lunes, 4 de junio de 2018

El Villa de Soller

un vapor construído en Kiel, Alemania, que desde 1903 perteneció a la Marítima Sollerense, que fue vendido en 1912 y torpedeado hundido en 1918.Llegó a Palma procedente de Kiel el día 7 de diciembre al mando del capitán Don Antonio Mayol y piloto Don Domingo Picornell y una vez cumplimentados los trámites para conseguir su abanderamiento, el día 11 a las cuatro de la madrugada salía para Sóller, a cuyo puerto llegaba por vez primera por la tarde del mismo día.

El 13 fue solemnemente bendecido por el Arcipreste de Sóller Sr. Maimó.
El día 22 salió por vez primera de Sóller para Barcelona y Cette con pasajeros y carga general.
Durante varios años prestó estos servicios, al mando del capitán Don Antonio Mayol en los primeros años hasta su fallecimiento ocurrido en 1904, en que se hace cargo del mismo Don Domingo Picornell.
A principios de 1912 navegó por cuenta de «La Marítima» de Mahón en la línea de Ciudadela a Alcudia y a Palma mientras era reparado en Barcelona el vapor CIUDADELA adquirido para cubrir la referida línea.
Durante la guerra europea lo adquirió la naviera catalana «Hijos de José Tayá», por cuenta de la cual navegó hasta el 15 de mayo de 1918 en que fue torpedeado y hundido por un submarino alemán en las proximidades de Villefranche en ruta de Genova a Barcelona con un cargamento de cáñamo.El principal testimonio de lo que sucedió es Francisco Redondo, segundo de a bordo del VILLA DE SOLLER y, como se verá, superviviente de dos naufragios. Según su testimonio, la nave regresaba de Génova con 18 hombres a bordo (veinte en realidad) y tenía como destino Barcelona cuando fue atacada por un submarino alemán, el UC 35, que sin previo aviso le lanzó un torpedo y lo echó a pique en tres minutos. Hubo varios muertos (doce, de los que sólo he podido recoger los nombres del mayordomo Francisco Pellicer y del camarero Roberto Morill), y el capitán, Pedro Revuelta Mustienes, y el citado Francisco Redondo, fueron recogidos y retenidos a bordo del sumergible. El capitán alemán se ofreció a remolcar al resto de náufragos, que iban sobre una balsa, pero Revuelta vio que la intención del alemán era sumergirse, tal vez para ahogar a los españoles, y advirtió a sus hombres que no amarraran la balsa.
Redondo y Revuelta quedaron retenidos en el interior del submarino, y el narrador asegura que fueron despojados de todos sus objetos personales de valor, así como el cronómetro de a bordo y la documentación. El comandante alemán manifestó su intención de regresar a su base, un puerto austriaco, y también de eliminar de la zona un patrullero francés que controlaba el área. Veinticuatro horas más tarde, el 16 de mayo, a las 6:25 de la mañana, y después de una breve alarma cuando un hidroavión italiano intentó atacar el submarino, llegó el encuentro dramático con el patrullero francés, que de futura víctima iba a convertirse en verdugo. El pesquero artillado francés AILLY se adelantó con su artillería y destrozó la torre del sumergible; Redondo decidió abandonar la nave, pero Revuelta (tal vez malherido) quedó a bordo. Un segundo disparó remató el submarino, y sólo cuatro o cinco marinos germanos, Redondo y otro prisionero, seguramente un capitán francés, escaparon a la muerte. Redondo nadó hacia el AILLY gritando que era español, lo que sorprendió a un marino francés que gritó: “Hemos hundido un submarino español”.

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