lunes, 6 de agosto de 2018

Jarrapellejos

España 1988 90 minutos. drama. Director: Antonio Giménez Rico. Guión. Felipe Trigo. Música: Carmelo Bernaola. Fotografía: José Luís Alcaine. Productora: Producciones Cinematográficas Penélope / TVE. Reparto: Antonio Ferrandis,  Juan Diego,  Lydia Bosch,  Amparo Larrañaga,  Joaquín Hinojosa, Miguel Rellán,  Aitana Sánchez-Gijón,  Carlos Tristancho,  Florinda Chico, José Coronado. Sinopsis: Extremadura, 1912. Don Pedro Luis Jarrapellejos es el cacique de La Joya, el dueño y señor de vidas y haciendas. Nombra o destituye alcaldes y gobernadores. Hace y deshace matrimonios. No hay nada que no pueda conseguir, excepto a Isabel, bella y humilde adolescente que lo rechaza. Un día, Isabel y su madre aparecen violadas y asesinadas en su propia casa.La Joya, en Extremadura transcurre 1912, en tierras latifundistas de explotadores y explotados, ricachones caprichosos y pobres analfabetos, un caldo de cultivo donde el cinéfilo más que director Giménez Rico nos presenta un fresco social sobradamente conocido y tratado en tantas novelas (Los santos inocentes, Pascual Duarte) sobre la España Negra, atrasada, socialmente injusta y caciquil, pero en esta ocasión durante la época de La Restauración, como ocurría con el hecho real de “El crimen de Cuenca”. Adaptación de la novela homónima de Felipe Trigo, escritor olvidado y poco relevante en nuestra literatura. Se trata de una reconstrucción histórica que pretende ilustrarnos sobre algo afortunadamente anacrónico con respecto a nuestra sociedad de 1988, pero importante para comprender la dinámica histórica española del siglo XX.


Pero “Jarrapellejos” nos es más que una reconstrucción histórica que no va más allá de los tradicionales tópicos de la figura del cacique, espléndidamente encarnada por Antonio Ferrandis que intenta hacerlo creíble. Agraviado por la ambigüedad con que se nos presenta, resulta excesivamente esquemático en general sus personajes: además del cacique que acaba siendo el más listo de la función, tenemos a un joven burgués con inquietudes pero claudicante, joven dama calculadora y amoral, campesinos buenísimos y tontos, maestro intelectual de ideología socialista, tan ingenuo como bienintencionado, guarda jurado sicario del poder, señoritos ociosos y violadores, curas obsesos, jueces estúpidos, alcaldes consentidos y los poderes fácticos al servicio del poderoso que mangonea a su antojo.

Personajes planos y poco consistentes, de aduladores y serviles lacayos a Pedro Luis Jarrapellejos y su estirpe, dentro de un lenguaje previsible y academicista en una narración poco desarrollada y abrupta. Un espectáculo cinematográfico que sólo lo salva su buena fotografía, su ambientación, los actores y la fisicidad del paisaje. Un producto testimonial que no aporta nada nuevo a lo que la mayoría de espectadores ya sabíamos antes de ver esta película que se puede ver y apreciar en su contexto tras 40 años de dictadura y por la reivindicación de injustos tiempos pretéritos que ni seducen ni emocionan. Al menos, esa es la impresión que me sugiere esta película que denuncia la miseria moral, la represión sexual y la mezquindad del poderoso, filmada con la mejor voluntad por Giménez Rico, pero que no es de sus mejores trabajos.

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