jueves, 16 de febrero de 2017

Margot Moles

Margot Moles nació en Tarrasa (Barcelona) pero con 17 años se mudó a Madrid. Desde pequeña estaba acostumbrada a hacer deporte y disfrutar del campo y la montaña pero fue en la capital donde se inició en el atletismo, el hockey y el esquí junto a su hermana mayor Lucinda. Ambas salían al campo con un grupo de jóvenes de su edad, con los que fundaron en 1930 el mítico club Canoe, y aprendieron a esquiar en Navacerrada. Gracias a su relación con el prestigioso Instituto-Escuela, donde trabajaba su padre, también se iniciaron en el atletismo y empezaron a jugar al hockey en la Agrupación Deportiva Tranviaria y después en el Athletic Club de Madrid. Toda una proeza ser ducha en disciplinas tan distintas y encontrar el momento de ejercitarlas todas. “Durante la semana practicaba el atletismo, los fines de semana jugaba al hockey y en invierno subía a Navacerrada para esquiar. En verano, practicaba la natación y el excursionismo durante los campamentos estivales del Instituto-Escuela, en los que trabajaba como monitora. En aquellos tiempos, el deporte femenino era totalmente aficionado y apenas contaba con ayudas, por lo que entrenaban cuando podían y competían los fines de semana”, explica Ramos. Más tarde, el entrenamiento empezó a hacerse de manera regular cuando en 1935 fundó junto a otras deportistas el Club Femenino de Deportes, que desapareció con el comienzo de la Guerra Civil.

Margot Moles nació en Tarrasa (Barcelona) pero con 17 años se mudó a Madrid. Desde pequeña estaba acostumbrada a hacer deporte y disfrutar del campo y la montaña pero fue en la capital donde se inició en el atletismo, el hockey y el esquí junto a su hermana mayor Lucinda. Ambas salían al campo con un grupo de jóvenes de su edad, con los que fundaron en 1930 el mítico club Canoe, y aprendieron a esquiar en Navacerrada. Gracias a su relación con el prestigioso Instituto-Escuela, donde trabajaba su padre, también se iniciaron en el atletismo y empezaron a jugar al hockey en la Agrupación Deportiva Tranviaria y después en el Athletic Club de Madrid. Toda una proeza ser ducha en disciplinas tan distintas y encontrar el momento de ejercitarlas todas. “Durante la semana practicaba el atletismo, los fines de semana jugaba al hockey y en invierno subía a Navacerrada para esquiar. En verano, practicaba la natación y el excursionismo durante los campamentos estivales del Instituto-Escuela, en los que trabajaba como monitora. En aquellos tiempos, el deporte femenino era totalmente aficionado y apenas contaba con ayudas, por lo que entrenaban cuando podían y competían los fines de semana”, explica Ramos. Más tarde, el entrenamiento empezó a hacerse de manera regular cuando en 1935 fundó junto a otras deportistas el Club Femenino de Deportes, que desapareció con el comienzo de la Guerra Civil.
“Cuando terminó la guerra, Margot era todavía joven, pero no pudo retomar su vida deportiva por su mentalidad liberal y sus ideas republicanas”, nos cuenta su biógrafo. En aquel momento, el deporte femenino pasó a ser controlado por la sección femenina de La Falange y pronto el atletismo se consideró un deporte impropio para las mujeres. Pero no solo eso: su marido fue fusilado en 1942 y tuvo que empezar a ganarse la vida bordando ropa para mantener a su hija Lucinda, que tenía solo tres años en aquel momento. Su nombre desapareció de los anales deportivos y de los clubes en los que militó. “Es cierto que, con el tiempo, Margot practicó algo de deporte de forma privada en las instalaciones del Canal de Isabel II, en Chamberí, pero llevó una vida muy discreta hasta su muerte en 1987”, en palabras de Ignacio Ramos.

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