viernes, 10 de marzo de 2017

Isla de Okunoshima

Okunoshima, una isla en el mar de Seto japonés que fue un laboratorio secreto de armas químicas en la II Guerra Mundial. Hoy está prácticamente abandonada por los humanos, pero abarrotada de conejos. La isla, que sirve de base para Chūshi, la línea de alta tensión más grande de Japón, conserva aún las fábricas y almacenes utilizadas para crear gas pimienta y gas lacrimógeno. Y además podrás ver qué es lo que pasa cuando te dejas una maleta olvidada en el andén de un tren en Japón.La isla era un área cultivada hasta la guerra ruso japonesa , cuando diez fuertes fueron construidos para protegerla. Tres familias de pescadores vivían en la isla.



En 1925, el Instituto de Ciencia y Tecnología del Ejército Imperial Japonés, dio inicio a un programa secreto para desarrollar armas químicas, basándose en una amplia investigación que determinó que se estaban produciendo armas químicas a lo largo de los Estados Unidos y Europa. Japón era uno de los firmantes del protocola de Ginebra  de 1925, el cual prohibía la guerra con armas químicas. Aunque el desarrollo y almacenamiento de tales armas no estaba prohibido, el país se esforzó mucho para mantener en secreto la construcción de la planta de municiones químicas que comenzó a operar en 1929, llegando al extremo de borrar el registro de la isla de algunos mapas. La planta fue construida de 1927 a 1929, y dio alojamiento a una fábrica que produjo más de seis kilotones de gas  mostaza y gas lacrimógeno
La isla fue seleccionada por estar aislada, propicia para la seguridad, y porque estaba lo suficientemente alejada de Tokio y otras áreas en caso de un desastre. Bajo la jurisdicción de la milicia japonesa, el procesador para la preservación de los peces locales fue convertido en un reactor de gas tóxico. A los residentes y empleados potenciales no se les dijo qué es lo que fabricaba la planta y todo se mantuvo en secreto; las condiciones de trabajo eran duras y muchos sufrieron enfermedades relacionadas a la exposición de material tóxico.
Con el fin de la guerra, los documentos relativos a la planta fueron quemados, y las Fuerzas de Ocupación Aliadas se deshicieron del gas ya sea vertiéndolo, quemándolo o enterrándolo, y a la gente se le dijo que se mantuviera callada respecto al proyecto. Varias décadas después, las víctimas de la planta recibieron ayuda gubernamental para su tratamiento, y en 1988 fue inaugurado el Museo del Gas Venenoso de Okunoshima.
Actualmente la isla tiene un hotel, un campo de golf de seis hoyos y un pequeño terreno para acampar. Los visitantes pueden nadar en las limpias aguas que rodean la isla, pese a la marea. Muchos conejos viven en la isla. Cuando la isla fue desarrollada como parque después de la Segunda Guerra Mundial, estos conejos fueron soltados a propósito, pues muchos fueron usados en la planta para probar la efectividad de las armas químicas durante la guerra; sin embargo, dichos conejos fueron aniquilados cuando se demolió la planta. De acuerdo al antiguo director del Museo del Gas Venenoso, Murakami, los actuales conejos no tienen nada que ver con aquellos que fueron involucrados en las pruebas de armamento químico. Cazar estas criaturas está prohibido, al igual que llevar perros y gatos a la isla. Las ruinas de los antiguos fuertes y la fábrica de gas se encuentran dispersas por toda la isla; el acceso a ellas está vedado por ser muy peligroso. Por ser parte del sistema del Parque Nacional del Mar Interior, existe un centro de recursos, y a lo largo de la ruta se localiza el museo.

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