lunes, 11 de junio de 2018

Atalaya de Torrelodones

La atalaya de Torrelodones se ubica en lo alto de un cerro granítico, en la finca Las Marías, junto al mismo borde de la autopista A-6, a la altura del punto kilométrico 29. Está construida enteramente en piedra de granito, labrada en sillares irregulares.

El edificio consta de dos núcleos, la torre propiamente dicha y un cuerpo lateral, desde donde se accede:

La torre es cilíndrica y está coronada por una sucesión alterna de nueve almenas prismáticas y nueve piramidales. Es maciza hasta una altura de aproximadamente tres metros desde el suelo. Mide cerca de once metros de altura y tiene un diámetro exterior de 3,8 metros. En el interior, el diámetro se reduce a 2,5 metros.
El cuerpo lateral tiene planta rectangular. Sus lados miden alrededor de 5,3 y 3,5 metros. Se encuentra igualmente almenado, con un total de cuatro almenas. Posee una puerta de entrada, que mide 1,5 metros de alto, y un ventanuco cuadrado, de apenas 0,45 metros de lado.
El interior de este cuerpo lateral integra una cocina de piedra, que tal vez fuera instalada durante las obras de reconstrucción de 1928. Una escalera de diez escalones permite acceder a la base de la torre, que, tras la restauración, se encuentra vana. Para subir al terrado, se ha instalado una escalera vertical de hierro.
Esta torre o almenara de origen musulmán tenía como misión vigilar uno de los caminos que se dirigía hacia los pasos de la Sierra de Guadarrama. Una atalaya cercana a la de Torrelodones es la existente en el término municipal de Hoyo de Manzanares, conocida como La Torrecilla.


Todas estas atalayas formaban parte del muy jerarquizado sistema defensivo omeya de la Marca Media, que tenía su centro en Toledo. Construidas por el poder andalusí, entre los siglos IX y XI, controlaban las fronteras más septentrionales.

Las atalayas se levantaban a cierta distancia de los pasos naturales del Sistema Central, al sur de los actuales puertos de Somosierra, Tablada o El León, sobre cerros no muy distantes de las poblaciones o a lo largo de los valles, como el del río Jarama.

Mediante sucesivas humadas, avisaban de los posibles ataques cristianos que se podían producir contra las poblaciones andalusíes más en vanguardia, tales como Buitrago del Lozoya, Torrelaguna o Talamanca de Jarama.

Uno de los pasos del Sistema Central fue el que en 711 utilizó Tariq para su avance por la parte norte de la Península Ibérica.

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