jueves, 7 de junio de 2018

La verdadera historia de William Wallace

William Wallace nació en Elderslie alrededor de 1274, y era el tercer hijo de Malcolm Wallace, un terrateniente que tenía propiedades y rentas en esa zona. El heredero de esas tierras sería su hermano mayor, Malcolm, y un poco en consecuencia la vida de William se orientó al clero. Se educó en una abadía en Dunipace, no lejos de Stirling, en donde era alumno de su tío paterno, aprendiendo a hablar francés, latín, gaélico e inglés. Al volver a su aldea parece ser que se casó con Marion Braidfoot, aunque éste es un detalle que está sujeto a discusiones por parte de los historiadores.
Pero para entender la importancia de William Wallace hay que establecer unos antecedentes. Alejandro III reinó en Escocia desde 1249 hasta 1286, época de paz y prosperidad en este reino. A su muerte su nieta y única heredera, de sólo 3 años de edad, se convirtió en reina, pero existía un problema: había nacido y vivía en Noruega. Se la conoció como Margarita, la Dama de Noruega. Viajó a Escocia para ser coronada, pero el viaje es largo y la ya reina tenía una salud frágil. Falleció. Escocia se vio sin monarca, y las disputas sobre esa corona empezaron. Esto fue aprovechado por el rey del reino vecino: Eduardo I de Inglaterra aconsejó que se coronase al mejor candidato de los muchos existentes, John Balliol. No mucho tiempo después, cuando Eduardo I comprobó que Balliol no sería el títere que él pensaba que iba a ser, sino que se comportaba como el rey (y por tanto igual a Eduardo I) que era, el inglés no hizo otra cosa que invadir Escocia y humillar a los escoceses. Cuando el 28 de agosto de 1296 los líderes escoceses juraron lealtad al rey inglés estampando su firma en el Rollo de Trapero (Ragman Roll, llamado así por la apariencia andrajosa de su parte de abajo por la cantidad de sellos y añadidos que tenía), dos de los nombres que no se encontraban en él eran los de Malcolm Wallace de Elderslie y el de su hijo menor, William Wallace.
La rebelión se inició por tanto, y la primera acción conocida a ciencia cierta del futuro héroe escocés fue el asesinato del Sheriff de Lanark, William Helserig, en mayo de 1297. Una historia, que parece que pertenece más a la leyenda que a la realidad, establece que Wallace tenía una novia en Lanark, Marion Braidfoot, y que acostumbraba a visitarla en secreto. En una ocasión fue avistado por los soldados ingleses, que le persiguieron hasta la casa de Marion. Ésta le hizo salir por la puerta trasera para que pudiera escapar. De acuerdo a esta historia, por cierto muy parecida a la mostrada en la famosa película, Helserig se enfadó tanto que, o bien mató él mismo a Marion, o bien ordenó que la matasen, y después incendió su hogar. Más probable parece la versión de que Wallace simplemente aprovechó el momento y el lugar (Helserig estaba presidiendo las cortes locales) para matar a la tan odiada autoridad inglesa en esa localidad. Sea como fuera, el asesinato del Sheriff de Lanark fue la señal de los escoceses para rebelarse contra los ingleses, y para considerar a William Wallace como su líder.
El 11 de septiembre de 1297, Wallace y Moray obtuvieron una gran victoria sobre los ingleses en la Batalla del Puente de Stirling. El conde de Surrey, John de Warenne, comandaba un ejército de unos 3.000 caballeros y unas 10.000 unidades de infantería, pero nada pudieron hacer ante los 5.000 contrincantes, y sobre todo, ante la astucia de nuestro héroe. Aunque John de Warenne huyó, los escoceses obtuvieron un botín más satisfactorio: capturaron al recaudador de impuestos, Hugh de Gressingham, un hombre obeso al que mataron y arrancaron su piel y la trocearon, y la repartieron para que fuera un símbolo de la libertad ante la odiada autoridad inglesa. Aún sobró piel para que Wallace se fabricase una funda para su espada con ella. La semilla de la posible victoria ya se había instalado en la mente de los escoceses.
Posteriormente se tomaron las ciudades de Edimburgo, Roxburgh y Berwick, y se incendiaron otras ciudades al sur del río Forth. William Wallace y Andrew de Moray, conjuntamente, asumieron el gobierno de Escocia, en ausencia del legítimo rey, John Balliol, que estaba encarcelado en Londres. Moray murió poco después, por una herida recibida en la Batalla del Puente de Stirling, y Wallace, respondiendo al deseo de venganza del pueblo, lideró una expedición a Inglaterra. Invadió ciudades como Cockermouth en el oeste y Newcastle en el este, pero cuando lo intentó con Durham, una tempestad de frío y nieve nunca vista en esos lares le paró. Sus hombres pensaron que ya tenían suficiente, y que San Cuthbert, patrón de dicha ciudad, la estaba protegiendo. Regresaron a Escocia, y en su amada tierra le esperaban a Wallace dos grandes honores: le nombraron Caballero (Sir William Wallace), y también Guardián de Escocia. Como Guardián, no sólo le correspondía supervisar el gobierno de Escocia, sino que también debía prepararse para una represalia del rey inglés, y ésta no tardó en producirse.
Esta vez nada podía salir mal, pensó Eduardo I. Ordenó a su ejército, que incluía 10.000 unidades de caballería pesada, que se uniesen a él en Roxburgh. Estuvieron buscando a Wallace, que se ocultaba, durante un mes, tiempo en el cual los suministros empezaron a escasear. Tras ese tiempo, en Linlithgow, Eduardo I decidió que no tenía más opción que retirarse a Edimburgo y quizás abandonar la búsqueda, pero dos condes escoceses fieles al inglés traicionaron a su país y a Wallace, y desvelaron al rey inglés la localización del Guardián escocés: estaba en Falkirk, a sólo 18 millas. La noche antes de la batalla, Eduardo estaba tan preocupado de que William Wallace lanzase un ataque por sorpresa que ordenó que sus hombres durmieran bajo sus caballos. Durante esa noche, su propio caballo le pisoteó y le rompió algunas costillas. Las noticias de estas heridas provocaron el pánico entre sus rangos, que con la luz del día ordenaron el ataque. Ni siquiera esperaron a que sus hombres desayunaran.

