jueves, 27 de abril de 2017

El hombre del valle maldito


1964 Spaguetti Western. Italia 84 Minutos. Director: Primo Zeglio. Guión: Edward di Lorenzo. Música: Francesco dimasi. Fotografía: Alfredo Fraile. Productora: Fenix Films. Reparto: Ty Hardin, Irán Eroy, Piero Leri, José Nieto, Pedro Bartha, José Marco, Pier Albacín, Phil Phosner.

Sinopsis: Una joven blanca casada con el piel roja Torito es raptada por la tribu de su marido y maltratada salvajemente, hasta que consigue escapar del poblado. Primo Zeglio, un director especialista en cine de aventuras como "La venganza del corsario", vio como ese mismo 1964 terminaba de estallar la fiebre por el espagueti wéstern, con el estreno de "Por un puñado de dólares", de Sergio Leone. Es por ello, que se reinventó y se convirtió en un director de cine del Oeste. De este modo, se puso al cargo de este dramático filme, coproducido entre Italia y España, aunque en los créditos figure como realizador Siro Marcellini ("El sacrificio de las esclavas"). Su protagonista fue el actor americano Ty Hardin, un intérprete que se hizo famoso gracias a la serie de televisión "Bronco" y que tras una corta carrera en el cine estadounidense, se trasladó a Europa, donde protagonizó una larga lista de películas del Oeste de bajo presupuesto.

Modestísima propuesta con claras carencias presupuestarias y lo que es peor, tanto técnicas como artísticas. Así tras unos títulos de crédito iniciales con estética propia de las series del oeste de los años cincuenta y principios de los sesenta que proliferaron en la televisión norteamericana (no sé si fue un efecto buscado ya que Ty Hardin protagonizó una de ellas) el film se abre con una escena claro ejemplo de lo que no deben ser la dirección, ambientación e interpretación de una película si se quiere ser mínimamente creíble. Pero lo peor es que gracias a un vergonzante guión y una torpe dirección la película se mantiene a este nivel durante todo su desarrollo, menos mal que sólo dura ochenta minutos. Así en la siguiente escena, en un clamoroso error de raccord, vemos que el vestido que se le había roto a la protagonista en el forcejeo con los indios aparece milagrosamente cosido; a continuación asistimos a la persecución de Tamura, el marido indio de Gwen, por los apaches que parece sacada de un western hecho en serie de los protagonizados por John Wayne en los años treinta; vemos en otra escena como éste llega a un rancho, por cierto sin amueblar, en donde le esperan tres indios y, tras matarlos, con las mismas se va, claro uno se pregunta ¿Para qué narices había ido al rancho? o ¿Cómo sabían los indios que iba a ir allí?; mientras, Walscott ha llevado a Gwen a su cabaña y hasta allí se acerca un conocido al que Johnny sólo se le ocurre preguntarle si ha llegado a caballo (pues dime tú cómo lo ha podido hacer si no es encima de un equino porque el rancho se encuentra perdido en la montaña), además el visitante, que es otro lince, como Gwen no bebe piensa que es india, pero hombre que yo sepa no había indias de piel clara y pelo rubio. Y toda la película sigue a este nivel disparatado, además de irse inclinando poco a poco hacia el melodrama más cursi con niña repelente incluida (hija del antiguo matrimonio de Johnny).

 Para colmo el largometraje tiene ciertas pretensiones al tratar, aunque de forma banal, el tema de la problemática del mestizaje y las relaciones interculturales en el Far-West, con un mensaje, tampoco sé si buscado, un tanto preocupante: sólo son buenos los indios civilizados como Tamura, es decir aquellos que han abandonado su cultura y su forma de vida, se comportan como un blanco más e, incluso, visten como ellos. Y a todo ello hay que añadir unos diálogos un tanto pretenciosos que quedan ridículos y falsos, como el mantenido por Gwen y Johnny al borde del río, al señalar la primera: “Soy hija de Sam Barret. Comprendo que le parezca una monstruosidad que una mujer blanca se case con un indio, sin embargo le quiero y siempre le querré” (eso justo antes de estar a punto de caer en sus brazos) y le contesta Johnny “Sé perfectamente que en el amor no caben prejuicios…cada uno debe proceder según su corazón y conciencia”, pues estupendo, todos contentos. Y lo mejor de todo es que no hay quien entienda, porque en ningún momento lo explican, el leitmotiv del film, o sea la querencia de los apaches por Gwen a la que persiguen por todas partes, raptándola varias veces e incluso provocando una masacre en un rancho, más bien una chabola, en una escena de batalla chapuceramente rodada.

Película completa

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