martes, 31 de enero de 2017

Nazis en el Tíbet

La expedición estaba liderada por Schäfer, quien ya había visitado la región en viajes anteriores, y compuesta por otros cuatro expertos, Karl Wienert, Bruno Beger, Ernst Krause y Edmund Geer, que partieron del puerto de Génova  en abril de 1938, junto con una escolta de varios SS. Alcanzaron la capital del entonces Tíbet independiente, Lhasa , a principios de 1939. Durante sus dos meses de estancia en la ciudad prohibida, en el por entonces complejo contexto político creado por la ausencia en designar a un dalai lama  y el choque de intereses entre China, el imperio británico y el imperio japonés   la expedición emprendió, con el recelo de Schäfer, gestiones de tipo diplomático en vistas del establecimiento de relaciones entre las autoridades tibetanas y el Tercer Reich, y en concreto sobre los detalles de un posible suministro de armas. Mientras, progresaron los numerosos trabajos de campo, documentando y recopilando muestras de la fauna y flora del Himalaya, explorando su geografía, o tomando datos sobre la población tibetana. El antropólogo de la rusha , una de las secciones SS, Bruno Berger, fue el encargado de supervisar las investigaciones en su vertiente racial y ocultista.


Las noticias del empeoramiento de la situación política en Europa decidieron el regreso, desbaratando los planes diplomáticos. Sin embargo, Beger había recopilado datos antropométricos de cerca de 400 personas mientras que Schäfer, experto cazador, guardó un depósito de más de 300 pieles. Entre también el extenso material documental y fotográfico recopilado, se encontraban diversos ejemplares de textos antiguos, como una edición completa de 108 volúmenes del kangyur, y otras del mándala , luego conservados en los archivos de la Ahnenerbe y que aparecieron en el búnker del Reichstag.

La expedición alcanzó Alemania en agosto de 1939, en vísperas del comienzo de la segunda guerra mundial, siendo homenajeados por las autoridades y reconocidos por la propaganda y la prensa. Schäfer recibió el Totenkopfring, una distinción personal de Himmler, siendo promovido a la dirección del Instituto de Investigaciones para Asia Interior de la SS- Ahnenerbe, Forschungsstätte für Innerasien und Expeditionen im Ahnenerbe der SS, mientras que Beger, incorporado a la estructura militar de la SS, desempeñó funciones como experto de razas asiáticas durante la guerra. Ambos serían procesados por los aliados al final de la guerra, pero mientras Schäfer pudo alegar en su implicación, Berger fue condenado por su participación en caso de la llamada colección de cuerpos del doctor colección de cuerpos del doctor August Hirt 

Coincidiendo con la salida de los alemanes, en mayo de 1939 alcanzó el Tíbet otra expedición secreta enviada por el gobierno japonés. El amplio material fotográfico sirvió para la realización del film Geheimnis Tibet de 1943
https://www.youtube.com/watch?v=xW2YBiLCX4s
 En enero de 1939, tras muchas maniobras, la expedición entró en la Ciudad Prohibida de Lhasa con sus gallardetes de las SS al viento. Schäfer intimó con el regente, Reting Rimpoché, pues el nuevo Dalai Lama, un niño recién descubierto, no había llegado aún a la capital: siete años más tarde trabaría amistad en el Potala con otro nazi, el escalador, también SS, Heinrich Harrer. La expedición se dedicó a filmar ceremonias y a medir cráneos y esas cosas. Schäfer regresó convertido en un héroe del III Reich, con una carta del regente para Hitler y un perro, un apso, de regalo para el führer (el afortunado can murió en el camino). Nuestro hombre recibió de premio la dirección de un instituto científico propio, y empezó a preparar con Himmler otra expedición: al Cáucaso para estudiar a los judíos de la región, los Dag Chufut. Conociendo a Himmler, está claro lo que significaba la palabra estudio.Stalingrado hizo que se cancelase el proyecto del Sonderkommando Kaukasus, lo que probablemente salvó a Schäfer de implicarse directamente en el genocidio. Tras la guerra fue juzgado, pero exonerado, y se marchó en 1950 a Venezuela, donde montó la estación biológica de Rancho Grande. Estuvo luego en África, rodando para el controvertido ex rey de Bélgica, Leopoldo, un documental para conmemorar (!) el 50º aniversario de la anexión del Congo. Finalmente se retiró a un balneario en la Baja Sajonia y murió en julio de 1992 recordando los buenos días nazis en el Tíbet. Y sin remordimientos



 la cruzada de himmler es un libro que cuenta esta extraña historia.
ENTRE LOS COMPONENTES de la expedición de Schäfer al Tíbet figuraba un joven antropólogo y oficial de las SS, Bruno Berger, que acabaría en Auschwitz seleccionando un centenar de prisioneros por sus "interesantes" características raciales. Los elegidos fueron gaseados, y sus cuerpos, reducidos a esqueletos para la colección de la Ahnenerbe. Ése fue uno de los crímenes de la organización científica de Himmler que los aliados descubrieron al hallar los archivos de la misma escondidos en una cueva conocida muy apropiadamente como Kleines Teufelsloch (el agujero pequeño del diablo), lo que no está claro que se refiriera a algún rincón de la anatomía de Himmler. Allí estaban documentados también el pillaje de museos -véase en el libro de Pringle la caza en Rusia del tesoro de los godos por el arqueólogo Jankuhn de la mano del Einsatzgruppe D- y los experimentos seudocientíficos con prisioneros de Dachau.
La expedición al Tíbet de Schäfer no fue la única que patrocinó la Ahnenerbe. Hubo hasta ocho, todas consagradas a probar la supremacía aria o a hallar testimonios de supuestos antiguos conocimientos de "la raza dominante". En el ínterin, los científicos nazis que recogían prácticas chamánicas finlandesas para las SS, calcos de petroglifos prehistóricos escandinavos o tejido de momias guanches, realizaban operaciones de espionaje.
No consta en los archivos de la Ahnenerbe que los nazis buscaran el Arca de la Alianza o el Grial. Pero no sería raro, porque trataron de hallar cosas más insólitas. Se conserva una carta en la que Himmler les encarga investigar el paradero del martillo de Thor, el dios del Trueno. El reichführer estaba convencido de que el legendario objeto se basaba en un arma real de los antiguos arios que implicaba un adelantado conocimiento de la electricidad susceptible de ser usado contra los aliados. Eso sí hubiera sido una wunderwaffen, un arma milagrosa.

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