lunes, 27 de agosto de 2018

Antoñita Colomé

Considerada una de las grandes estrellas del cine español durante la época de la II República. Hija de un sombrerero sevillano, se instala en Madrid siendo aún muy joven. En la capital se forma en canto y debuta en el Teatro Eslava. Debuta en el cine en 1931, con Un caballero de frac, de Roger Capellani y poco después interviene en Las luces de Buenos Aires, junto a Carlos Gardel.

 Antoñita Colomé tuvo una vida sentimental apasionada. Gozó y sufrió hasta apurar el cáliz. La actriz abandonó España a principios de los años cincuenta. Problemas conyugales la llevaron a cruzar el charco. Pero si el sufrimiento la llevó a sus simas más negras, Antoñita Colomé supo, como buena estrella, volar alto. El público la adoraba. Una película, El negro que tenía el alma blanca, sembró la fama de esta trianera nacida en 1912. Benito Perojo dirigió en 1934 este filme, que combina comedia, drama y musical. Basada en una novela de Alberto Insúa, la película pretende difundir un ingenuo mensaje antirracista. El éxito de la película fue rotundo en España, Argentina y Cuba. Antoñita Colomé tuvo tiempo luego de protagonizar cinco películas antes de que estallara la guerra civil. Dos de estos filmes, El malvado Carabel y La señorita de Trévelez, fueron dirigidos por uno de los grandes del cine español, Edgar Neville. Horror por la guerra Las cosas que vio en la guerra civil la horrorizaron. Escapó cuando pudo a París y allí conoció al que sería su segundo marido. Su primer matrimonio fue una chiquillada que duró menos que canta un gallo. Su segundo marido la hizo sufrir mucho. "En fin, yo es que en eso tuve mala suerte, aunque no tan mala porque tengo una hija guapísima", afirmó posteriormente en una entrevista. Su marido estuvo encarcelado en París un año por un asunto confuso. Colomé confesó en una entrevista haber estado "por equivocación" en la cárcel de San Sebastián en la guerra civil. "Cuando me metieron allí, yo pensé morir", relató en la entrevista. Luego, negó esta afirmación. Miguel Olid explica que la actriz contó esos recuerdos en una entrevista de 1990 y que "quizás ha querido olvidar aquello". Olid afirma que "la contienda civil fue absolutamente nefasta" para la estrella. Pasó cinco años sin rodar y volvió al cine en 1941 con Héroe a la fuerza, de Benito Perojo. El frente de los suspiros (1942), de Juan de Orduña, Mi fantástica esposa (1943), de Eduardo García Maroto, y El crimen de Pepe Conde (1946), de José López Rubio, son algunos de los filmes en los que trabajó en los cuarenta. En 1951 puso rumbo a Latinoamérica. A su regreso a España encontró un "panorama muy cerrado" y no quiso hacer más cine. Aunque intervino en un breve papel en una película de 1981, la memoria del público resucitó al verla en Pasodoble en 1988. La película tuvo cierto éxito comercial y reavivó el recuerdo de la actriz en el público. Posteriormente, llegaron los agasajos: el nombre de una calle en Sevilla en 1995 y el homenaje de la Academia de las Ciencias y Artes Cinematográficas de España en 1996. Antoñita Colomé vive ahora mecida por las olas suaves del recuerdo. Las cenizas de un cariño que hacía que fuera reconocida en todos los lugares reflejan a veces un pequeño destello.

Entre su filmografía, a las órdenes entre otros de Edgar Neville o Florián Rey, pueden destacarse títulos como El hombre que se reía del amor (1932), El negro que tenía el alma blanca (1934), El malvado Carabel (1935), El bailarín y el trabajador, La señorita de Trevélez (1936), La rueda de la vida (1942), El crimen de Pepe Conde (1946).

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