martes, 26 de junio de 2018

La polémica sobre la ciencia española y el Regeneracionismo

Hacia 1875 estalló la polémica sobre la ciencia española. Mientras que los intelectuales liberales como Núñez de Arce, Manuel de la Revilla o Gumersindo de Azcárate acusaban a la Inquisición y la Iglesia católica de ser las responsables de la decadencia española, en defensa de la «esencia de España» salió un joven Menéndez Pelayo, con textos como «Mr. Masson redivivo» y «Mr. Masson redimuerto», en los que defendía que, aunque España no había producido genios en el campo de las Ciencias Naturales, la religión no había tenido nada que ver. De hecho, Menéndez Pelayo defendió la Inquisición afirmando que había sido necesaria para garantizar la seguridad del Estado y evitar las guerras de religión que habían asolado el resto de Europa. Pérez relaciona esta división de pareceres a finales del siglo XIX con procesos similares en el resto de Europa, como el Kulturkampf alemán, independientemente de que en España hubiese o no tintes de la leyenda negra en la discusión.


Hacia finales del siglo XIX, todos los españoles tenían un sentido de inferioridad respecto a Europa. La reacción a la percepción de decadencia se puede dividir en tres grupos principales:

España y los países latinos representarían una civilización original, más individualista, apasionada e imaginativa, que, aunque sin progreso técnico y científico, no debía ser considerada inferior a las demás. Su mayor representante es Unamuno, caracterizado en su famoso «¡Que inventen ellos!», que consideraba, que si los españoles no tenían especial talento para la técnica y las ciencias, debían concentrarse en los avances culturales y sociales y adoptar los avances técnicos desde extranjero.
Un segundo grupo acusaba a la Inquisición, la intolerancia, la Contrarreforma, a los Habsburgo, de la decadencia. Entre ellos se cuentan los regeneracionistas, los krausistas y los republicanos de 1931. Su solución era la secularización, el estudio de las ciencias y la promoción de la técnica, la democratización y liberalización, que pretendía sacar España de entre las «naciones moribundas», donde la había colocado el primer ministro británico Salisbury en un discurso de 1898, a través de un acercamiento a Europa. Ramón y Cajal se fijó en el modelo japonés para salir de la decadencia a través de la ciencia y la técnica, tendencia que siguieron Maeztu y Azorín.
Finalmente, los llamados neocatólicos afirmaban que era Europa la que se había desviado del buen camino por culpa de la Reforma protestante, que los había desviado de la unidad espiritual de la cristiandad, a través de la indiferencia religiosa. Esta línea de pensamiento abocaría en el nacionalcatolicismo de la dictadura franquista, su expresión más consumada.
Julián Marías ha dividido a los «afectados» españoles por la leyenda negra en dos grupos:

los «contagiados», que son aquellos que creen en la veracidad de la leyenda negra;
los «indignados», que rechazan el concepto como difamación, de manera completa y sin matices.
Existiría un tercer grupo minoritario, los «libres», los que han «permanecidos abiertos a la verdad», que se encontrarían entre los dos anteriores, no cayendo en el juego de la leyenda negra, pero sin responder con cerrazón e ignorancia

La reacción contra la pretensión anglosajona de reivindicar el primer puesto entre las naciones civilizadas provino inicialmente de Francia y América Latina. Se criticó la nordomanía, sinónimo de materialismo, plutocracia e imperialismo, apoyándose en una ideología conservadora e incluso reaccionaria. De forma similar, Ángel Ganivet anunció el concepto de «hispanidad», una comunidad basada en valores culturales y espirituales comunes. Esa ideología fue ampliada por Ramiro de Maeztu, sobre todo en su Defensa de la Hispanidad (1934), en la que habla de los países hispanos como gran reserva de recursos espirituales de la Humanidad. Entre los no conservadores que siguieron este camino se puede mencionar al historiador Rafael Altamira, cuya base de la comunidad hispana no era el Evangelio, sino las técnicas, legislación, instituciones, formas artísticas y culturales aportadas al Nuevo Mundo

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