sábado, 1 de abril de 2017

La batalla de Waterloo

En el bando opuesto, Wellington tampoco lo tenía fácil. Sus veteranos peninsulares estaban dispersos por todo el mundo o habían sido desmovilizados. En consecuencia, Wellington se vio reducido a combatir a Napoleón con un variopinto ejército de mercenarios holandeses, belgas y alemanes (de Hess y Nassau) y con una pequeña fuerza de soldados ingleses. Tenía 68.800 efectivos de infantería y 14.500 de caballería, lo cual, con otras tropas, sumaba un total de 92.300 soldados divididos en tres cuerpos de infantería bajo su mando, el del general Hill y el del príncipe holandés de Orange. La caballería estaba bajo el mando del conde de Uxbridge, que actuaba también como lugarteniente de Wellington. Las relaciones entre los dos eran frías (Uxbridge se había fugado con la cuñada de Wellington) y aquel había sido nombrado en contra de los deseos expresos de Wellington.

Los aliados confiaban, por tanto, en los prusianos, con 130.000 hombres, para contener a Napoleón. Su legendario comandante, el mariscal de campo y príncipe Gebhard von Blücher (1742-1819), tal vez nunca hubiera sido el mayor de los estrategas, pero se podía confiar en que combatiría a los franceses y en que acudiría en ayuda de Wellington, quien esperaba que Napoleón intentase introducir una cuña entre sus ejércitos separados.
el 16 de junio, tuvo lugar la batalla central en Ligny entre el ejército principal de Napoleón de 71.000 hombres y los 84.000 prusianos de Blücher. Los prusianos habían decidido dispersarse por un terreno pantanoso, pero Napoleón tampoco estaba en su mejor momento táctico. Retrasó la batalla hasta la tarde, cuando se vio obligado a limitarse a machacar las líneas prusianas para someterlas. Durante casi dos horas, la salvaje lucha continuó, frecuentemente cuerpo a cuerpo, con bayonetas y disparando a quemarropa. Las pérdidas prusianas alcanzaron los 19.000 efectivos, y, aunque Blücher abandonó el campo, Napoleón había sufrido fuertes pérdidas (unos 14.000 hombres) que mal podía permitirse. Napoleón envió al mariscal Grouchy en pos de los prusianos con 30.000 hombres, pero este no presionó estrechamente al enemigo y, lejos de retirarse de regreso a Alemania, Blücher marchó hacia el oeste para respaldar a Wellington, como había prometido.
Después de derrotar a los prusianos, Napoleón se dirigió a Quatre Bras, donde halló que los ingleses, tras contener los ataques de Ney, se retiraban del campo de batalla de forma ordenada, sin ningún esfuerzo por parte de los franceses para perseguirlos o acosarlos. En cambio, Ney y su estado mayor se sentaron para cenar. Napoleón no podía creer lo que veían sus ojos, y echó a sus oficiales un violento rapapolvo que, aunque merecido, no contribuyó a elevar la moral de Ney.Los prusianos habían empezado a aparecer en el borde del campo de batalla (el Bois de París) hacia las 16:00, y una hora después Napoleón se vio obligado a reforzar al Cuerpo de Ejército VI de Lobau (reducido ahora a 7.000 hombres) enviando a 4.000 hombres de la Guardia Joven. Hacia las 19:00, el Cuerpo I de Von Zeithen había llegado para respaldar a los hombres de Bülow. En un último intento de perforar el centro de Wellington, Napoleón ordenó a la Vieja Guardia, unos soldados que jamás habían sido derrotados, que atacase en dos columnas de 75 hombres en fondo.
Una vez más, los soldados ingleses, ocultos detrás de la cresta, pudieron sorprender a las columnas antes de que estas pudieran desplegarse en línea, y las destrozaron con fuego de mosquete a quemarropa. Cuando la Vieja Guardia se retiró, la moral del ejército francés se quebró finalmente, y los soldados se desbandaron y huyeron, gritando «Sauve qui peut!»: «¡Sálvese quien pueda!» y «Trahison!»: «¡Traición!».Napoleón huyó en una diligencia y a las 20:30 Wellington se reunió con su salvador Blücher en La Belle Alliance.

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