jueves, 4 de octubre de 2018

Crimen de Puerto Hurraco

El domingo 26 de agosto de 1990, seis años después del incendio y cuatro del apuñalamiento de Antonio Cabanillas a manos de Jerónimo Izquierdo, los dos hermanos varones de éste, Emilio y Antonio Izquierdo, de 56 y 52 años respectivamente, tras despedirse de sus hermanas Ángela y Luciana Izquierdo de su casa de Monterrubio de la Serena, asegurando que "Vamos a cazar tórtolas", y vestidos de cazadores y armados con escopetas automáticas del calibre 12, se escondieron al anochecer en un callejón del pueblo de Puerto Hurraco para después salir y disparar en una plaza numerosos cartuchos contra miembros de la familia Cabanillas que allí se encontraban, en especial buscaban a Antonio Cabanillas Rivera. Posteriormente, el tiroteo derivaría contra cualquiera que se cruzase accidentalmente por la calle con ellos. Los hermanos Izquierdo dejaron 9 muertos, entre los cuales se encontraban dos niñas hermanas de la familia Cabanillas, Encarnación y Antonia Cabanillas (hijas de Antonio), de 13 y 14 años respectivamente, que jugaban en la plaza y a las que los hermanos Izquierdo dispararon sin miramientos a corta distancia, y en torno a una docena de heridos de diversa gravedad. Algunos acabaron tetrapléjicos en silla de ruedas el resto de su vida. La tercera de las hermanas de Encarnación y Antonia, María del Carmen Cabanillas, se salvó por estar en casa de una de sus primas. Un niño de 6 años, Guillermo Ojeda Sánchez, fue alcanzado en el cráneo, quedándose en coma.5


Este crimen era de un nuevo acto de venganza porque los consideraban culpables del incendio de una casa de su propiedad en la que falleció su madre, Isabel Izquierdo. La munición empleada era de postas, cartuchos que contienen nueve gruesos perdigones de plomo. Tras su fuga, los Izquierdo incluso llegaron a disparar contra una unidad de la Guardia Civil que acudió de la casa cuartel de Monterrubio de la Serena alertada por los vecinos. Los dos agentes de la Benemérita resultaron gravemente heridos en el interior de su vehículo antes de poder dar el alto a los asesinos o tratar de defenderse con sus armas reglamentarias.Tras la matanza los hermanos Izquierdo huyeron al monte, a la Sierra del Oro, sembrada de olivares. Las unidades de la Guardia Civil que los buscaban los encontraron durmiendo nueve horas después del inicio de la tragedia y fueron detenidos sin resistencia. Fueron conducidos al juzgado de Castuera (Badajoz), lejos de Puerto Hurraco, y de los más que posibles ajustes de cuentas. Emilio Izquierdo, tras su detención, no mostró el más mínimo signo de arrepentimiento: "Ahora que sufra el pueblo como yo he sufrido durante todo este tiempo", mientras su hermano Antonio aseguró que aún tenían pensado continuar con la sangría: "Si no nos hubieran detenido habríamos vuelto al pueblo a dispararles durante el entierro de los muertos".6​ Los hermanos creían haber matado a una veintena de personas, y lo cierto es que dispararon a veintiuna, pero sólo consiguieron asesinar en el acto a siete, más dos heridos que fallecieron al cabo de un par de semanas en el hospital Infanta Cristina de Badajoz.

Las dos hermanas, Luciana y Ángela, de 62 y 49 años respectivamente, huyeron con rapidez de su casa de Monterrubio de la Serena y llegaron en tren a Madrid, aunque a los cuatro días (el 30 de agosto de 1990) tuvieron que regresar a Castuera para declarar ante el juez. A las puertas del juzgado esperaba Antonio Cabanillas, el padre de las dos niñas asesinadas, con un gran cuchillo en la mano, pero fue desarmado y detenido por la Guardia Civil, que custodiaba el edificio ante las probables represalias.

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