domingo, 2 de abril de 2017

Los crímenes de Mobutu

La república democrática del Congo es un país en guerra. Más allá de los múltiples acuerdos de paz y otros tratados o protocólos , llevados entre las partes en conflicto, la seguridad internacional al Este del país y en la región de los  grandes lagos , sigue viéndose amenazada.
Esta situación es la consecuencia del encadenamiento de varios factores originadas en la época colonial. Tras la caída del muro de Berlín  y el final de l la guerra fría , el debilitamiento del Zaire de Mobutu  socavado por la corrupción y por las diferencias políticas, creó en el centro de África una situación que permitió liberar los odios y rencillas que estaban larvados y que tenían origen en los antagonismos étnicos de Ruanda y Burundi. Estos antagonismos a su vez nacían de la distinción identitaria entre los Hutu  y los Tutsi, fomentada por una Bélgica colonial que entonces se encargaba, por razones meramente administrativas, de la gestión de dichos territorios.
En ese marco, el  genocidio de Ruanda se presenta como el primer acto de una dinámica de desestabilización de áFRICA Central  planificada para concluir en una reconfiguración del trazado de la fronteras hecho por la conferencia de Berlín
Esta iniciativa desestabilizadora, iniciada por los grupos de presión tutsis (minoritarios en Ruanda) organizados en el seno del frente patríotico ruandés  (FPR), apoyados y equipados por la administración Clinton  y el aparato militar americano, persigue un doble objetivo: imponer el liderazgo político tutsi en África Central, y ampliar las fronteras de Ruanda a los territorios del kivu del sur  y Kivu del norte , para desenclavar un territorio demasiado exiguo, bajo una enorme presión demográfica, y acceder a ricos recursos naturales, de los que Ruanda estaba desprovista.3
Sin embargo, la puesta en marcha de ese programa en la República Democrática del Congo tenía un precio: debilitar por todos los medios posibles a la población congoleña, en su mayoríaBantú, para impedir que reaccionara y tratar de romper cualquier idea de unidad nacional, luego se procedería a reequilibrar demográficamente la región de Kivu , mediante un desplazamiento masivo de población ruandesa y aplicando una política de Limpieza étnica  sobre gran parte de la población congoleña, y a asegurar la financiación de la reconstrucción del nuevo estado ruandés improductivo en materias primas y recursos naturales.

Precisamente en este contexto hay que situar el genocidio congoleño que se desarrolla a partir de 1996 , a lo largo de la primera y segunda  Guerras del Congo, calificadas de "alta intensidad", y a lo largo de períodos de inestabilidad e inseguridad que se desarrollan en la República Democrática del Congo en la llamada guerra de "baja intensidad", por parte de las autoridades ruandesas y de sus cómplices congoleños y occidentales, sobre las poblaciones identificadas como de nacionalidad congoleña.Mobutu Sese Seko, presidente todopoderoso del Zaire (actual República Democrática del Congo) alcanzó el poder en 1965 por medio de un golpe de estado y se mantuvo como líder indiscutible hasta 1997. Esto es, gobernó la friolera de 32 años. Aunque pensándolo bien, donde digo gobernar, podría decir hundir a su propio país en la pobreza a través del saqueo y el expolio.
Pero no adelantemos acontecimientos. Primero habría que preguntarse cómo logró Mobutu permanecer en el poder durante tanto tiempo. Y la respuesta es de lo más sencilla: alineándose con Occidente y Estados Unidos, que financiaron al presidente y su gobierno durante años, mirando hacia otro lado, a fin de evitar la expansión del comunismo.

De esta forma el Zaire se convertía en un corta-fuegos anticomunista en el mismo corazón de África. En esa lógica de la Guerra Fría, el presidente vivió una situación muy cómoda que le permitió impulsar sus dos grandes proyectos. El primero, conocido como “Zairización”, fue una revolución cultural en la que renovó completamente la tradición africana del Congo. En este proceso, cambió el nombre de su país que en 1971 pasó a denominarse Zaire, y rebautizó las ciudades de tradición colonial: Léopoldville, Stanleyville, y Elisabethville pasaron a ser conocidos como Kinshasa, Kisangani, y Lubumbashi, respectivamente. Esta revolución, que pretendía alejarse culturalmente de la tradición occidental llegó a los límites de abolir los nombres cristianos por nombres de raíz.
Su segundo proyecto, además del culto a la personalidad, los asesinatos cometidos y todos los crímenes contra la humanidad que se produjeron durante su desgobierno, se basó en el robo continuo; en el expolio despiadado y salvaje de su propia tierra y de sus compatriotas. De hecho, el logro de Mobutu fue institucionalizar el robo, convirtiéndolo en parte del Estado, algo que irremediablemente sucedía y era cotidiano. Sólo así se entiende que las arcas de Mobutu (y sus cuentas de Suiza) alcanzaran los 5.000 millones de dólares estadounidenses al final de su mandato.
Este sistema de robo estatal se conoce como Cleptocracia, es decir, el gobierno de los ladrones, y sin duda alguna entre 1965-1997 el Zaire se convirtió en el mejor exponente de este. Sin embargo, Mobutu nunca ocultó sus actividades. Tal fue el descaro del presidente que nunca negó la depredación y el saqueo que él mismo estaba llevando a cabo en el Congo. Lo reconoció públicamente y de hecho dio a sus compatriotas las claves del éxito: “robar poco a poco, para que los demás no se den cuenta”. Así, y con el beneplácito de su presidente, los congoleños fueron invitados a seguir los pasos de su líder y de su gobierno.

Precisamente, mientras los bolsillos del presidente estaban a punto de reventar, el país más rico de África se convertía en el quinto país más pobre del mundo. Pero no sólo se empobreció, sino que el país se hundió en el abandono y el caos. De esta forma, todo orden social, estructura económica u organismo del estado se desmoronó. La selva comenzó a devorar el asfalto de las viejas carreteras, se abandonaron las líneas férreas y Air Congo pasó a servir al amo y señor del Zaire, teniendo siempre a disposición de sus caprichos el puñado de aviones de los que disponía la empresa.
Las minas dejaron de explotarse, reduciendo su productividad un 80%, con la consecuente depauperación de los ya de por sí arruinados congoleños. Además, la desaparición casi total de los medios de transporte y comunicación, incluidos los barcos que surcaban las aguas del río Congo, extinguieron el comercio.
Igualmente, se dejó de pagar a los funcionarios, que entraron en la lógica del sistema mobutista, y se entregaron a la corrupción a fin de obtener algún beneficio. Los soldados tampoco fueron pagados y de hecho fueron invitados por el presidente a obtener ellos mismos su botín a través del saqueo de ciudades y pueblos. Esto a su vez produjo una descapitalización de la economía y un aumento de los ataques a la población civil, sobre todo a las mujeres, que se convirtieron en las principales víctimas debido a crímenes de toda índole sexual.

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