miércoles, 3 de mayo de 2017

el crimen que sacudió un país

El principal sospechoso y único condenado por el crimen fue Rafael Escobedo  Alday (1955-1988), quien había contraído matrimonio con Miriam de la Sierra y Urquijo, hija de los marqueses, el 21 de junio de 1978. La relación se fue deteriorando y en 1979 Miriam inició una relación sentimental con Richard Dennís Rew, conocido como Dick, el Americano.
El marqués era propietario del banco urquijo, cuyas acciones, por aquel entonces, iban en picado.
En la noche del 1 de agosto de 1980, los marqueses de Urquijo fueron tiroteados de muerte, cuando dormían en su domicilio de somosaguas. El 8 de abril de 1981 , Escobedo era detenido, tras encontrarse en una propiedad de su padre unos casquillos  de pistola que parecían coincidir con los que acabaron con la vida de los marqueses. Al día siguiente, Javier Anastasio de Espona, amigo de Escobedo y Diego Martínez Herrera, el administrador de los Urquijo, realizaron sendos viajes relámpago a Londres , donde además se encontraba Juan, el hijo pequeño de los marqueses.

La desaparición de los casquillos complicó el desarrollo del juicio. La condena a Escobedo a 53 años de prisión, en julio de 1983  fue confirmada por el  tribunal supremo en 1985. Escobedo mantuvo su inocencia (acusando del crimen a Anastasio), hasta que se quitó la vida en el penal de el dueso  el 27 de julio de1988  La tramitación de este suceso correspondió al entonces Juez de santoña Fernando. 
La pistola, oficialmente, no fue encontrada, aunque se cree que fuera una Star, calibre 22 long rifleEl arma es toda una reliquia para los coleccionistas ya que sólo se hicieron unos pocos ejemplares en la empresa ubicada en éibar de hecho se estima entre 22 y 24.
Javier Anastasio había sido detenido en enero de 1983  y la celebración del juicio como coautor estaba prevista para e 21 de enero del 88 . Sin embargo, un mes antes escapó de la justicia y desde entonces se ha mantenido en paradero desconocido. Sólo se lo vio siete años después, cuando fue entrevistado para televisión por jesús quintero desde brasil. En mayo de 2010 se dictó la retirada de cargos y archivo de las actuaciones por prescripción del delito, al haber transcurrido 30 años.
En febrero de 1990 también se condenó a Mauricio López-Roberts y Melgar, marqués de Torrehermosa, a diez años de prisión por encubrimiento.

En 2010 por primera vez la revista vanity fair  entrevista a Anastasio en la que niega ser el autor del crimen.
Desde el primer momento se descarta el suicidio y toma forma la tesis de que puede tratarse de un asesinato que obedece a una venganza personal cometido bien personalmente o ‘a sueldo’.
La investigación policial arranca.
La residencia de los marqueses, una lujosa mansión ubicada en el selecto barrio madrileño de Somosaguas, cuenta con vigilancia de seguridad y no se observan señales de haber sido allanada.
Solo aparece un cristal roto en la planta baja, por lo que todo señala que los asaltantes ya conocían la vivienda.

Diez días después del suceso, los hijos de los marqueses, Miriam y Juan, aparecen en público. Contritos, pretenden acallar rumores y expresan su deseo de saber quién y por qué había asesinado a sus padres. La policia tiene a varios sospechosos, el primero de ellos, Rafi Escobedo, marido de Miriam.

Ocho meses después del crimen, el 6 de abril de 1981, Escobedo es detenido y confiesa ser el asesino de sus suegros, a quienes culpa de su fracaso matrimonial con Miriam.
En 1983 se inicia el juicio para esclarecer el caso, pero los informes y testigos lo hacen imposible llegando incluso a implicarse al menor de los hijos de los marqueses, Juan.
Tras el tortuoso juicio, la Audiencia de Madrid, sentencia a Rafa Escobedo a 56 años de cárcel 26 por cada muerto, considerando probado que había asesinado a sus suegros.
La condena le castiga por infligirles la muerte ‘por sí solo o en unión de otros’.Sentencia que siembra la duda sobre si podían existir otros implicados.
¿Habría sido Rafael víctima de una confabulación?
Javier Anastasio, íntimo de Escobedo , también es procesado por el crimen.y no duda en señalar al hijo de los marqueses como implicado. El ‘fiel amigo’ ingresa en la prisión de Carabanchel y es puesto en libertad provisional en marzo de 1987, poco después huye de España.
Anastasio jamas será juzgado, y en el 2010 se retirarán todos los cargos que pesan sobre él al cumplirse 30 años del crimen.
En el segundo sumario del caso, abierto en octubre de 1983, el marqués de Torrehermosa, Mauricio López-Roberts, es detenido también como encubridor del crimen.
El marqués es condenado a 10 años de cárcel y a pagar una multa de 10 millones de pesetas a Juan y Miriam Urguijo por asegurar que había prestado 25.000 pesetas a Anastasio para que huyera a Sudáfrica vía Londres el día en que fue detenido Rafael Escobedo. El 18 de febrero de 1991, el Tribunal Supremo ratifica su condena.
Tras salir de prisión se retirará a una finca agrícola de su propiedad. Fallecerá el junio del 2014.
Casi siete años después del misterioso crimen, el 27 de julio de 1988, Rafael Escobedo aparece ahorcado en su celda de la cárcel de El Dueso (Cantabria): se había suicidado.
Lo había intentado una semana antes con una sobredosis de heroína. Como si de una carta de despedida se tratase, semanas antes el yerno de los Urquijo había concedido una entrevista a Jesús Quintero y en ella había asegurado que la cárcel le había “destruido”.
El suicidio no sorprende a nadie. Escobedo se lleva a la tumba la verdad sobre lo que sucedió aquella madrugada del primero de agosto de 1980 en Somosaguas.
Miriam, la primogénita de los Urquijo y ex mujer del condenado suicida lo tenía claro. Experta en autoayuda, en una entrevista concedida en las páginas de La Vanguardia a La Contra aseguraba casi dos décadas después del asesinato de sus padres que con la sentencia se había hecho “justicia”.
35 años después la autoría del crimen continúa siendo un misterio.
El caso sigue abierto. El asesinato ha sido uno de los hechos delictivos con mayor seguimiento mediático en la historia de España. Además de los cientos de páginas de prensa escrita en los meses posteriores al asesinato, durante el desarrollo del juicio y tras el suicidio del condenado. Se han escrito varios libros sobre el caso, entre ellos, Con un crimen al hombro. Yo maté a los marqueses de Urquijo, de Matías Antolín. 

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