Poco se sabe de su vida durante los años siguientes, aunque parece claro que viajó a Francia y se entrevistó con Felipe IV, rogándole ayuda ante el invasor inglés. Una carta que sobrevive de noviembre de 1300 parece demostrarlo. También puede ser que viajara a Roma, a rogar ayuda a Bonifacio VIII, y a Noruega, donde recordando los antiguos lazos existentes entre ambos reinos, pudo pedir también auxilio a Haakon V. Los esfuerzos fueron vanos, y en 1304 Wallace, oculto en un barco de mercancías francés, regresó a Escocia para reorganizar la resistencia. Sin embargo, otra vez tuvo que sufrir la traición: su escondrijo fue revelado y el 5 de agosto de 1305 fue capturado cerca de Glasgow y, encadenado, fue enviado a Londres, donde le acusaron de todo tipo de crímenes, desde el asesinato del Sheriff de Lanark hasta la alta traición a Eduardo I. Él se defendió diciendo “no puedo ser un traidor a Eduardo, ya que nunca fui su súbdito”. Nunca firmó el Rollo de Trapero y, por tanto, nunca había jurado lealtad al rey inglés, pero sin embargo, fue sentenciado sin posibilidad de defensa.
Su ejecución fue particularmente horrible. Fue arrastrado por las calles hasta la horca, donde fue colgado, y por su traición, aún con vida, le abrieron, sacaron y quemaron sus intestinos, para finalmente cortarle la cabeza. Ésta fue conservada sumergida en alquitrán y colgada del Puente de Londres, y sus cuatro extremidades fueron enviadas a Newcastle, Berwick, Perth y Stirling. Había muerto el hombre, había nacido el mito. Nueve años después, el rey Robert the Bruce, invocando el nombre de William Wallace, obtuvo una decisiva victoria sobre Inglaterra en la Batalla de Bannockburn. Pero ésa es otra historia.En 1869 se construyó en Stirling, muy cerca de donde obtuvo su decisiva victoria, el Monumento Nacional a William Wallace, una torre de 67 metros que alberga la espada de William Wallace, que mide nada menos que 163 cm. de longitud. Quienes describían a Wallace como una persona que rondaba los dos metros de altura, parece que no iban muy desencaminados. En 1995, Mel Gibson llevó al cine su historia y con mucho éxito: ganó el premio Oscar a la Mejor Película de ese año. En 1999, la empresa Microsoft incluyó una campaña con su nombre en su conocidísimo videojuego Age of Empires II. Mucho antes, a principios del siglo XIX, el más reverenciado escritor escocés, Sir Walter Scott, escribió: Exploits And Death Of William Wallace, The “Hero Of Scotland”. (Hazañas y muerte de William Wallace, el “héroe de Escocia”).

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