martes, 31 de julio de 2018

Los hijos de la noche

1939 España 100 minutos. Director: Benito Perojo. Guión: Aldo Vergano. Música: Jesús Guridi. Fotografía: Hains Scheib. Productora: Coproducción España-Italia; Ulargui Films Internacionales / Imperator Film. Reparto: Estrellita Castro,  Miguel Ligero,  Julio Peña,  Alberto Romea,  Hortensia Gelabert, Pedro Fernández Cuenca,  Blanca Pozas,  Emilio Ruiz,  Lili Vincenti, Giovanni Grasso,  Walter Grant
Sinopsis: Un grupo de marginados celebran la Nochebuena cantando y bailando por la calle. Al mismo tiempo, un millonario celebra la fiesta ofreciendo una gran cena a sus amigos. Este hombre recibe un telegrama de su hermana de América que le anuncia su visita después de más de veinte años sin verse. Como, a través de sus cartas, siempre le hizo creer a su hermana que lleva una vida familiar ordenada, necesita a dos personas que representen este papel. Por consejo de su mayordomo, dos ladronzuelos, “la Inglesita” y “el Piruli”, se hacen pasar por sus hijos, y “Currinchi” por el profesor de ambos.
El sabor de la navidad para mí comienza, cuando escucho a los niños de San Ildefonso cantar los números de la Lotería, desde pequeño sabía que ese día en el que comenzaban las vacaciones escolares, que ahora es bautizado como el día de la salud, pues todos nos congratulamos de que aunque no nos toque la lotería, al menos, tenemos salud. En Nochebuena íbamos pidiendo el aguinaldo a los vecinos cantando villancicos con la zambomba y las panderetas y mi madre siempre tenía un plato de turrón y dulces navideños en la mesa camilla que escondía un brasero, aquella noche cenábamos en familia un menú especial, dentro de nuestra humilde economía e íbamos a la Misa del Gallo.

Luego llegaba el día de Navidad y San Esteban para ir al parque navideño, dábamos la inocentada por los Santos Inocentes y en Nochevieja, tras comernos el pavo y las uvas, bailábamos o veíamos el especial musical de la tele. El día de año nuevo nos despertaba la Filarmónica de Viena, interpretando los valses y las polkas de la familia Strauss, nos felicitaban el año nuevo y no faltaba “El Danubio Azul” y la “Marcha Radetzky” para finalizar el concierto. Los saltos de esquí de Garmisch, eran el aperitivo de una copiosa y animada comida como marcaba la tradición. Finalmente tras la Cabalgata de Reyes, del día 5 de Enero, esperábamos impacientes a que llegara la mañana siguiente para ver los regalos, si habíamos sido buenos chicos…

Este relato nostálgico y melancólico me evoca un tiempo de ilusión y esperanza que a medida que nos hacemos adultos va desapareciendo, pero siempre me quedará la alegría de volver a ver como cada navidad en algún canal de TV. “Qué bello es vivir”, volveré a odiar al avaro Potter postrado en su silla de ruedas y derramaré alguna lágrima por George Bailey y la cantidad de amigos solidarios que representan el espíritu navideño.

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