lunes, 26 de junio de 2017

Monasterio de Monfero

El monasterio fue fundado en el año 1134  por los nobles Alfonso Bermudez y su sobrino Pedro Osorio. Inicialmente estuvo encomendado a los benedictinos de Santa María de Valverde hasta el año 1147, en el que se convertiría a la orden del cister de manos de la Abadía de Sobrado. Se levantó entre dos capillas de gran devoción popular en la zona: la de San Marcos y la de Virgen de la Cela. En los siglos siguientes consolida su jurisdicción, los monarcas confirman sus privilegios y se enriquece con donaciones particulares.
A partir del siglo XIII comienza el crecimiento de la abadía, gracias a los hermanos legos que cultivan las granjas del entorno monástico. Se suman también las rentas de los bienes que fueron adquiriendo y engrandeciendo su patrimonio. Con el tiempo esta expansión extramuros dio origen al enfrentamiento con los señores feudales por el dominio de sus tierras. Destacan las pugnas con los Aras Pardo y los Andrade , siendo necesaria, en el siglo XIV, la intervención del poder real. Este dirimió a favor de la soberanía de los monjes

Con el crecimiento económico llegó a su esplendor en los siglos XVI y XVII, lo que permitió a los sucesivos abades acometer importantes obras en las dependencias monásticas y en la iglesia. Las viejas instalaciones desaparecen y son sustituidas por otras más acordes con los nuevos tiempos y con el crecimiento de la comunidad En este sentido afirma en 1668 fray Bernardo de Armuño  que: "todos los edificios se han hecho de nuevo de ochenta años a esta parte". Se comenzó por el claustro regular, refectorio, portería y claustro de la hospedería. Al año siguiente de terminar este, se arremete la reedificación de la iglesia. Con ella se renueva el estilo arquitectónico, pasando del renacimiento al barroco. Tras una pausa en la que ser realizan los retablos de la Virgen de Cela y el mayor, se retoman las obras construyendo el claustro oriental y las dependencias menores. Desde comienzos del siglo XVIII y hasta entrado el XIX se habían endurecieron las protestas de los lugareños, que terminaron por negárse a abonar las rentas al monasterio. El curso de los acontecimientos, invasión francesa y los vaivenes de la política española del primer tercio del XIX, perjudicaron seriamente al monasterio.

El final de Monfero como Abadía Cisterciense llega en el año 1820. Proclamada la constitución, fue anulada por Fernando VII a su regreso de Francia. Con el Decreto de Extinción de Monacales son exclaustrados, así, todos los monjes del Reino. Un Decreto de la Regencia del Reino del año 1823 dio a alguno de ellos la posibilidad de regresar; pero hallaron un monasterio inhabitable, desmantelado por la rapiña de los paisanos. En agosto de 1835 se produjo la definitiva exclaustración. En 1854 el Cardenal Arzobispo de Santiago, en conocimiento de los robos y del penoso estado del monasterio, distribuyó a algunas parroquias, en calidad de reintegro, los retablos de la iglesia. En 1880 fracasa, a instancias del cardenal Miguel Payá y Rico, el intento de establecer una misión. De la misma manera fracasan los desvelos de Rodrigo Pardo por restablecer la vida monástica. Bajo su impulso, en 1882, se instala una comunidad cistesciense dirigida por un antiguo monje de la Congregación de Castilla llamado Manuel Antonio Diez. Las dificultades para detener el estado de ruina de las instalaciones y una epidemia de viruela dan al traste con esta experiencia efímera. Otros intentos, como el de establecer una Trapa, ni siquiera llegan a materializarse.

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