martes, 29 de mayo de 2018

La vida de Steven MacQueen

McQueen dejó claro cómo se repartirían los roles de aquella relación cuando pocos días antes de la boda inició una aventura con otra mujer, con el conocimiento de su pareja. "Nunca mantuvo en secreto sus líos -revela en el documental Neile, madre de los únicos hijos del actor, Terry y Chad-. Decidí que tenía que conformarme. Una vez me dijo: ‘¿Por qué tengo que esforzarme por recibir amor en casa si tengo todo el que quiero fuera?’".

Sin embargo, la sumisión de Neile explotó un día en que el actor se jactaba de sus conquistas. Ella no pudo más y le gritó que había hecho lo mismo por despecho. Su marido corrió a otra habitación y volvió con un revólver. Le apuntó a la cabeza y le obligó a confesar quién era él. "Estaba aterrorizada y se lo dije: Maximiliam Schell". Luego, la golpeó con saña.

A las pocas semanas, supo que estaba embarazada y el actor la obligó a abortar porque no podía estar segur- de que fuera el padre. No tardaron en divorciarse (1971). "Era tremendamente inseguro y peligroso -reconoce Ali MacGraw–. Cuando era bueno, era muy muy bueno. Pero cuando era malo… se volvía horrendo".

Chad, sin embargo, entendía su carácter: "Mi padre tuvo una infancia espantosa que hizo de él el hombre que fue. Luchó con toda su alma por las que cosas en las que creía, pero hay que admitir que tenía muy poca paciencia. Le vi cómo era en casa y en el trabajo, y sabía que era capaz de acabar con cualquiera que se cruzara en su camino". Eso es lo que aprendió en las calles donde creció como un delincuente juvenil. Abandonado por su padre antes de nacer, su madre, una prostituta alcohólica, apenas se ocupó de él salvo para pedir a su chulo que le diera unas palizas de muerte cuando el chico la molestaba. A los 15 años fue detenido por robo y asalto. Terminó en un reformatorio. "Aquello era poco menos que una cárcel, pero por primera vez sintió cierta estabilidad -recuerda Chad-. Siempre me decía: ‘Hijo, aquel lugar me cambió la vida’. Jamás mencionó a su madre". Siempre que McQueen comenzaba una película, pedía a la productora que le enviara cajas de maquinillas de afeitar y decenas de pantalones vaqueros.

Lo que parecía otra extravagancia de divo en realidad era un donativo para los chicos que vivían en su antiguo reformatorio. "Algo bueno salió de aquel dolor de niño marginado: siempre se aseguró de que mi hermana, Terry, y yo sintiéramos lo mucho que nos quería. Deseaba recuperar lo que nunca tuvo". Con frecuencia imponía que su familia le acompañara cuando debía trasladarse fuera de Los Ángeles para un rodaje.


Les necesitaba cerca porque eran las únicas relaciones emocionales que le daban seguridad. Muy pocas personas más le importaban. Le gustaba aislarse de todo conduciendo sus deportivos o desapareciendo dos o tres días con su moto siempre que había luna llena. "Lo hacía incluso en mitad de un filmación. Nunca nos dijo a dónde iba ni nunca se lo preguntamos", explica su hijo. Hollywood no le soportaba, pero nadie osaba despreciar al Rey Cool, el símbolo más rentable de una masculinidad desprovista al fin de la tosquedad de otras generaciones de actores.

McQueen era un imán para la taquilla porque más que un actor, era un estilo. Él lo entendió y lo aprovechó, aun a costa de engrosar su larga lista de enemigos. "La gente hablaba de que era una persona muy difícil, simplemente porque no era una oveja que se dejara manejar -asegura Chad-. Sabía lo que era bueno para él. Trabajaba sus papeles en casa y se hacía una idea de cómo interpretar cada escena. Se peleó a muerte con los directores para hacer las cosas a su manera. Así era para todo. Siempre al límite".A finales de los 70, Steve McQueen se sentía saturado de todo: de la fama, de su atractivo, de su mujer e incluso del reconocimiento. Después de romper con Ali MacGraw (1978), se dejó barba, compró una autocaravana y comenzó a viajar por todo el país junto a Chad y a su nueva pareja, la modelo Barbara Minty. "Solo quería ir de un lugar a otro y disfrutar de la playa. Si su agente quería dejarle un guión, le indicaba la gasolinera más cercana a donde estuviéramos y yo lo iba a recoger", recuerda su hijo con nostalgia.

El actor empezó a quejarse de dolores en el pecho. Tenía un tumor en el pulmón, probablemente consecuencia de haber trabajado con materiales cancerígenos, como el asbesto, durante los tres años que pasó en el Ejército tras salir del reformatorio. Murió en 1980, con 50 años. Junto a él, quedaron enterrados su pasado amargo y su carácter agrio, envidioso y violento para solo dejar entre los vivos el ‘estilo McQueen’. Pura imagen, sí, pero tan personal y atractiva que aún hoy sigue siendo el Rey Cool.

No hay comentarios:

Publicar un comentario