miércoles, 12 de julio de 2017

niños de tiza de David Torres

Sinopsis: Niños de tiza recupera para la literatura un escenario cercano pero apenas utilizado: el de quienes crecieron en los años finales de la dictadura en los barrios periféricos, entre traficantes de heroína, curas rojos, madres abnegadas y bandas callejeras. Bajo el ropaje de una novela negra y la guía de Roberto Esteban (el inolvidable protagonista de El gran silencio), David Torres pinta por primera vez la Transición en pantalones cortos, un evocador retrato de la nostalgia, el amor y el paraíso perdido de la infancia. Divertida y conmovedora, escrita con una prosa plástica, expresiva y poderosa, ganó el XXX Premio Tigre Juan, y supone la consolidación de David Torres como uno de los más firmes valores de la narrativa en castellano.

Opinión Personal: Novela negra y novela de personajes a la vez, sinceramente funciona mas como lo segundo. Me gustó, que conste, se devora y se paladea incluso por momentos. Estamos Madrid, un boxeador retirado vuelve a su barrio, San Blas, para cerrar viejas heridas y atar cabos del pasado. 
Me gusta el personaje central, Rober, el boxeador. Es un tipo duro venido a menos, un ex boxeador que todo lo soluciona a puñetazos y eso le devora por dentro, al menos el padre Osorio le sirve como voz interior para que cambie de vida. Pero a la vez tiene buen corazón. El resto de personajes que pululan por la novela están bien trazados, sobre todo el del típico malo, Romero y el del amigo Chapas, policia.
El autor da continuos saltos en el tiempo y sinceramente lo que mas disfrute fue la infancia, porque viajando al Madrid postfranquista, los que vivimos esos años, pues nos sentimos plenamente identificados con el personaje. Hace un buen croquis de aquella época, la ropa, los tebeos, las diversiones, las modas, el aire que se respiraba de inseguridad y pobreza, el nacimiento de los quinquis ( que tan bien reflejaron en sus películas Eloy de la Iglesia y De la Loma, acordaos de actores como Pirri, Manzano o el Torete, todos ya fallecidos) y la historia de la niñez es bastante sabrosa.
Rober tiene su pandilla en el barrio, el Chapas, Vázquez y Juanín, a su vez está enamorado de Lola, que acabará casándose con el chulo del barrio, Romero. Hay una niña paralítica en su vecindad que se llama Gemma a la que todos apodan la sirena, es paralítica y el único que la trata bien es Rober, no así sus amigos, sobre todo el Chapas, motivo de conflicto con el. Esta niña aparece ahogada en la piscina una mañana y Rober siempre sospechó que se trató de un asesinato.
Pasan los años y tenemos a Rober retirado del boxeo y de vuelta al barrio con una mano delante y otra detrás. Se reencuentra con Lola y como es obvio será una relación muy compleja marcada por los tiempos que marca Romero y sus secuaces.  A su vez fallece la tia de Rober y se monta un lío con su casa, porque Madrid puede ser ciudad olímpica y el terreno donde se ubica la casa puede valer una fortuna. Se sospecha que se puede tratar de un asesinato. Así que tenemos dos enigmas, quién mato a la tia de Rober y quién mató hace mas de veinte años a aquella niña.
Como novela negra o de suspense la verdad es que me resulto amena pero sin mas. Es obvio si lees esta novela averiguar quién mató a la niña y quién a la tia de Rober. Se adivina facilmente. Leí una crítica de esta novela en otro blog, decía que la parte de suspense estaba muy lograda y que las partes de la infancia ( porque se intercalan pues están relacionadas) eran un poco paradas. No coincido para nada, considero que la parte mas lograda es la de esos saltos hacia la infancia e incluso esos reencuentros una vez que nos hacemos mayores. ¿ A quién no le pasó encontrarse con un amigo o conocido de la infancia treinta años después? Hay gente mas natural que otra pero lo habitual suele ser que no haya ya nada de que hablar, la gente madura. Pues esa baza la juega muy bien David Torres, lo cotidiano.
Hay otro personaje que sale en todo momento en esta novela y para mí, es el gran protagonista, el barrio. Hace un lienzo genial de lo que era el típico barrio de extrarradio de aquella España de finales de los setenta y principios de los ochenta, las drogas, las tias buenas, los chulos, los pringaos.... otro buen análisis es el que hace del colegio. Ahora estamos concienciados del peligro del Bulling. Permitidme decir, esto es de mi propia cosecha que considero que el principal problema es internet y el descuido de los padres actuales con sus hijos. El caso es que en los ochenta la gente se criaba en las calles porque no había móvil ni ordenador, la diversión era pegar patadas a un balón o a lo que se pusiera por delante. El maltrato escolar era norma habitual, yo voy camino de los cuarenta y me tiene pegado algún profesor, nunca lo dije en casa porque me parecía normal, a mis padres les zurraban siempre. Siempre habia algún niño que se metía conmigo y me pegaba, tampoco dije nunca nada porque me parecía normal, también pegaban a otros. Ese es el error, ver normal algo que no lo es y me alegra que Torres toque el tema con tanta naturalidad pues refleja perfectamente lo que era aquella época, sin moralismos, poniéndose en la piel de alguién de los ochenta, sin prejuicios posteriores que nos dan los años, me pareció su ejercicio brillante.
En cuanto a su estilo pues decir que es soez cuando tiene que serlo, según el personaje y esa viveza que tienen sus personajes, que les pones cara mientras lees la novela, está al alcance de pocos, se lo noté en Montero González y pocos más. Tiene garra y sentido del ritmo y me gusta que sean los personajes los que lleven el peso de la novela, no la trama, como suele ser habitual en los Thrillers baratos. Porque niños de tiza mas que una novela de suspense, que lo es, es sobre todo un reflejo de un barrio madrileño en los ochenta, es una historia de personajes que se reencuentran con un pasado que tiene una herida por cerrar y que causara mas de un disgusto. Por último tengo que decir que me parece un autor con bastante creatividad, os recomiendo otra novela suya, punto de fisión. David Torres, apuntaos ese nombre, una de las mayores promesas de la literatura española... perdón por lo de promesa, es una realidad. 

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