tradicional, y complementando lo que se sabe a través de los testimonios de la época romana que han llegado a nuestros días, con lo que puede observarse en las propias ciudades sepultadas y en las zonas aledañas. El 24 de agosto del 79 de nuestra era, Plinio el Viejo y su sobrino Plinio el Joven se encontraban en Miseno, que en ese entonces era el puerto que albergaba a la flota romana.


En Pompeya, ese día comenzaba normalmente. En lo que hoy día llamamos 'Casa de los Pintores al trabajo' o 'Casa de los Pintores que trabajaban', un equipo de obreros comenzaba tranquilamente con las tareas planificadas para esa jornada, cubriendo una pared con yeso fresco, mientras que el pictor imaginarius trazaba el esbozo de la pintura que pensaba realizar.16​En un determinado momento que podemos situar entre las diez de la mañana y el mediodía, las tareas de estos trabajadores se vieron abruptamente interrumpidas, probablemente por una serie de explosiones freatomagmática que seguramente acompañaron el inicio de la erupción del Vesubio. Después de una sacudida, un pintor encaramado en un andamio, dejó caer un recipiente de cal, cuyo contenido salpicó y ensució la pared, lo que pudo ser constatado por los arqueólogos diecinueve siglos más tarde.17​ Mientras tanto en Miseno, ninguno de estos particulares acontecimientos fueron advertidos ni por Plinio el Viejo ni por su sobrino, quienes en esos primeros instantes permanecieron totalmente ajenos a la catástrofe que se avecinaba y a los acontecimientos que se sucedían en el área pompeyana.15​

Pero hacia la hora 13 de esa jornada, en momentos que el tapón de lava que bloqueaba la chimenea del Vesubio acababa de saltar por los aires, la esposa de Plinio el Viejo, señaló a los presentes lo que estaba observando, una enorme formación oscura sobre la bahía de Nápoles. Y según los escritos dejados por Plinio el Joven, allí también presente, estas emanaciones que seguramente comenzaron siendo inicialmente no muy abundantes, con el paso del tiempo fueron adquiriendo una forma que se asemejaba a un paraguas de pino ; debido a este antecedente, es que a partir del siglo XX, a esta formación característica de este tipo de erupción volcánica se la llamará « penacho pliniano Gracias a estudios estratigráficos, sabemos actualmente que en el curso de las primeras siete horas de la erupción, gran cantidad de piedras pómez blancas cayeron sobre Pompeya, cubriendo la misma a un ritmo de 15 cm por hora, y acumulándose, formando una capa de entre 1.30 y 1.40 m.20​ Pero hacia la hora 8 de esa tarde, la composición del magma se modificó, y una lluvia de piedras pómez cada vez más « grises », se abatió sobre Pompeya. Así, el espesor total de la capa de piedras pómez de los diferentes colores que cubrió Pompeya, alcanzó aproximadamente los 2.80 metros. La consistencia de estas piedras pómez por cierto es variable. Si bien las « bombas volcánicas » pueden matar, los lapilli son muy livianos, y tienen un tamaño comprendido entre 2 y 64 mm, por lo que difícilmente pueden causar un daño grave. Por el contrario, la acumulación de estos materiales livianos sobre los techos de las construcciones, puede provocar que los mismos se derrumben y se aplasten. Con facilidad es bien posible figurarse que con gradualidad en el tiempo, esta situación pudo dificultar y limitar los movimientos de los habitantes que trataban de escapar de Pompeya y de sus alrededores. Aunque los lapilli son livianos, es posible imaginarse que algunas personas como Plinio el Viejo y sus compañeros, que deben de haber puesto ropas y tejidos en sus cabezas y en sus bocas y narices para protegerse del polvo y de los productos de la erupción volcánica, a la larga deben de haber terminado por sofocarse. Además, seguramente debe de haber sido cada vez más difícil de desplazarse, a medida que los vapores y el humo volcánico oscurecían la luz del Sol, acompañado ello con temblores sísmicos que seguramente también deben de haberse producido. Y Plinio el Joven debe de haber experimentado situaciones similares en Miseno al día siguiente.

Y quienes resultaron afectados por este tipo de circunstancias durante el desarrollo de la erupción del Vesubio del año 79 d. C. seguramente reaccionaron de manera variada. Algunas familias posiblemente pensaron que era aconsejable refugiarse en las bodegas de sus respectivas casas, esperando que el fenómeno pasara, decisión que les resultó fatal, ya que la capa de piedras y de otros productos no cesaba de acumularse sobre ellos… Así, al no salir de sus refugios, finalmente perecieron todos asfixiados, ya que después de algunas horas, el espesor de la capa de materiales volcánicos que se encontraba sobre ellos resultó ser muy considerable, lo que provocó que los techos de las casas se derrumbaron, matando a quienes creyeron que sus respectivos hogares sería un lugar adecuado que les protegería.

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