jueves, 16 de marzo de 2017

Joaquín Murrieta

La historia de Joaquín Murieta es legendaria y popular, es la audacia y la dignidad de los despojados del suelo y sus derechos. Algunos lo hacen chileno, «...el honrado mozo natural de Quillota». Otros lo nombran como mexicano de Sonora. Sus pasos se pierden en el lugar del parto, pero algo sí es: latinoamericano.

California era mexicana, fue anexada por Estados Unidos en 1848, bajo el imperio de la Doctrina Monroe de 1823. Luego vendría el anexionismo de Texas, Sonora, Nuevo México y una porción de Arizona.

Ese mismo año, 1848, se descubre la primera pepita de oro en Yerbas Buenas, Los Angeles. La noticia se expande por América, llega a Chile y desde los puertos zarpan barcos con enganchados con los frutos de la mina. En California pronto la xenofobia y el racismo para con el latino se convertirá en persecución y muerte. Muchos de ellos abrazarán el bandolerismo, entre ellos Joaquín Murieta.

A partir de 1848 llegan miles de migrantes hasta California en la llamada «fiebre del oro». Los lavaderos son trabajados por chilenos, peruanos y mexicanos. Los yanquis ven que algunas de las mejores vetas son explotadas por los «greasers», como llaman a los latinos.

Las medidas persecutorias no tardan. El Gobernador Militar de California, Gral. Persifor Smith, acusa a los extranjeros de transgresores y anuncia su expulsión. La violencia de los mineros y comerciantes yanquis se vuelca sobre los campamentos de latinos.

En las minas del centro y norte de California se les da tres horas a los perseguidos para que se marchen sin llevarse sus pertenencias y aperos; muchos se refugian en San Francisco y en las minas del sur. Luego se les impone un impuesto de veinte dólares mensuales por lavar oro, y se prosigue con otras formas de persecución y hostigamiento.

En el caso de Murieta, se dice que su hermano fue asesinado, su casa incendiada y su mujer violada, logrando sobrevivir a duras penas.

La ley es dictada por el más fuerte. La xenofobia se exacerba, se realizan acusaciones infundadas de robo, asalto o abigeato contra los latinos. Los juicios son sumarios, en cualquier taberna o sala de juegos se forma un «jury» que condena en el acto al acusado a la pena de azotes o a la horca.

Los delitos y crímenes cometidos por no-latinos quedan impunes; un chileno es muerto de un tiro mientras baila cueca en una taberna, un mexicano es linchado después de ser sacado de la cárcel del Sheriff. El poblado de Dry Diggins cambia su nombre por Hang-Town (Ciudad de los Ahorcados).

Miles de latinos abandonan California. Los que se quedan deben asumir el trabajo peonal o la explotación de lavaderos marginales, pero siempre perseguidos, se vuelcan al bandolerismo como protesta frente a la injusticia. Se forman bandas como la famosa Guadalajara o la de Mariposa, la de Narrato Ponce, la del bandido Leiva o la de Tiburcio Vásquez. Entre ellas la de los Joaquines: Carrillo, Valenzuela, Ocomorenia, Botellellir y la del legendario Joaquín Murieta junto a «Juan Tresdedos».

El bandolerismo se desplaza de las minas al valle, y de ahí a los caminos. El cuatrerismo es la primera etapa, los rancheros californianos son asolados en 1851, luego caen sobre los arreos de vacunos, se generaliza el robo de caballos, el asalto a ranchos y a diligencias.

La pena de muerte se impone al bandolero; el que sea sorprendido deberá ser ejecutado en el acto. Los bandidos se juegan la vida, no caer vivos en manos de los «galgos».

Todas las acciones de los bandoleros comienzan a ser atribuidas a Joaquín Murieta, el más rápido y audaz de California; así se va tejiendo su leyenda. Pero su cabeza cobra valor: 1000 dólares, vivo o muerto.

Los gobernadores de California autorizan a Harry Love, viejo hampón, para formar una compañía de «Rangers» y en tres meses dar caza a Murieta. En mayo de 1853 sale la cabalgata, mientras los rastros de Joaquín Murieta se esfuman con el viento. Días antes de que se venciera el plazo de la concesión exclusiva, caen sobre un grupo de mexicanos que están junto a una fogata, escapan algunos de ellos, dos mueren. Uno es decapitado como prueba de que Joaquín ha muerto. Un cartel llama a la exhibición del trofeo de un bandido del cual no se tiene certeza de su apellido...

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