jueves, 16 de febrero de 2017

Ayer no termina nunca

2013 España Drama 95 minutos. Director: Isabel Coixet. Guión: Isabel Coixet. Música: Alfonso de Villalonga. Fotografía: Jordi Azategui. Productora: A contracorriente films. Reparto: Candela Peña, Javier Cámara. Sinopsis: En el año 2017, en una España hundida por la crisis, una pareja se reencuentra en Barcelona tras cinco años sin verse. Se habían separado después de haber perdido a su hijo por una negligencia hospitalaria fruto de los recortes. Él había emigrado a Alemania, pero ha vuelto. 
No tenía muchas ganas de ir a ver la última entrega de "la Coixet" después de la decepción de "mapa de los sonidos de Tokio", pero finalmente me decidí y puedo decir que no salí demasiado disgustado. La peli es un drama de pareja que se reencuentra después de una separación traumática y que contiene con una carga social considerable. Centrada en dos personajes con roles muy definidos y antagónicos: masculino-femenino, norte-sur, razón-arrebato, lejanía-compromiso,... que van pasando de forma gradual de la frialdad y el rechazo a la caricia y la proximidad en un proceso de expulsión de demonios personales que los han perseguido y maltratado durante cinco años de distanciamiento expeditivo.

En este "enfrentamiento" se introduce un elemento de intriga que mantiene la tensión durante la primera hora. A partir de este momento, justo cuánto empieza a llover, el foco se traslada hacia la preparación del desenlace con la introducción de retrospectivas en color y cálidas con la intención de anunciar algo diferente a la frialdad inicial simbolizada por los pensamientos dentro de una cueva y en un blanco y negro muy obscuro. 
La acción se desarrolla en un particular, premiado i bien elegido cementerio, concretamente el de Igualada, rodeados de hormigón gris que no te distrae para nada de las magistrales interpretaciones de Candela Peña y Javier Cámara que consiguen dotar a los personajes de una credibilidad muy intensa transmitiendo emoción, desolación y transparencia.
Otra cosa son los diálogos y el guion que caen en un exceso de trascendencia, citas innecesarias y que obligan a los actores casi a sobreactuar en un afán de decirlo todo con palabras cuando muchas cosas ya están implícitas con el gesto interpretativo. Está claro que se trata de una apuesta muy personal de la directora llegando, en algunos casos a molestar y que puede gustar o no, 
En cualquier caso nos encontramos ante una obra con un marcado estilo propio y particular, con una profunda exploración emotiva alrededor la pérdida, el luto y las diferentes formas de afrontarlo, todo muy aliñado de una carga social y reivindicativa muy cercana (de hecho las incisivas declaraciones de la Candela en la noche de Goya las hizo justo al acabar el rodaje que nos ocupa).

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