domingo, 26 de febrero de 2017

Sacro Imperio Romano

La llamada querella de las investiduras tiene su origen bajo el primer emperador, Otón I, que, dentro de su política para imponerse a sus súbditos feudales, se atribuye a sí mismo el derecho a nombrar a los obispos del Imperio. Los papas no estuvieron nunca de acuerdo con la existencia de dicho derecho imperial, sino que pretendían tener ellos la última palabra en los nombramientos episcopales.
Ha de tenerse en cuenta que el nombramiento de obispos era diferente en cada diócesis, siendo lo más habitual que los mismos fueran nombrados por elección entre determinados grupos de la diócesis (con más razón si se tiene presente que después de 1078 se anulan los llamados «beneficios», por el que los laicos no podían nombrar a cargos eclesiásticos, cuestión ya repensada desde el Concilio de 1059). El desacuerdo continúa e incluso aumenta con los sucesores de Otón I.
Este enfrentamiento prosiguió durante largo tiempo: el monje Hildebrando , por ejemplo, inicia un movimiento basado en la afirmación de que «la Iglesia debe ser purificada», intentando desligar a la Iglesia de los asuntos políticos. En 1073 Hildebrando fue elegido papa y asumió el nombre de Gregorio VII, iniciando la llamada reforma gregoriana que, entre otras cosas, tenía como finalidad defender la independencia del papado respecto de las autoridades temporales dictatus papae ). Esto hizo que la querella de las investiduras llegara a su punto álgido.
El emperador Enrique IVsiguió nombrando obispos en ciudades imperiales, por lo que el papa le amenazó con la excomunión y el emperador, a su vez, declaró depuesto al papa Gregorio (Sínodo de Worms). El papa excomulgó  al emperador en un sínodo de obispos y sacerdotes que convocó en Roma en 1076 
La excomunión era un problema muy serio para el emperador, ya que el sistema feudal se basaba en que los feudatarios estaban ligados a su señor por juramento de fidelidad pero si su señor era excomulgado, los súbditos podían considerarse desligados del vínculo feudal y no reconocer a su señor. Por tanto el emperador tuvo que ceder e hizo penitencia en la nieve a las puertas de donde estaba el papa, en el castillo de canossa  durante tres días hasta que éste le levantó la excomunión 

Se recuerda que el papa puede excomulgar al emperador o, en casos más leves a un estrato de nivel jerárquico inferior (para evitar las pretensiones de éste). Sin embargo, el emperador se vio obligado, para recuperar el poder, a utilizar la violencia contra algunos de sus vasallos, lo que se consideró una violación de sus obligaciones feudales y dio lugar a una nueva excomunión . Recuérdese el contrato de vasallaje mediante el acto de homenaje, por el cual el señor se liga recíprocamente con el vasallo, otorgando el señor al vasallo un beneficio (cesión de feudos, tierras y trabajo) a cambio de que el vasallo preste al señor ayuda (militar) y consejo (político).
Ante esto, el emperador marchó sobre Roma y declaró depuesto al papa, poniendo en su lugar al antipapa Clemente III  que coronó al emperador (1084). Gregorio VII (el mismo que participó en el Concilio de 1059 de Roma y fue elegido papa en 1073) resistió un tiempo en el castillo de sANTANGELO hasta que fue rescatado por el rey normando de Guiscardo, muriendo en el exilio en este Reino.
La solución aparente de este conflicto se produce en el concordato de Worms  firmado el 23 de septiembre de 1122 entre el emperador Enrique V y el papa Calixto II . Mediante este concordato el emperador se comprometía a respetar la elección de los obispos según el Derecho canónico y la costumbre del lugar, restituir los bienes del papado arrebatados durante la controversia y auxiliar al papa cuando fuera requerido para ello. El papa otorgaba al emperador, a su vez, el derecho a supervisar las elecciones episcopales dentro del territorio del Imperio con el fin de garantizar la limpieza del proceso.

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