miércoles, 9 de agosto de 2017

los gritos del silencio

1984 Inglaterra 136 minutos. director: Roland Joffé. Guión: Bruce Robinson. música: Mike Oldfield. Fotografía: Chris Menges. Productora: Golchrest Films International. Reparto: Sam Waterson, Hains Ngor, Jhon Malkovich, Spalding Gray, Bill Paterson, Patrick Malahide, Athol Fugard.
Sinopsis: Roland Joffé, realizador británico curtido en la televisión, sorprendió al mundo con una ambiciosa y magistral ópera prima producida por David Puttnam -que venía de obtener gran éxito con "Carros de fuego" (1981) y "El expreso de medianoche" (1978)-. Un drama intenso, adulto y realista, donde todo -la dirección, el guión, la fotografía, la música de Mike Olfield- alcanza un nivel de excelencia. Por sus numerosas similitudes en la temática de periodismo y conflicto asiático, se recomienda ver en sesión continua junto a "El año que vivimos peligrosamente" (The Year of Living Dangerously, 1983), dirigida por Peter Weir un año antes. La del australiano narraba una historia de amor en la convulsa Indonesia de mediados de los 60. Aquí Joffé sobrecoge con una historia sobre el horror y la amistad en la sangrante Camboya de principios de los 70. Una película basada en hechos reales de un impacto profundo, que resonará en tu cabeza con la escalofriante sensación de haber hundido medio cuerpo en el lodazal del espanto.
No he podido ver la misma película que el resto de los usuarios. Lo digo, más que nada, porque “The killing fields” me ha parecido un telefilme muy largo y aburrido.

Estoy de acuerdo en que películas como esta son positivas si gracias a ella se conoce el mayor genocidio de los últimos cincuenta años a manos de los jemeres rojos. Pero no considero a “The Killing fields” el vehículo perfecto para que se conozca esta parte de la historia camboyana. Con una terrorífica visita al museo de Choeung Ek, en Phnom Penh te das cuenta que la película de Roland Joffé queda en la nada más absoluta. Es un barco que ya empieza hundido y no puede nunca salir a flote. 


No ayuda un guión mal elaborado. Ni su protagonista, Sam Waterston, que se pasa toda la película gritando y a mí, particularmente, me saca de quicio. Exceptuando la interpretación de Haing S. Ngor, que le valió un Oscar, los demás actores están tan perdidos como su director. 

No es difícil sacar una hermosa fotografía de un país como Camboya y si es pecaminoso, la horrible banda sonora que nos ha endosado Mike Olfield que no pega nada con la película, por no hablar de la canción que cierra el final, “Imagine” de Lennon, completamente fuera de lugar.

Para lo único que a mí me ha servido la película, es para conocer un poco la vida de Haing S. Ngor. Un hombre, que sólo tuvo que revivir delante de la cámara la pesadilla que experimentó tras el “Año Cero” del hijo puta de Pol-Pot. Ngor, un ginecólogo de descendencia china, que tras un cautiverio en campos de exterminio, el fallecimiento de su esposa en este y la huída a EUA, escribió un libro sobre las atrocidades de la Kampuchea Democrática: “A Cambodian Odyssey” (1987). En 1996, con un Oscar en su cuarto de baño, fue tiroteado por tres simpatizantes de los Jemeres Rojos.

No aconsejo esta película ni como arte cinematográfico ni como vehículo para saciar nuestras lagunas históricas. Para esto último, hay un escalofriante documental “S21: The khmer rouge killing machine” de Rithy Panh que sí consigue ponernos en antecedentes de lo que ocurrió después de la famosa guerra de Vietnam.

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