viernes, 4 de enero de 2019

Los últimos días del Che

Escrito por Juan Carlos Salazar, Humberto Vacaflor y José Luis Alcázar, "La guerrilla que contamos. Historia íntima de una cobertura emblemática" narra detalles, hasta ahora desconocidos, de esa histórica asignación periodística.

"Estamos publicando fotos inéditas nuestras; documentos también inéditos, pero todo vinculado, precisamente, con la cobertura periodística", explicó Salazar durante una entrevista con dpa.El "Gato" Salazar, al igual que Vacaflor y Alcázar, fueron enviados como "corresponsales de guerra" y por eso tuvieron que vestir uniforme militar boliviano. Su centro de operaciones fue Camiri, un poblado del departamento de Santa Cruz ubicado a más de 1.000 kilómetros de La Paz."Los tres somos setentones y que yo recuerde el resto de los colegas que fueron enviados a esa misión ya han muerto", apuntó Salazar, ex jefe del Servicio Internacional en Español de dpa, quien reportó desde la zona del conflicto para la local Agencia de Noticias Fides (ANF), que pertenece a los jesuitas.


Alcázar relata que quería conversar con el Che sobre las razones que lo llevaron a intentar propagar la revolución que triunfó en Cuba en 1959, pero que cuando llegó ya estaba muerto.Inspirado en las utopías socialistas de su época y en plena Guerra Fría, el Che llegó a Bolivia en 1966. Durante 11 meses combatió en el sudeste del país, donde fue capturado el 8 de octubre de 1967 y ejecutado al día siguiente. La noticia la envió Alcázar por telegrama.

El reportero fue enviado a la zona de la guerrilla por el diario "Presencia" y en el libro relata los combates que presenció entre los guerrilleros y las fuerzas militares bolivianas que estaban asesoradas por Estados Unidos.La tercera parte de la obra fue escrita por Vacaflor, a quien le tocó contar la historia de cómo la foto de los tres primeros detenidos vinculados con la guerrilla llegó a ser publicada también en "Presencia": se trataba del francés Regis Debray, al argentino Ciro Bustos y el inglés George Andrew Roth.

El rollo de la cámara, que sobrevivió milagrosamente a la incautación por parte del Ejército, estuvo perdido durante días tras ser enviado por correo, mientras las autoridades negaban que hubiesen hecho prisioneros. Hasta que llegó a la redacción del diario y ya no pudieron ocultarlo.

Vacaflor vivió años más tarde en Londres, donde la casualidad hizo que pudiera ver los diarios del Che poco antes de ser subastados. "Yo me fui y el fantasma del 'Che' Guevara me seguía persiguiendo", afirmó.

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