jueves, 4 de octubre de 2018

La mujer maldita

1968 Inglaterra 113 minutos. Terror. Director: Joseph Lorey. Guión: Tennesse Williams. Música: John Barry. Fotografía: Douglas Slocombe. Productora: Coproducción GB-USA. Reparto: Elizabeth Taylor,  Richard Burton,  Noël Coward,  Joanna Shimkus,  Michael Dunn, Romolo Valli,  Fernando Piazza,  Veronica Wells,  Howard Taylor
Sinopsis: La insoportable señora Goforth, propietaria de una isla en el Mediterráneo, pasa allí el verano, entre pastillas, histerias y el libro que está escribiendo. Un día, llega a su casa el poeta Christopher Flanders, que asegura que ella lo ha invitado. “The milk train doesn’t stop here anymore” (El tren lechero ya no se detendrá más aquí) fue una obra escrita por Tennessee Williams en 1963, y entre los que la pusieron en escena, se encuentran los renombrados directores Tony Richardson y Michael Wilson, quienes la tenían en alta estima. Pero, parece ser que al igual que la película que, con guión del mismo Williams, dirigiera Joseph Losey (titulándola "Boom!"), a los críticos no les agradó mucho y ambas recibieron más palos que flores en tierra inglesa y norteamericana.

¿Razones? Me da la impresión de que la obra, y por supuesto la película, pone a mucha gente frente a un triste y frustrante espejo… y a nadie le agrada que desnuden sus miserias cuando solo ha ido a entretenerse. Y otra razón, es la ya sabida de que, al común de la gente, no le gusta el lenguaje cargado de alegorías y sutilezas que impliquen un gran esfuerzo de comprensión por su parte.

Y es precisamente en estos dos aspectos, donde se centra la gran valía de esta obra que es toda una delicia en sus diálogos y donde el sentido de la vida queda tan bien plasmado, que mucha gente sentirá, quizás, unas cuantas punzadas que le dolerán por un largo rato. Y para complementar la riqueza inherente a sus profundas ideas, el director ha puesto a sus personajes en un set que me recuerda al de “El león en invierno”, donde cada objeto, cada pared y cada estructura, complementan perfecta y delicadamente lo que va ocurriendo entre los personajes.


Esa suntuosa isla convertida en jaula; ese lujo de vajillas donde se deniega una tostada con mantequilla; esa abundancia de joyas y de cristales donde tan solo hay soledad; esa arrogancia ante la vida donde solo hay miedo y afanes de apariencia, deja muy bien sentado el vacío existencial que suele cubrirse con ostentaciones.

“Sissy” Goforth (el nombre bien podría aludir a la categoría de reina) es la clase de ser que lo tiene “todo”… pero nada de lo que tiene le merece ese mínimo de afecto por el cual estaría dispuesta a unos cuantos sacrificios. Su incapacidad de dar hace que su vida luzca ahora como un enorme desperdicio, y es quizás por esto que llega “L’angelo de la morte” (El ángel de la muerte) encarnado en Christopher Flanders, un singular poeta de un solo libro, quien le ha tomado la palabra de visitarla la única vez que había hablado con ella. Y entre ellos estará “El brujo de Capri”, una suerte de barón que resulta muy bien informado y sabe a qué apunta aquella particular visita, y la joven Blackie, la secretaria contratada para escribir las memorias de la “reina”.

La película emana una magia indescriptible, y para quien sea capaz de entregarse sin restricciones a la búsqueda de significados, los encontrará por doquier en las ropas (bata negra de samurai, vestido transparente, gorro colmado de piedras preciosas…), en las estancias (sombrías, apagadas…) y en cada uno de los objetos que llegan a manos de los personajes (el libro de poesía, citófonos, la espada, los papeles en blanco…) o que se ponen a nuestra vista (el abismo que lleva al mar, la comida que nunca se consume... y hasta la chica que descubre cada una de las mentiras), y en conjunto, “LA MUJER MALDITA” es a plenitud una suerte de tesoro por descubrir. Terminé con ganas de volver a verla.

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