sábado, 30 de junio de 2018

Fiesta


1957 Usa 130 minutos. Director: Henry King. Guión: Peter Viertel. Música: Hugo Friedhofer. Fotografía: Lea Tover. Reparto: Ava Gardner,  Tyrone Power,  Mel Ferrer,  Errol Flynn,  Eddie Albert,  Robert Evans, Gregory Ratoff,  Juliette Greco,  Marcel Dalio,  Henry Daniell,  Bob Cunningham, Danik Patisson.

Productora: 20th Century-Fox; Productor: Darryl F. Zanuck. Sinopsis: Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Jake Barnes vaga sin rumbo por Europa en busca de emociones que compensen la impotencia que le ha causado una herida de guerra. En París encuentra a Lady Brett Ashley, que lo había ayudado a recuperarse de sus heridas durante la guerra. Jake se marcha a Pamplona con su amigo Bill a vivir los Sanfermines. Lady Brett y algunos amigos ya están allí. La tensión entre los hombres va en aumento, pues todos desean a Lady Brett; pero ella se interesa por el joven matador de toros Pedro Romero.
Ava Gardner se lo pasaba bien aquí en España. Y Hemingway también. En la novela, el escritor americano buscaba plasmar la insatisfacción de unos personajes que no terminaban de encontrar su sitio y creo que la película consigue esa sensación muy bien.
Mucho cachondeo pero todos arrastran una infelicidad que les devora y se ve. Un fenómeno Errol Flynn que al final tiene que tragar que Lady Brett, su prometida, se vaya con el torero: estalla y tira encolerizado la mesa con todos los tercios que llevaba bebidos ya a primera hora de la mañana. La obligación de divertirse es el donominador común del grupo, para no sucumbir ante sus frustraciones, sus limitaciones o sus metas imposibles de conseguir.
Ella ama en realidad a quien no puede responder, y a ella le acosa otro del grupo obsesionado con su belleza que además ha dejado a su novia en Paris... En fin, insatisfacciones.
Que nadie espere tanto de la novela como de la película ver escenas emocionantes o un gran guión. Verá Paris, toros y un correcto ambiente.
Lo que sí es Fiesta es una película de postales muy bonitas. Con unos personajes muy atractivos, que van de bar en bar tomando bebidas fuertes: coñac, pernod... Así debió ser también la vida real de aquellos escritores americanos de la Generación Perdida que el periodo de entreguerras les privó de una fama y un éxito mayor.

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