domingo, 5 de marzo de 2017

Evelyn

2002 94 minutos. Irlanda. Director: Bruce Beresford. Guión: Paul Pender. Música: Stephan Eldelman. Fotografía: Andre Fleuren. Productora: Mgm. Reparto: Pierce Brosman, Julianna Marguiles, Aidan Quinn, Stephan Rea, Alam Bates, Jhon Lynch, Sopie, Hugh Mcdonagh, Bosco Hogan, Karem Ardiff, Marian Quinn.
Sinopsis: Basada en una historia real ocurrida en Irlanda en los años cincuenta. La pequeña Evelyn y sus dos hermanos son separados y enviados a distintos orfanatos católicos cuando un tribunal decide que su padre, un hombre sin recursos y abandonado por su esposa, es incapaz de cuidar de ellos. Sin embargo, está decidido a recuperarlos por dura y larga que sea la batalla legal que tenga que afrontar. 
"Evelyn" tiene tantas cosas para comentar que habrá que resumir mucho. Para empezar, la odisea de Desmond Doyle (Pierce Brosnan) por recuperar a sus tres hijos porque un tribunal decide que no está capacitado para cuidarlos es uno de esos dramones clásicos de los que gustan. Bien planteada, sin grandes alardes por parte del director, pero con corrección, ternura y sensibilidad, "Evelyn" por momentos roza lo empalagosa pero acaba evitándolo. Incluso hay momentos en los que te puede arrancar alguna lagrimita como le pasó a un servidor. Es verdad que quizás le falta mordiente y tampoco me parece que esté todo lo bien concebida que pudiera. Por ejemplo, hay tantos personajes que algunos se acaban diluyendo como le pasa el propio Brosnan. Esto sucede en parte por el gran plantel de actores con los que cuenta Bruce Beresford, que en cierta forma, se pisan unos a otros, dándote incluso la sensación de que están desaprovechados: Pierce Brosnan, la niña Sophie Vavasseur, la chica, Julianna Margulies, el abogado Aidan Quinn, el procurador Stephen Rea, el profesor Alan Bates, etc. Aún así, entretenimiento conmovedor más que digno.


Buena parte de la culpa del éxito de "Evelyn" reside en el personaje que da nombre a la película, Evelyn Doyle, una niña con tanta personalidad y tan buena, inocente, religiosa y con tan buen corazón que antes de que subiera al estrado sabía que le iba a dar una paliza al fiscal. Insisto en lo dicho en "Los Otros". Con una hija así, no sólo es que no le deberías mandar nada sino que te tienes que poner a su disposición porque es mejor que tú de largo. Claro que para mujeres, Bernadette (Julianna Marguelies). Que gran ejemplo de dignidad, de saber estar y de cómo manejar a un hombre sin perder un ápice de feminidad. Vamos todo lo contraria a las pobres chicas Bond que se arrastran ante el 007 de turno. La clave es que como es tan ultraconservadora se hace respetar. De esta forma hace con Desmond todo lo que quiere porque lo que le exige es lo que está sancionado por la religión, la costumbre, la historia, la naturaleza y los roles tradicionales de los sexos, lo que le da una fuerza y un dominio extraordinario sobre el hombre. Con razón, aquél antiguo refrán decía, "Si tu mujer te pide que te tires por un tajo, ruega a Dios que sea bajo". 

Y hablando de ultraconservador, Bruce Beresford en su película plantea directamente una teocracia. Porque repasando la Constitución de Irlanda de 1937, que es la vigente, no dice ni muchos menos lo que sale en la película, cosa por otro lado evidente, pues por muy católica que pudiera ser la isla, su devoción política está por encima de cualquier otra cosa y el liberalismo, nacionalismo y republicanismo que me tanto irrita de ese país no hubiera permitido jamás una formulación tan reaccionaria como la aquí anunciada. Cuando en el juicio se ponen a leer la Constitución, se dice textualmente: "Artículo 1: La Constitución irlandesa será consecuente con la ley de Dios" y "Artículo 41: Un padre y un hijo gozan del derecho otorgado por Dios de poder disfrutar de su mutua compañía".


Lo que es más curioso es que unos principios semejantes pero liberales producirían sopor y repelús, a parte de no convencer a nadie. Sin embargo, dicho de este modo es irrefutable: el derecho a X procede de Dios mismo, no de una presunta naturaleza humana que se han inventado unos señores para colarnos el liberalismo en toda su integridad. De este modo, mediante esta teocracia (que por otro lado suena bastante mal pero que es la base de todo buen gobierno) es Dios el que establece las normas, leyes o principios de lo justo e injusto, lo bueno y lo malo. Con esto podemos prescindir entonces de cualquier otro documento, incluida la Constitución o la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que sólo tendrán validez en cuento respalden lo revelado por Dios. Es cierto que puede haber interpretaciones diversas, unas buenas y otras malas, por ejemplo, la de la niña y la de la monja. Sin embargo, históricamente la primera ha sido la abrumadoramente mayoritaria.

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