jueves, 27 de junio de 2019

El camión de oro republicano

Y es que, en ella partieron varios lienzos de gran importancia artística. Unos cuadros que, en parte, provenían del Museo del Prado. Algo que es corroborado a día de hoy por la propia web del centro, donde se explica que, el 5 de noviembre, Josep Renau (director general de Bellas Artes) informó al entonces subdirector del centro -Francisco Javier Sánchez Cantón- de que los cuadros de su centro viajarían a tierras valencianas para evitar que cayeran en manos enemigas. La orden llegó esa misma tarde y establecía (en principio) que 42 obras debían ser preparadas para el viaje. Exactamente 37 de ellas pertenecían al Museo, mientras que el resto eran propiedad de varias instituciones. Al final, este número varió.


Aunque la decisión parecía lógica, no gustó demasiado en el Museo. «El subdirector vio mayor riesgo para la integridad de las obras en el viaje que en su permanencia en Madrid. La determinación de las autoridades republicanas de evacuar de Madrid las obras de arte se basaba, no sólo en motivos de seguridad frente a los bombardeos, sino también en razones políticas: el Gobierno republicano pretendía con ello mantener un control directo del tesoro artístico español. La operación de evacuación se llevó a cabo de manera precaria al disponer de personal técnico, materiales de acondicionamiento y medios de transporte escasos, a pesar de lo cual fueron trasladados más de dos mil cuadros, la casi totalidad de la colección real de tapices y miles de libros, documentos y objetos histórico-artísticos», se determina en la web.El periplo del tesoro terminó en Valencia y Barcelona. Al menos hasta 1938, cuando la situación de la República era insostenible y la capital catalana estaba a punto de caer en manos del ejército de Franco. En ese momento, según afirma el historiador Philippe Valode en su obra « Los dossieres secretos de la Segunda Guerra Mundial», las riquezas que todavía estaban en posesión del gobierno fueron llevadas hasta un último enclave en la que defenderlas.

Aunque las versiones varían en este punto, la región que señala este historiador sería Figueras (algo que encaja, pues Asiaín determina por su parte que en esta zona había un castillo que hacía las veces de «almacén central» y que contaba con una ingente fortuna en su interior).En este emplazamiento permaneció el tesoro hasta que estuvo claro que la caída de la República era inminente y que los franquistas no tardarían en plantarse frente a las puertas del último reducto del gobierno. Para entonces el calendario se había detenido en los primeros días de febrero de 1939 y el éxodo de españoles hacia Francia se había generalizado.

«En febrero de 1939 parecía que toda Cataluña estuviese huyendo. Algunos refugiados prefirieron coger la ruta costera [...]. Los demás, la mayor parte de la población, cruzaron la frontera en Le Perthus, lo que provocó grandes atascos de varias decenas de kilómetros. Otros, para intentar evitar las multitudes, se alejaron de las carreteras, fueron por caminos o sendas de montaña, y se encontraron en valles y puertos más o menos impracticables en ese momento del año», completa Valode en su obra.

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