miércoles, 7 de noviembre de 2018

Masacre: Ven y Mira

Unión Soviética 142 minutos. Drama Bélico. Director: Elen Klimov. Guión: Elen Klimov. Música: Oleg Yanchenko. Fotografía: Aleksey Rodionov. Productora: Mosfilm. Reparto: Alexei Kravchenko,  Olga Mironova,  Liubomiras Laucevicius,  Vladas Bagdonas, Victor Lorents
Sinopsis: Película de encargo para celebrar el 40 aniversario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. Relata, a través de los ojos de un niño progresivamente endurecido por el sufrimiento, la matanza sistemática de los habitantes de las aldeas bielorrusas durante la guerra
Ver Masacre: ven y mira es, sin duda alguna, una experiencia única. Contemplar ante tus ojos cómo desfilan los horrores de la guerra, las miserias del ser humano sin un ápice de exageración y con un realismo desmesurado y, sí, rozando lo puramente morboso, acercándose a lo simplemente grotesco. Pero hay maneras y maneras de ir concediéndole puntos a lo morboso y Klimov las conoce y aplica todas.

En la presentación, se muestra cómo Floryan cava en busca de un rifle para unirse a los partisanos bielorrusos -pieza clave, por cierto, en la desocupación de esta, por aquel entonces, república soviética de poético nombre: la Blanca Rusia- mientras es ayudado por un niño que viste un casco alemán y un largo abrigo militar. Un acercamiento al morbo con primeros planos del niño mientras alecciona a Flor para poder encontrar el fusil, un pequeño atisbo de la locura en que todos los civiles se van a ver sumidos. De ahí en adelante, el ambiente sólo puede crecer en dureza, en horror, en tristeza y en dolor. De ahí en adelante, la puta guerra.
(continúa un análisis/destripe de ciertas partes de la trama en la zona de spoiler)

Fundamental para la creación de ese ambiente cruel y de apocalipsis individual que azota al espectador es el sonido, no sólo la música, sino el excelente manejo que se realiza del sonido mientras acompaña a la imagen. El sonido marca la pauta en la película, en los momentos cumbre introduce al espectador en la perspectiva del protagonista y eleva su grado de implicación a límites difícilmente alcanzables, con el consiguiente sufrimiento que éste padece. Sufrimiento que muta en insania.

El progresivo envejecimiento de Floryan nos da una idea de la dureza de lo vivido y más sabiendo que, algún día y en algún lugar, todo eso fue real. Tras acabar la película debe comprobarse delante de un espejo si las balas que silbaban por encima de nuestra cabeza han provocado en nosotros el mismo resultado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario