martes, 28 de agosto de 2018

Valverde gana en la vuelta, sigue insaciable

Pablo va creciendo. Empezó subiendo al podio siendo un bebé y llevando pañales y poco a poco ya le llega al padre a la altura del pecho. Es la única referencia de que el tiempo va pasando, de que las victorias de su padre, Alejandro Valverde, marcan diversas épocas de la vida deportiva, cultural y política. Cuando en el 2003 ganó su primera etapa en la Vuelta, Leo Messi ni había debutado en el Barça, José María Aznar era el presidente del Gobierno y nadie entre sus ministros se planteaban por aquel entonces sacar a Francisco Franco del Valle de los Caídos. Ni existía Twitter, ni WhatsApp. Y ni siquiera funcionaba el AVE entre Barcelona y Madrid.


Han pasado tantas y tantas cosas. Pero él, por supuesto, sigue ganando. Y aquí en la Vuelta. Y aquí en el Caminito del Rey, porque si hay un monarca en el ciclismo no es otro que Valverde. Y Pablo debe sentirse muy orgulloso de su padre, el que este domingo ha levantado los brazos por décima vez en una etapa de la ronda española. El que no renuncia a nada. "¿Qué voy a tener presión alguna? ¡Qué tengo 38 años!". Y no lo parece. Qué va. A 500 metros, cuando sabía que solo el polaco Michal Kwiatkowski era el único que podía fastidiarle la victoria en una cuesta de apenas dos kilómetros, Valverde pasó a la acción. El polaco se fue con él. Lo dejó pasar y en la última curva antes de la línea de meta Valverde lo superó para tener hasta tiempo de levantar los brazos y festejar el triunfo.

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