jueves, 23 de febrero de 2017

Tito

Durante la segunda guerra mundial (1939-1945), el país fue ocupado por la Alemania nazi (1941). Tito pasó a la clandestinidad y organizó la resistencia guerrillera contra los alemanes y los colaboracionistas, sin recibir ayuda ni de la Unión Soviética ni de los aliados occidentales. Los partisanos de Tito liberaron al país del ejército ocupante por sí mismos, circunstancia que determinó la instauración de un régimen político autónomo respecto a las dos superpotencias (la URSS y Estados Unidos) que se repartieron el mundo en la posguerra. En 1945 proclamó la República Popular Federativa de Yugoslavia (con un régimen comunista de partido único), en la que ejerció el poder hasta su muerte, primero como jefe de gobierno (1945-1953) y luego como presidente de la República (1953-1980).

A pesar de la afinidad ideológica con la Unión Soviética, Tito rompió las relaciones con Stalin  en 1948, afirmando su «vía nacional» al socialismo frente a la voluntad de dominación soviética. En consecuencia, no se integró en los sistemas de alianzas del bloque soviético (COMECON y Pacto de Varsovia), entablando por el contrario relaciones comerciales con los países occidentales e impulsando un movimiento de países no alineados (junto con Nasser, Nehru y otros).
La independencia política que le daba el hecho de ser la única de las «Repúblicas Populares» de Europa Oriental que no había surgido de la intervención soviética le permitió construir un régimen socialista original, descentralizado y autogestionario. Sin embargo, tanto el modelo económico del socialismo autogestionario como el modelo político de la federación yugoslava fracasaron; y las dificultades económicas y los conflictos nacionalistas impulsaron a Tito a endurecer gradualmente su dictadura hasta que murió. Sus sucesores fueron incapaces de frenar la descomposición del país, que tardó poco en llegar a la guerra civil.

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