miércoles, 2 de agosto de 2017

cazadores de cabezas

Conocidos antiguamente como cazadores de cabezas y por su canibalismo, los miembros de la tribu asmat (denominada antiguamente irian jaya) se distinguen ahora por sus preciosos trabajos de talla de madera, un arte que ellos relacionan con su mundo espiritual y que no puede considerarse, por tanto, meramente ornamental. Sus obras abarcan todo tipo de productos, la mayor parte de ellos símbolos dedicados a la guerra, la caza de cabezas y la veneración de sus ancestros guerreros. Durante siglos, los asmat vivieron preocupados por la necesidad de apaciguar a los espíritus de sus antepasados y a ellos se debe su gran riqueza de corazas, canoas, figuras y tambores, realizados con gran habilidad y considerados los más delicados del mundo en madera. Sus obras han atraído a coleccionistas y científicos desde los años 50-60, cuando misioneros holandeses los descubrieron y se aventuraron a penetrar en su amplio territorio (unos 27.000 km2), ocupado por más de 70.000 personas divididas en unos cien poblados. Una de las expediciones, procedente del Museo de Nueva York, de la que formaba parte Michael Rockefeller, hijo del gobernador de esa ciudad, de 23 años, desapareció en la zona sin dejar rastro y sin que se pudiera averiguar si sus componentes fueron víctimas del canibalismo, perecieron devorados por cocodrilos o se perdieron y se ahogaron en los manglares. Hasta hace muy poco, y precisamente por lo difícil de su territorio, que durante la época de lluvias queda prácticamente anegado, permanecieron totalmente al margen de la civilización. La marea puede subir hasta dos kilómetros tierra adentro y baja otros tantos en el mar. Es la mayor zona pantanosa aluvial del mundo, una tierra baja de ciénaga y de ríos cambiantes que desembocan en el mar de Arafura. Esta orografía hace que se trasladen habitualmente en las canoas que ellos mismos fabrican y que, curiosamente, manejan de pie y no sentados, como es habitual.

Antiguamente, los asmat vivían en casas familiares denominadas yeus, que construían en los árboles a alturas de unos 28 metros. En la actualidad, se siguen utilizando en zonas remotas río arriba, pero también las emplean los hombres, que las consideran una especie de club privado donde se reúnen y donde duermen los solteros. Se alimentan de vegetales y de todo tipo de peces, gambas, langostas, cangrejos, delfines, serpientes y cocodrilos que pescan en los ríos.

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