miércoles, 20 de diciembre de 2017

Juana Cruz

Juana Cruz pasó su niñez frente a la plaza de toros de Las Ventas. Debutó en Las Ventas el 2 de abril de 1936, después de haber toreado más de 50 festejos en otras plazas, pues su carrera comenzó en León en 1932. Su falda bordada llamaba la atención. Cuando estalló la guerra, se marchó a Venezuela. Recorrió Hispanoamérica y tomó la alternativa en México, en 1940. En 1947 regresó a España. "Lo intentó, pero no la dejaron. Un político alegó: "Si es roja", cuenta.
La moda, la lidia y la citada torera son el eje de la exposición. Danzadores y toros pintados en hilo y seda con metal oxidado y papel pueblan, junto a faldas de luces imaginadas, las obras de Hidalgo, que desde hace año y medio investiga a creadoras."Siempre me ha extrañado que apenas haya obras de mujeres en los museos. He reunido ya a 117 artistas, pero cada vez me aparecen más y no sé dónde meterlas", añade Hidalgo, que tiene en proyecto exhibir un obelisco con "las caras de todas serigrafiadas".

Al terminar la carrera de Bellas Artes, se especializó en Florencia en serigrafía textil y pintura al temple. Residió en Italia desde 1992 a 1997 trabajando en un taller japonés de serigrafía textil y como profesora de pintura. En Milán, conoció a Bibi Russell, impulsora del Proyecto Moda para el Desarrollo, a quien le entregó algunos diseños. "Emplea a muchas mujeres, desde madres solteras a niñas. Imprimen diseños y manufacturan textiles".
En el transcurso de su investigación sobre artistas, descubrió una fotografía de Juana Cruz en un libro de la periodista americana Muriel Feiner, titulado La mujer en el mundo del toro. La curiosidad y el interés la movieron a proseguir la búsqueda. Trató de localizar a algún familiar de la matadora, cuyo marido y apoderado, Rafael García Antón, escribió a la muerte de su esposa un libro sobre su vida. "Juanita Cruz, su odisea apareció en 1982 en una tirada de 1.000 ejemplares que él costeó. Hablé con su hijo. Y comprendí lo que había sufrido ella cuando me contó que su madre jamás habló de su profesión y no quería ver los toros porque se ponía triste".

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