martes, 6 de marzo de 2018

Clara Campoamor: La mujer olvidada

2011 España 90 minutos. Directora: Laura Mañá. Guión: Yolanda García Serrano. Música: Xavi Capellas. Fotografía: Sergio Gallardo. Productora: TVE. Drama. Reparto: Elvira Minguez, Antonio de la Torre, Mónica López, Joan Carreras, Toni Sevilla, Joaquín Gómez, Pep Sais, Jordi Sánchez.
Sinopsis: En el año 1931, en España se proclama la Segunda República. En este contexto, las mujeres son elegibles pero no pueden votar. Clara Campoamor y Victoria Kent son las primeras mujeres diputadas que pisan las cortes y se plantean muy firmemente luchar por los derechos de la mujer. Clara Campoamor sabe que eso pasa por una primera y gran conquista: el voto femenino. A partir de este momento, su lucha no es nada fácil. Muy pronto encuentra su primer obstáculo: sus propios compañeros de partido, republicanos, de izquierdas, temen que las mujeres voten influenciadas por la iglesia y, por ello, a la derecha, así que le dan la espalda. Ese argumento se generaliza y hace que Clara Campoamor se vaya quedando sola en el parlamento en su defensa del sufragio universal. Después de una lucha constante, y después de múltiples traiciones, el 1 de diciembre de 1931, Campoamor consigue su objetivo: el voto para la mujer.

El caso es que este telefilm arranca con todo hecho y finaliza con una fugacidad, como fugaz fue la carrera política de Campoamor. Se echa en falta un desarrollo más pausado de su vida, lo cual hubiera dado para hacer otro episodio. No hay antecedentes, se centra en la rápida vía que llevó a Campoamor al Parlamento. Y encuentro un tanto tramposa la manera de jugar con la Historia conocida, para hacer de la personaje principal el caballo de batalla del Sufragismo en España sin contextualizar. Lo cierto, es que bien trabajado, con documentación abundante, pero con escaso desarrollo de los acontecimientos, se imbuye de una fugacidad que hace de uno de los episodios más importantes de la Historia de este país, una lucha personal de Campoamor, que se yergue en protagonista indiscutible de esta lucha. La locuacidad y el discernimiento de Campoamor en sus intervenciones en el hemiciclo son suficientes para hacer reflexionar a la ciudadanía de este país, sobre lo que conllevaba en estos años de crisis, luchar por la igualdad real, no "en principio", y merece la pena escuchar los (patéticos) alegatos a la condición biologica del hombre como garante de la república y de la política en España.


No es desdeñable, ni mucho menos, reflexionar sobre las intervenciones de Victoria Kent, en el rico debate parlamentario, como tampoco de los opositores al derecho al voto de la mujer en la coyuntura sociopolítica de 1931, (analfabetismo y religisosidad) factores entendidos por los republicanos de izquierdas como un peligro para la República. Todo lo contrario que por las derechas republicanas.

No obstante, la "trampa" en la que recae la autora es la de jugar con el conocimiento de los hechos finales, un ventajismo que pone en el pedestal a Campoamor, figura en realidad olvidada, apenas conocida y que hizo mucho por las mujeres en este país, y no aparece en los libros de Historia. Algo que va cambiando y de lo que nos encargamos y encargaremos los profesores. Así que, como punto de partida está bien, pero aún falta mucho por trabajar en este campo.

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