jueves, 31 de agosto de 2017

Contador recorta

El día, sin embargo, nació a su hora para Alberto Contador, siempre despierto, siempre intrépido, sin entredicho ni ataduras. Ataca porque quiere, porque le gusta, porque lo siente. Porque quiere despedirse bailando a los lobos todo lo que queda. Siendo el bicho que picó al tren, la mosca pertinaz. Por eso se fue en el Alto del Torcal, de segunda categoría, cuando todo parecía dormir la placidez de una siesta veraniega. Y Contador no está para siestas, tiene el pulso alterado por la emoción y quiere escalar en la general, aunque la victoria se difumine en el horizonte.
Y la armó, porque solo los intrépidos son capaces de sorprender a la monotonía. Rompió el pelotón y aceleró los nervios de sus rivales. Nervios o casualidades, Froome se fue al suelo dos veces y la alteración subió como un globo al cielo. Contador recuperó a su compañero Theuns, que venía de una fuga previa y se lanzó hacia la meta como si se jugara la etapa, aunque el escapado, Marczynski, circulaba con 9 minutos de ventaja. Como si se jugará la carrera entera, con el prurito del campeón y buscando un mejor puesto en la general.
La oportunidad, sobre todo, era para Nibali tras las caídas de Froome. Se le abrió el cielo como se abrió entre las nubes tras las tormentas del miércoles. Una oportunidad de borrar las ventajas adquiridas por Froome, aunque fuera a causa de la desgracia. Eran muchos en ese pelotón frente a tres Sky, y Nibali tenía en Pello Bilbao y Pelizzotti dos galgos infatigables.

Froome cedió en la meta unos 20 segundos y se sitúa 59 por delante del italiano en la general. Casi un juego de parchís donde a Fromme le comieron una ficha, aunque no perdió la partida, pero casi le mandan a la casilla de salida. Por delante,Marczynski, circulaba como un galgo sin correa. Había dejado atrás a los otros 13 compañeros de fuga (que fueron partiéndose poco a poco). Y sumó su segunda victoria de etapa, tras la de Sagunto, de la misma manera, corriendo a la velocidad del autobús que le trajo con 19 años de Polonia a Zaragoza tras 50 horas de viaje para viajar después a Navarra donde se enroló en un equipo aficionado, tras dormir en la estación de la capital aragonesa. Luego el ciclismo le llevó a Italia y otros países. Más tarde, el amor le instaló en Granada. O sea, escaparse para él es un juego de niños. Viajar en solitario no le asusta. Pudo celebrarlo en la Peña de los Enamorados de Antequera.

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