viernes, 26 de octubre de 2018

Quema de libros en a Coruña

En A Coruña, por ejemplo, en las cercanías de la Dársena se quemaron numerosos libros propiedad del reconocido Centro de Estudios Sociales Germinal, entre otras muchas entidades republicanas, socialistas y anarquistas, así como algunos de los requisados en la vivienda del presidente del Gobierno, Santiago Casares Quiroga, en la calle Panaderas, y de otros muchos hogares particulares.También en Vigo el periódico El Pueblo Gallego publicó el 7 de agosto de 1936 una nota del comandante encargado de la censura previa: «Comunico se haga saber al público, con carácter general, tanto a librerías como puestos particulares, que todo aquel que tenga en su poder estampas pornográficas, libros de carácter subversivo y de ideas marxistas, sean entregadas en esta Comisaría, dentro de las 24 horas siguientes a ser radiada esta orden por la Emisora de Vigo, en la inteligencia de que aquellas que no los presenten y les fueran ocupadas en registros o por cualquier otra circunstancia, serán multadas con arreglo a su capacidad económica».
El día 24 siguiente, el mismo Quintana Pardo envió dos oficios requiriendo a los propietarios de dos establecimientos públicos, el de Antonio Gallego y el de Enrique Lodeiro, para que en el plazo de 48 horas entregasen «todos los libros, folletos, periódicos y demás impresos que tengan en su establecimiento de carácter marxista en todos matices y antirreligiosos y pornografícos». Más hogueras...

Los libros tildados de «literatura y propaganda comunista, anarquista, sindicalista y socialista», requisados de la casa de los Miñones fueron los siguientes: Incesto, de E. Zamacois; cuatro tomos de La Guerra y la Paz (sic), de León Tolstoi; La Internacional sangrienta de los armamentos (traducción), por Luis de Navia; Los que teníamos doce años, traducción del alemán por W. Rocer; Ana Karenine (sic), por Tolstoi; ¿Qué es la sindicación obrera?, por Victor Diligent (dos tomos); Primer Congreso Nacional de Unión Republicana (un tomo bis); Tres estatutos generales del Partido de Unión Republicana, y una revista de Acción Socialista (argentina). En fin, la metáfora de un tiempo de sombras. Después, apilados los libros incautados en Corcubión, Campia, con verdadera devoción ordenó quemarlos comunicando al gobernador civil que: «La biblioteca -del Sindicato de Oficios Varios, de la C.N.T., de Corcubión- ha sido examinada y he procedido a la quema de todos los libros y folletos que contenía por ser mucho de ideas extremistas y la mayor parte pornográficos.Los muebles y enseres están depositados en este Ayuntamiento -y trasladados posteriormente al cuartel de la Guardia Civil- a disposición de V.E.... Corcubión, 22 de agosto de 1936».

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