jueves, 5 de julio de 2018

Criminal

2016 113 minutos. Inglaterra. Drama Director: Ariel Vromen. Guión: Douglas Cook. Música: Keith Power. Fotografía: Dana Gonzales. Productora: Benderspink. Reparto: Kevin Costner,  Gary Oldman,  Tommy Lee Jones,  Jordi Molla,  Ryan Reynolds, Alice Eve,  Gal Gadot,  Michael Pitt,  Antje Traue,  Scott Adkins,  Amaury Nolasco, Natalie Burn. Sinopsis: La historia del hombre adecuado en el cuerpo equivocado. En un último esfuerzo para detener una conspiración diabólica, implantan los recuerdos, secretos y habilidades de un agente de la CIA fallecido en un impredecible y peligroso convicto con la esperanza de que completará la misión.
Esta nueva apuesta del thriller scifi no pintaba nada mal en un principio. Ariel Vromen había dirigido “The Iceman”, un sombrío y muy interesante thriller mafioso que había gustado mucho a la crítica. Era el momento de que el director se asegurara una posición de interés para futuros proyectos. Además el guión corre a cargo de Douglas Cook y David Weisberg, guionistas de “Double Jeopardy” y la que ostenta el título de mejor película de Michael Bay (para algunos ex-aequo con “Pain & Gain”), “The Rock”. Y el reparto, protagonizado por un renacido Kevin Costner, tiene una lista de secundarios impresionante entre los que se encuentran: Gary Oldman, Tommy Lee Jones, Jordi Molla, Ryan Reynolds, Alice Eve, Gal Gadot y Michael Pitt. Con todo este equipo, una premisa bastante interesante y un trailer llamativo; todo apuntaba a que este decepcionante verano aún tenía alguna cosa que decir.

Pero nadie dijo que fuera buena. Así que nuestro odiado verano del 2016 decidió volver a hacerme sufrir en la sala. Porque aunque la premisa pintara interesante, todo lo demás no vale absolutamente nada. Desde el punto de partida el filme ya no se sostiene. El guión es espantoso. Era difícil escribir algo tan lioso, incoherente, contradictorio, insustancial e irrisorio. Y era aún más difícil manejarlo con tal nivel de seriedad como lo hace Vromen. Algo que vuelve todavía peor a la película, que ni siquiera es capaz de verse como una serie B sin sentido, sino que prefiere entenderse como un complejo entramado político, psicológico y emocional cuando es una chorrada tan vacía como inexplicablemente confusa. Un cruce discordante, formulario y soporífero entre “Bourne”, “Sin identidad”, “La Jungla 4.0”, “Eternal” y alguna de las muchas majaderías de Luc Besson. Y ni siquiera el increíble reparto mejora la propuesta. Todos están desaprovechados, algunos no sé ni para que salen y a penas dos de ellos se esfuerzan algo en que sus personajes parezcan mínimamente humanos. Este es el ejemplo de un Tommy Lee Jones con expresión de preocupación permanente hacia el protagonista, gracias a lo cual se forma una subtrama patética a todos los niveles. El otro es Costner, que resulta ser con diferencia lo único salvable de esta cinta. Entre héroe y villano, alternando la dureza, el chiste macarra y una ligera introspección.
La verdad es que no sé porque los actores se subieron a este barco, aunque está claro que sin ellos la película hubiera ido directa al mercado doméstico. Pero tampoco puedo culpar a los actores de no esforzarse cuando sus personajes son meros arquetipos sin motivaciones o coherencia interna. Véase el hacker de Michael Pitt, el innecesario y risible personaje de Alice Eve (ojo a esa relación que comparte con Gary Oldman, una frase), Gal Gadot en el lamentable rol de la mujer del protagonista y el villano de Jordi Molla, un anarquista español llamado Heimdhal, directamente sonrojante. El guión además de por personajes unidimensionales e innecesarios, está formado por diálogos pésimos de telefilme y una sarta de clichés a lo largo y ancho de dos

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