lunes, 26 de junio de 2017

´Tombuctú

Si no sabes mucho de Tombuctú, no te preocupes demasiado. Pese a que fuera mencionado ya en tiempos de Herótodo, ese era el mismo problema que hasta hace unos doscientos años se encontraban todos cuantos oían hablar de ella. El eco de su musical nombre comenzaba a ser habitual entre ciertos círculos europeos, pero poco se sabía más allá de que la ciudad albergase varias de las mejores bibliotecas de la época, frecuentadas por eruditos y estudiosos, que en sus mercados se encontrasen todo tipo de productos exóticos y que al estar además repleta de santos venidos de todos los confines del mundo, gozase de una más que consagrada vida religiosa y espiritual. Tanto es así que poco tardó en ser considerada una de las ciudades sacras por el Islam y en estar prohibida para quienes no profesan tal religión. Varios británicos fracasaron estrepitosamente en su determinada búsqueda de la legendaria ciudad. Destaca Mungo Park, un inglés que ya con veintidós años ejercía de médico en la indonesia isla de Sumatra, y que conseguiría dos años más tarde remontar la parte baja del Níger.

 Sin embargo fue encarcelado, maltratado y humillado por ser cristiano. A su vuelta a Inglaterra escribió un libro con las crónicas de su viaje y aún partió una segunda y última vez al Níger, donde moriría envenenado por flechas de nativos sin haber conseguido su propósito de llegar a Tombuctú. La Sociedad Geográfica Francesa ofreció entonces una enorme cantidad de francos a quien pudiera dar información certera – esto es, confirmar cuán real era lo que se escuchaba- sobre la afamada ciudad, pues ni siquiera su ubicación exacta era conocida y los peligros de encontrarla eran muchos. Un pubertoso René Caillié, amante de los libros de aventuras, se embarcó con lo puesto a Senegal deseoso de arribar a Tombuctú. Uniéndose a expediciones extranjeras fue forjando sus habilidades para desenvolverse en el terreno, pero fracasaría hasta tres veces. Con la piel en los huesos, y desde la senegalesa isla de Gorée donde tuvo que recuperarse, se embarcó a las Antillas Menores, cayendo allí azarosamente en sus manos el diario del mismo Mungo Park. De nuevo en África, lideró esta vez dos largas expediciones que vinieron cargadas de enfermedades. Debió beberse su propia orina y hasta su sangre tras cortarse en las extremidades, entre otras vicisitudes semejantes. Retornó a Francia con una nueva sensación de fracaso. Hay quien dice que a la tercera va la vencida, y más maduro y enmendando los errores de sus anteriores viajes, René aprendió árabe, bambara, tamacheck (la lengua de los touaregs) y otras lenguas del desierto, así como las costumbres islámicas y de las etnias locales, memorizó el Corán, y así, tras otra intentona más y no pocas enfermedades y contratiempos, disfrazado de musulmán, consiguió llegar finalmente a Tombuctú a la edad de veinticuatro años.

El minarete en forma de pirámide truncada de la mezquita de Djinguereber constituye un punto de referencia cuyo alcance supera los límites de la ciudad. Erigida bajo la dinastía de los Mandingas, la mezquita, de forma general maciza, está aligerada por arcadas antiguas que se remontan a 1325, año de su construcción. Otras dos mezquitas (una de ellas, Sankoré, transformada en universidad) se agregan a este elemento básico del paisaje. Unas casas bajas, de adobe, complementan lo esencial del paisaje arquitectónico.


CRITERIOS DE INSCRIPCIÓN

"Las mezquitas y los lugares sagrados de Tombuctú desempeñaron un papel esencial en la difusión del Islam en Africa en una época remota" (II). "Las tres grandes mezquitas de Tombuctú, restauradas por el cadi Al Aqila en el siglo XVI, dan testimonio de la edad de oro de la capital [...] a finales de la dinastía de los Askia" (IV). "Construidas en adobe, [...], las mezquitas de Tombuctú son el testimonio [...] de técnicas de construcción tradicionales que han llegado a ser vulnerables bajo el efecto de mutaciones irreversibles" (V).

REFERENCIAS HISTÓRICAS

  • Tombuctú, que se transformaría en lugar de parada y de intercambios para los mercaderes del Alto Sudán, es fundada por los tuaregs (1100).
  • Con la emergencia del Imperio Malí (s. XIII), de cuya economía el río Níger es la pieza maestra, Tombuctú cobra mayor importancia. Está ligada a Yenné para el comercio de la sal, del grano y del oro, y su función comercial se acompaña de una función militar. Acoge a mercaderes extranjeros que huyen de otras ciudades al borde del Sáhara y, al mismo tiempo, a letrados del Islam; todas estas llegadas producen el desarrollo y la definición de nuevos barrios en la ciudad, entre ellos el de una población procedente de Ghadames.
  • En el siglo XIV, se erigen una muralla y una mezquita. Tombuctú, bajo la dinastía de los Mandingas, llega a ser un centro de cultura, y los rasgos básicos de su paisaje ya están acuñados.
  • Tras un período de regresión, en el siglo XV, Tombuctú alcanza su apogeo bajo el reinado de los Askia (1493-1591), época en que aumenta su influencia. La ciudad está densamente construida.

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